1961-2021: 60 años actuando por los
derechos humanos en todo el mundo
Sidi Talebbuia durante un momento de la entrevista

Sidi Talebbuia durante un momento de la entrevista. © Paco Ruano

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Sidi Talebbuia: “Al final lo que manda no es el color de la piel sino el color del dinero” 

Texto: Mireya Cidón (@mnodic), Amnistía Internacional. Fotografías: Paco Ruano,

Sidi Talebbuia es abogado y activista de los derechos humanos. Nació en los campamentos saharauis de Tinduf hasta que fue acogido de manera permanente por una familia española. Defiende a las personas migrantes y lucha contra la discriminación y los mensajes de odio que una parte de la sociedad insiste en viralizar. Él fue siempre acogido por la España solidaria en la que cree y por la que sigue apostando.

Sidi Talebbuia

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Háblanos de ti, de tu experiencia. ¿Cómo llegaste a España y por qué?

Nací en los campamentos de personas refugiadas saharauis en Tinduf, al sur de Argelia. En ellos me crié y pasé toda mi infancia. 

Con estos campamentos había un convenio de colaboración a través del programa solidario que unía a familias españolas con niños y niñas saharauis. Los menores eran acogidos durante el verano para huir del calor del desierto. Cuando yo era pequeño funcionaba como una especie de recompensa por los estudios y, como se me daba bien estudiar, desde los ocho años fui seleccionado para pasar los veranos. Al final, tras el verano de 1997, surgió la oportunidad de que me quedara con mi familia española en Sevilla. Tuvieron que someterme a un tratamiento médico y, mientras tanto, me escolarizaron. Como me adapté bien a la escuela, a mis compañeros y amigos, a la familia y a mi entorno se decidió que continuara mi estancia en España y ya no regresé a Tinduf.
 

Háblame de tu familia de acogida, de tus amigos y amigas del colegio, del profesorado, de la gente que te ha rodeado desde que llegaste a España… 

Nunca me hicieron sentir diferente. Nadie lo hizo. Ni mi familia de acogida (que siempre me trató como a un hijo más), ni mis compañeros y compañeras de clase, ni mis profesores y profesoras… Nunca he sentido ningún tipo de discriminación de forma directa. Tampoco en la universidad ni en el trabajo. Me siento afortunado y estoy agradecido por ello.

Sidi Talebbuia

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¿Crees que los tiempos han cambiado? Quiénes lanzan ahora los mensajes racistas, xenófobos y de odio, ¿representan a la sociedad? 

España es un país lleno de gente extraordinaria y muy acogedora, lo cual no quita para que haya un porcentaje de gente que compre y alimente esos discursos tan indeseables. Es verdad que cuando yo llegué había menos población migrante en España y quizá lo hizo más fácil, pero creo en la humanidad de las personas, por lo que ese odio no me representa. Ni a mí ni a la mayoría de la sociedad.
 

¿No crees que haya racismo?

Yo creo que no es tanto una cuestión de racismo como de aporofobia. Lo que vemos es un rechazo a la persona pobre, no al saudí que llega con su yate a Málaga, ni al alemán que veranea en Mallorca. Las personas desprestigiadas son los rumanos que trabajan en la construcción, el marroquí o argelino que trabaja en la hostelería o el subsahariano que llega en una patera y que no puede aspirar a un trabajo cualificado. ¡Qué curioso que el dinero ayude a la extrema derecha a olvidar la procedencia de las personas y el color de su piel!

Sidi Talebbuia

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El uso del lenguaje es peligroso y quienes abanderan el discurso del odio lo utilizan para infundir miedo y alimentar el racismo. Utilizan palabras como invasión, delincuentes, terroristas… ¿Qué palabras utilizarías tú?

Desde luego ninguna de esas. Ni delincuencia, ni terrorismo, y menos en un país como España que lo ha vivido de cerca. ¿Cómo puede alguien acusar a un chaval joven de terrorista solo por llegar en patera o saltar una valla? Es muy grave y me sorprende que haya gente que aplauda ese discurso. En todas las sociedades hay delincuencia, sino no habría un código penal. No habría fuerzas de seguridad, prisiones… La delincuencia no tiene color ni siquiera un estatus socioeconómico. También los ricos roban. Pero no solo los desprecian con insultos, también con mentiras. Dicen barbaridades como que les dan 1.500 euros de ayuda, lo cual es mentira. Ninguna norma (y esto te lo digo como jurista) prevé un subsidio para una persona indocumentada. Un extranjero que llegue de forma irregular necesita tres años para el arraigo social y acreditar un contrato de trabajo, cotizar un año como mínimo… No tuvieron opción ni al ingreso mínimo vital que se aprobó durante la pandemia. Y eso que se trataba de una situación de emergencia... Con estas mentiras solo consiguen propagar odio. España es uno de los países más seguros del mundo, pero parece que necesitan culpables para todo y ¿quiénes son las personas más fáciles de culpabilizar? Sin duda las que vienen de fuera y no tienen nada.

¿Cómo crees que impacta el racismo en la sociedad, sobre todo en la juventud? 

Como te decía antes, aunque hay racismo creo que lo que prima es el rechazo al pobre. A España vienen estudiantes de intercambios de todo el mundo y no pasa nada. Si viene un negro americano de intercambio con dinero puede que sufra algún episodio de racismo por ser negro, como redadas racistas, insultos de personas indeseables en la calle, pero jamás será lo que sufre el negro mantenero su vida diaria. Al final lo que manda no es el color de la piel sino el color del dinero.  

Sidi Talebbuia

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Las personas migrantes llegan llenas de ilusión y sueños. Con la esperanza de emprender una nueva vida. Una vida mejor. ¿En qué queda todo eso?

En sueños y vidas rotas. Al ingresarlos en los Centros de Internamiento de Menores les obligamos permanecer bajo nuestra tutela, y aunque el Estado tiene la obligación de cuidar y proteger a todas las personas, con especial atención si son menores de edad, debería darles iguales oportunidades y facilitarles su autonomía, ya sea para que se formen y sigan un recorrido académico o para que se formen y empiecen una trayectoria profesional. Lo que hay en la vida de estos menores es mucha desesperación. Les obligamos a permanecer en los Centros de Menores y, al cumplir la mayoría de edad, los echamos y los dejamos solos.

¿Qué opinas del término MENA?

El problema de estos acrónimos es que invisibilizan a las personas que hay detrás de ellos. Se las desfigura y deshumaniza. Invisibiliza, además, a las niñas y la edad real de los adolescentes. Mucha gente cree que los MENAS son chavales de entre 16 y 18 años cuando la realidad es otra. También hay niños y niñas de 7, 8, 9 y 10 años con una infancia por delante.

Sidi Talebbuia

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Este verano presenciamos devoluciones de menores y más recientemente las deportaciones exprés sin garantías de Ceuta a Melilla ¿Qué sientes cuando ves que se realizan devoluciones de menores?

Cuando se producen devoluciones en caliente me preocupa mucho porque significa que el Estado de derecho no está funcionando. La democracia no es solo votar cada 4 años, la democracia es tener garantías jurídicas de que no vas a ser tratado de manera discriminatoria, de que la ley es igual para todas las personas. Cuando la propia administración es quien se está saltando el procedimiento reglamentado entonces es cuando nos estamos alejando de lo que es una verdadera y auténtica democracia. 

¿Cómo debería ser la acogida de los menores que llegan solos?

Por mi experiencia, la administración debería fomentar la acogida en hogares más que en centros de internamiento. Si el objetivo es la integración y que el menor se desarrolle y tenga una autonomía es mucho más fácil que esto se produzca en un entorno familiar y estable que en un centro masificado que recibe pocos recursos. 

Sabemos que sensibilizas y luchas por los derechos humanos. ¿Es tu manera de devolver a la sociedad lo que te ha dado?

Cuando me fui a matricular en la universidad iba a hacerlo en Biología, pero, en el último instante, algo me hizo cambiar a Derecho. Coincidió con una época complicada con detenciones arbitrarias de saharauis por parte de Marruecos, con manifestaciones, informes de denuncia por parte de organizaciones como Amnistía Internacional y otras. En ese último momento decidí que tenía que contribuir a un cambio a través de las herramientas jurídicas. Han pasado los años y sigo creyendo que el camino es ese, aunque parezca que somos voceros en el desierto. He tenido la suerte de desarrollarme y poder vivir en paz, por lo que, sí, creo que tengo el deber moral de sensibilizar sobre la discriminación a la que es sometida un porcentaje altísimo de la población mundial.

Sidi Talebbuia

© Paco Ruano

¿Qué puede hacer la sociedad para acabar con el racismo y los discursos de odio? 

Denunciar, ser críticos, no creer todo lo que escuchan, rechazar las mentiras. Tenemos el derecho de acceso a la información. Pido que la gente se documente bien, que defienda los derechos humanos. En las escuelas debería ser una asignatura troncal. Ello contribuiría a convertirnos en mejores personas y mejores sociedades. 

Tenemos una ciberacción abierta en la que pedimos a la gente que firme para acabar con las devoluciones en caliente. También impulsamos un discurso centrado en la humanidad con el hashtag #AcogidaDigna. ¿Te unes a la campaña y nos ayudas a moverla?

A la ciberacción me sumé hace tiempo (risas) y por supuesto que animo a todo el mundo a firmarla. ¡Háganlo! ¡Acabemos con las devoluciones en caliente! Las organizaciones como Amnistía Internacional hacéis una labor imprescindible. Sois como el faro en la oscuridad y lográis que la impunidad no sea lo mayoritario. Los derechos humanos deberían ser el motor del mundo.

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