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Shawkan. © Private

Si estuvieses aquí, Shawkan

Por Rocío Lardinois (@Roc_torre), activista de Amnistía Internacional España,

Todo Egipto estaba pendiente del partido contra Rusia, imagínate, veintiocho años sin jugar un mundial. ¿Seguís los partidos desde la cárcel? El Cairo estaba de fiesta, había banderas en todas partes. Habían florecido los flamboyanes, tiñendo la ciudad de rojo, los colores de la selección nacional. Y yo pensaba: “si Shawkan estuviera con nosotros, estaría viendo el partido y sacando fotografías”.

Siempre te ha gustado fotografiar a la gente corriente, cuando olvida sus penas por un día, baila, ríe y canta. “Si juega Mohamed Salah, ganamos seguro”, decía la gente, pero seguía lesionado, así es que perdimos. Todo se tuerce, hasta el fútbol. En Egipto, no hay quien viva.

En las calles, hay más fotografías del jugador Mohamed Salah que del presidente Al-Sisi. La gente ha perdido la esperanza y necesita alguien a quien admirar. Dicen: “Mohamed Salah es uno de los nuestros, un chico corriente”. Tu juicio, Shawkan, está listo para sentencia; aplazan la vista una y otra vez. Este año cumplirás treinta y un años y aparentas quince más. Es para volverse loco y yo hablándote de fútbol.

Me pediste que te contara qué pasó en Egipto desde que estás entre rejas. Entonces, me acordé de la canción de Cairokee, “unos bailan y otros mueren”. No sé si llegaste a escucharla porque la sacaron cuando ya estabas en prisión. Esta canción lo dice todo. “Intenta pedir libertad o justicia social/di que la gente tiene derechos/pide dignidad, a ver qué pasa”.

Se convirtió en el himno de la juventud egipcia, porque somos la generación de las cárceles y el exilio. En las revueltas contra Mubarak, había un eslogan que decía: “la desesperación es una traición”, pero así vivimos ahora, desesperanzados. Lo sabes bien, Shawkan; llevas casi cinco años en prisión por hacer tu trabajo de fotógrafo. “Vivimos en la oscuridad/muerte, prisión, sangre, corrupción e injusticia/violan cada sueño, vivimos en una cárcel”, dice la letra de la canción.

En estos años, te has perdido muchas cosas. Los amigos van abriéndose camino; algunos se han casado. Cuando nos vemos decimos: “si estuviera Shawkan”. Los que pueden se marchan del país. Vamos a más fiestas de despedida que de cumpleaños. “Que venga Shawkan a vernos cuando le dejen en libertad”, dicen quienes se van.


Miembros de las fuerzas especiales de la policía egipcia patrullan calles en el barrio de al-Haram, en el distrito meridional de El Cairo, el 25 de enero de 2016, para evitar posibles protestas contra el gobierno del presidente Al-Sisi. © Mahmoud Khaled/AFP/Getty Images

Al-Sisi anunció que 2016 sería “el año de la juventud” y los jóvenes no notamos ningún cambio. La represión no da tregua. Cuando el gobierno anunció la construcción de nuevas cárceles, corría este chiste por las redes sociales: “así resuelve el gobierno la crisis de la vivienda”. El humor es lo último que se pierde; los egipcios le sacamos punta a todo. Menuda guasa en Facebook cuando rompieron la barba de la máscara de Tutankamón y la arreglaron con pegamento corriente.

Cuando liberaron a los periodistas de al-Yazira, dijiste: “¿por qué no a mí?” Seguimos gritando: “el periodismo no es delito”, como nos pediste. Detienen a periodistas, a blogueros, a gente corriente por “insultar al presidente en las redes sociales”. Acosan a los defensores y defensoras de derechos humanos que defienden a gente como tú. Han cerrado varias organizaciones de derechos humanos. “Si me preguntas quienes están detenidos, se nos hace de noche contando nombres: mejor te digo quienes seguimos libres y acabamos antes”, bromeamos en las redes sociales, pero tenemos miedo.

El presidente Al-Sisi pide a la gente que se sacrifique por el país y se apriete el cinturón. Al poco de que te encarcelaran, se abrió una suscripción popular para ayudar a Egipto a salir de la crisis. Mientras, el gobierno anuncia proyectos faraónicos de infraestructuras. En la inauguración de la ampliación del canal de Suez, que costó 8.000 millones de dólares, Al-Sisi anunció: “es el regalo de Egipto al mundo”. En el palco de las autoridades, estaba el presidente francés. “En los Estados Unidos y en mí, tiene usted un buen amigo y aliado, dijo Trump a Al-Sisi al poco de salir elegido. Arabia Saudí ha anunciado la construcción de un puente sobre el mar Rojo. Habrá otra inauguración fastuosa.


La policía egipcia bloqueó las carreteras que conducen a la sede del Sindicato de Periodistas en El Cairo durante una reunión con motivo del Día Mundial de la Libertad de Prensa, el 3 de mayo de 2016. © Khaled Desouki/AFP/Getty Images

Los precios están por las nubes. El otro día, hubo protestas en el metro, porque el precio del billete se ha multiplicado por siete. A los cairotas, se les va el sueldo en comida y transporte. El Banco Mundial dio un préstamo a Egipto, a cambio de políticas de austeridad. El gobierno recortó los subsidios a los carburantes, los alimentos y la energía. Las facturas de la electricidad y el agua se han disparado. La gente humilde lucha por sobrevivir, mientras a las afueras de El Cairo, proliferan las urbanizaciones de lujo, con letreros en inglés que dicen: “es hora de que pienses en ti”.

Cuando reeligieron a Al-Sisi con el 97% de los votos y un solo contrincante, nadie se sorprendió. Los rivales del presidente habían quedado fuera de juego. Unos estaban en prisión, otros tenían causas pendientes, como el abogado Khaled Ali

No se sabe si la primavera volverá a Egipto. Cuando el gobierno cedió las islas de Tirán y Sanafir a Arabia Saudí, volvieron las manifestaciones al centro de El Cairo, por primera vez en tres años. Si hubieses estado allí, Shawkan, menudas fotografías habrías tomado. Los jóvenes plantaban nuevamente cara a las fuerzas de seguridad. Coreaban los mismos eslóganes que en las revueltas contra Hosni Mubarak: “el pueblo quiere la caída del régimen”; “pan, libertad y justicia”.

La propaganda del gobierno reescribe el pasado más reciente. Solo han pasado siete años y las revueltas de la plaza Tahrir son un recuerdo cada vez más lejano. Absolvieron a Mubarak por la muerte de manifestantes. Destruyeron los murales de El Cairo que recordaban a los jóvenes que murieron manifestándose contra Mubarak, la junta militar, los Hermanos Musulmanes y Al-Sisi. El ejército prosigue la “guerra contra el terrorismo” y la muerte se apunta un tanto tras otro. Nos sobresaltamos cuando hay un atentado, pero casi nadie sabe que el ejército ha ejecutado a civiles en el norte del Sinaí.

Cuando salgas, Shawkan, verás que El Cairo sigue casi igual. Pusieron semáforos en el centro, pero a menudo se estropean. Cerró el After Eight cerca de la plaza Tahrir y abrieron nuevos locales con música en vivo. Ha llegado Netflix a Egipto, lo mismo te interesa. Las últimas generaciones de teléfonos móviles tienen cámaras casi profesionales, te gustarán. Ya verás, cuando salgas, Shawkan.

*Esta carta imaginada de un amigo a Shawkan recoge algunos acontecimientos importantes que han sucedido en Egipto, desde que lo encarcelaron en agosto de 2013.

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Egipto: #FreeShawkan

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