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Donald Trump. © AP Photo/ Evan Vucci

Presidente electo Trump: No cumpla sus promesas electorales

Por Olatz Cacho (@Olatz_Cacho), responsable del área de países en Amnistía Internacional, 

Por favor, señor Trump, sea un político al uso y no haga nada de lo que ha anunciado, no transforme sus discursos en leyes, súbase al estrado, vote solemnemente la constitución, desee que Dios bendiga América y díganos que todo era una broma. Le dejamos. No tendremos el cuenta el mal rato. 

Sepa que estamos más acostumbrados a oir a futuros presidentes prometer cosas que no cumplan, incluso firmar decretos que no van a ningún sitio. El hombre que sedujo al mundo con el motivador Yes, we can, Barack Obama, no ha hecho ni una pequeña parte de lo que se esperaba de él. Quizá porque las expectativas eran enormes, quizá porque no es fácil trabajar con un Congreso en tu contra, quizá y sobre todo, porque no abordó algunos problemas con un enfoque de derechos humanos. Pero esta es materia para otro post. 

Concretando algunas (y repito, solo algunas) de las declaraciones del que va a ser el nuevo presidente de Estados Unidos y que nos han puesto los pelos de punta son: 

"Tenemos que detener el tremendo flujo de refugiados sirios hacia los Estados Unidos. No sabemos quiénes son. No tienen documentación y no sabemos lo que planean".

Hay dos problemas con esta afirmación: lo de “tremendo” y que “no sabemos quiénes son”. Empezaremos por afirmar lo obvio, que Estados Unidos es un país en gran parte hecho de y por las personas que emigraron allí. Tienen por lo tanto una antigua tradición de reasentar a las personas refugiadas y tratarlas con dignidad. Además, estas personas son ampliamente examinadas por múltiples agencias de inteligencia y de seguridad de los Estados Unidos antes de que lleguen. Los refugiados no llegan sin "ninguna documentación" o sin una investigación exhaustiva. El presidente Obama autorizó que en 2017 se reasentara un 30% más de refugiados, pasando de 85.000 en 2016 a 110.000. Ese número hace que los Estados Unidos se acerque más a lo que sería su cuota justa, pero sin mucho aspaviento: diez países con ingresos mucho más pobres que EEUU reciben a más de la mitad de los refugiados del mundo.  

La familia Alroustom son refugiados sirios. A los cuatro se les ve jugando en su apartamento de Nueva Jersey. © AP/Julio Cortez

"Cierre total y completo de los musulmanes que ingresan a los Estados Unidos"

No hay que tener un doctorado en derechos humanos para darse cuenta de que esta declaración es racista. Una “prohibición a los musulmanes” es una  violación de la ley de derechos humanos y una violación de la ley de los Estados Unidos. Cualquier medida dirigida a un colectivo específico como puede ser raza, nacionalidad, puede ser considerada como discriminatoria, según el derecho internacional. La declaración de Trump señala a las personas que profesan una religión, tanto a los que están fuera del país como a los que ya viven allí, como posibles terroristas. Después del escándalo público que provocaron estas declaraciones, se desdijo un poco diciendo que “era una sugerencia”.

Una familia musulmana se hace una fotografía en Times Square, Nueva York. Detrás de ellos están los personajes de la Estatua de la Libertad. © Foto AP/Mark Lennihan

“Construiré un gran muro (en la frontera de EEUU con México)” 

No sabemos si Trump cuando dijo estas declaraciones sabía que ya hay un muro que parcialmente separa los dos países. Cubre algo más de 1.000 kilómetros de una frontera de 3.200 kilómetros (según un informe de 2016 del gobierno estadounidense) y ni que decir tiene que algo dificulta la migración ilegal, pero no la impide. Nos preocupa que la ampliación del muro se traduzca en violaciones de derechos humanos, en más peligros para las personas que intentan cruzar la frontera, y que se impida la entrada a personas que puedan ser consideradas como refugiadas, por las violaciones de derechos humanos que sufren si retornan a su país y que en Amnistía Internacional hemos documentado .  


Las palabras de Trump sobre la inmigración ilegal en Estados Unidos y sus promesas de deportarles y construir un muro en la frontera con México provocó la indignación de las personas latinas con derecho a voto en el país. © AP Photo/Charles Rex Arbogast

“[El water-boarding] Me gusta mucho. No creo que sea suficientemente duro”

El water-boarding o ejecuciones simuladas mediante ahogamiento interrumpido era una de las “técnicas de interrogatorio mejoradas” a personas recluidas como parte del programa de detención secreta dirigido por la la CIA que autorizó George W. Bush, según admitió él mismo (y razón por la cual en Amnistía Internacional queremos que sea detenido y procesado).

Evidentemente el water-boarding es tortura. Y es un delito según el derecho internacional. En este momento está prohibida en el Manual de Campo del Ejército de 2006 y en la CIA desde 2009. Pero claro, la puerta de la tortura no está cerrada porque ha habido impunidad absoluta para todos los casos. En los años siguientes al 11-S, la política sobre el trato debido a las personas detenidas se fijó por medio de órdenes presidenciales de Bush, la rectificó Obama también por orden presidencial (prohibiendo la tortura), y quién sabe si el nuevo presidente Trump decidirá redefinirlo de nuevo. En Estados Unidos parece que alinearse o no con el derecho internacional es una prerrogativa presidencial. 


Un grupo de activistas hacen una performance en vivo de la técnica del water boarding frente al consulado español en Manhattan. Piden que se investigue el supuesto uso de la tortura con sospechosos de terrorismo durante el gobierno de George W. Bush. © AP Photo/Mary Altaffer

"Si tuviéramos armas en California, en el otro lado, donde las balas iban en la dirección diferente, no habría 14 o 15 personas muertas en este momento (en relación a la masacre en la discoteca Pulse)"

Más armas en las calles mantendrán a más personas seguras en Estados Unidos. Ese es el mensaje de Trump. Una idea, la de que las armas disuaden del crimen violento, que no está ratificada por ningún estudio ni estadística. De hecho, según un estudio de 2014 del American Journal of Medicine los estadounidenses tienen diez veces más probabilidades de ser asesinados por armas de fuego que ciudadanos de otros países desarrollados . El estudio viene a concluir literalmente que las armas de fuego hacen lo contrario a proteger vidas.  

Carol Gaziola habla sobre el asesinato de su hija Jasmin en 1999 durante una conferencia de prensa sobre violencia armada celebrada frente al edificio legislativo en Carson City, Nevada. © AP Photo/Cathleen Allison, Archivo.