Actuamos por los derechos humanos
en todo el mundo

Buscar
  • Blog
Pablo Ibar en 2006.

Pablo Ibar, esperanza tras 15 años en el "corredor de la muerte"

Su condena a la pena capital se apoyó en una imagen borrosa sacada de un vídeo, testimonios dudosos e identificaciones fotográficas 'sugeridas' por la Policía. Las pruebas exculpatorias son más sólidas: las muestras de ADN y huellas dactilares halladas en la escena del crimen no coinciden con las de Ibar

Cuando el Tribunal Supremo de Florida ordenó hace dos meses "la celebración de un nuevo juicio", Pablo Ibar recibió la mejor noticia en sus más de 21 años en la cárcel y sus 15 años largos en el corredor de la muerte estadounidense, un lugar que él mismo describe como "solitario, oscuro y horrible", como una "pequeña jaula" de 2x3 metros. Acusado en 1994 de un triple asesinato del que siempre se ha declarado inocente, y condenado en 2000 a la pena capital en un proceso lleno de irregularidades, nunca ha perdido la esperanza. Por eso, como dice al cerrar el relato de su jornada diaria, le "encanta dormir, porque en este sitio no me pueden quitar mis sueños".

Sueños imprescindibles para resistir los vaivenes judiciales de todos estos años, en los que el hijo de emigrantes vascos en Estados Unidos y sobrino del fallecido boxeador Urtain se acostumbró a secar con un pañuelo de prudencia las lágrimas de alegría por cada buena noticia, y a "no dejar mis esperanzas volar demasiado alto" para poder sobrellevar posibles decepciones. Ahora le queda todavía un escollo por superar, el recurso de reposición presentado por el Estado de Florida contra la sentencia exculpatoria del alto tribunal –cuya decisión final se espera en dos a cuatro meses--, antes de poder afrontar el ansiado nuevo juicio en unos 15 meses.

Al único español en el corredor de la muerte le queda, pues, un largo y costoso camino hacia la libertad. Por una parte, si el Tribunal Supremo de Florida rechaza el recurso de reposición y convierte en firme su decisión de ordenar un nuevo juicio, supondrá un 'regreso' a la situación de 1994, con Pablo Ibar acusado del triple asesinato por el que fue condenado a muerte. Por otro lado, como la justicia estadounidense es muy cara, necesitará importantes recursos económicos para disponer de una defensa profesional, eficaz y justa.

Apoyos no le faltan, tanto institucionales desde los Gobiernos central y vasco, como sociales, liderados por la Asociación contra la Pena de Muerte 'Pablo Ibar', cuyo portavoz Andrés Krakenberger, que fue presidente de la Sección Española de Amnistía Internacional en 1997-2001, conoce de primera mano el caso Ibar y tiene amplia experiencia en la lucha contra la pena de muerte en el mundo. Cándido Ibar, padre de Pablo, agradeció ese respaldo nada más conocer el 4 de febrero la decisión del Supremo de Florida:

Pruebas exculpatorias

Al cabo de 15 años de vaivenes judiciales, la principal prueba de cargo contra Pablo Ibar es una imagen borrosa sacada de una cinta de vídeo de 20 años de antigüedad, en blanco y negro y sin sonido. Una prueba mucho menos sólida que otras claramente exculpatorias, como la no coincidencia de las muestras de ADN y las huellas dactilares encontradas en la escena del triple crimen con las de Ibar. De hecho, otro acusado detenido junto a él y también condenado a muerte, Seth Peñalver, quedó libre en diciembre de 2012 tras completar su propio recorrido judicial en base a esos argumentos.

Las pruebas de ADN son claves, porque fueron extraídas de los restos de sangre, sudor y pelos hallados en el lugar, y principalmente en una camiseta azul con la que se ocultaba el rostro uno de los dos asesinos, que en un momento dado usa la prenda para secarse la cara y la cabeza. De ese instante se extrae la borrosa imagen del vídeo usada para identificar a Pablo Ibar.

El resto de pruebas inculpatorias dejan mucho que desear. Empezando por el testimonio de un vecino que creyó identificarlo cuando los asesinos huían en el coche de Sucharski, que eligió su foto y otra entre las que le enseñó la Policía y que lo señaló en la posterior rueda de reconocimiento. Pero hay serias dudas sobre la validez de ese supuesto reconocimiento: el testigo apenas coincidió con Ibar durante 10-15 segundos en un semáforo, donde solo pudo verlo a través de cristales tintados, y todo indica que la identificación por fotografías fue 'sugerida' y poco fiable; "la peor de las identificaciones posibles", en palabras del actual abogado defensor Benjamin Waxman.

La defensa de Ibar es otro tema clave, porque su abogado de oficio durante el proceso en el que fue condenado a muerte no le proporcionó una asistencia letrada efectiva, lo que le privó de un juicio justo. Él mismo lo ha admitido en una declaración jurada. Como reconoce el Tribunal Supremo de Florida, el letrado Kayo Morgan, rodeado entonces de problemas personales y profesionales –su arresto por agresión machista a una mujer embarazada motivó un aplazamiento procesal-, ni siquiera solicitó el peritaje de especialistas en identificación facial y antropología forense que le había reclamado Ibar y que podía ser decisivo para desmontar la endeble prueba de la imagen borrosa sacada del vídeo. Waxman, en cambio, ha aportado declaraciones juradas de varios expertos que ponen seriamente en duda la identificación de Ibar por la foto del vídeo: mientras uno señala hasta cinco discrepancias faciales, otro calcula que el asesino era 5 centímetros más bajo.

Cándido y Pablo en 2009.

Carrera de obstáculos

A la espera de que se confirme el nuevo juicio, que sería el cuarto, Pablo Ibar ha tenido que afrontar una auténtica carrera de obstáculos policiales y judiciales desde aquel 26 de junio de 1994, cuando dos personas asesinaron a Casimir "Butch Casey" Sucharski, dueño de un local nocturno, y a las bailarinas Marie Rogers y Sharon Anderson. Todo quedó grabado en imágenes de baja calidad por una cámara de vigilancia instalada poco antes en su casa por Sucharski tras recibir amenazas.

Pablo Ibar fue detenido a mediados de julio a raíz de una airada discusión relacionada con el trapicheo de drogas –admite que “no era ningún angelito", pero remarca que "jamás he matado a nadie"--, y un policía creyó reconocerlo en comisaría como uno de los asesinos del vídeo. En agosto fue acusado del triple crimen junto a Seth Peñalver, aunque su primer juicio fue declarado nulo en enero de 1998 por falta de acuerdo del jurado sobre un veredicto. Un año después arrancó el segundo juicio, que se aplazó por el arresto de su abogado de oficio, mientras continuaba en paralelo el proceso a Peñalver, condenado a muerte en julio de 2000. En el tercer juicio, Ibar recibió también la pena máxima un mes más tarde.

A partir de entonces se acentúa el vaivén judicial de esperanzas y decepciones. La familia contrata a Peter Raben, el abogado que logró sacar del corredor de la muerte al español Joaquín José Martínez, pero sus apelaciones no prosperan. En cambio, el Tribunal Supremo de Florida ordena en septiembre de 2006 un nuevo juicio para Peñalver en base a una apelación similar. Sirve como pista para una nueva línea de defensa, centrada en la falta de asistencia letrada efectiva, que asumirá el nuevo abogado de Pablo Ibar, Benjamin Waxman.

Manifestacion con Candido y Tanya

Un programa televisivo sobre el caso realimenta en 2009 la esperanza con la aparición de un testigo sorpresa que dice conocer a uno de los verdaderos asesinos. Sin embargo, las huellas dactilares y ADN del sospechoso no coinciden con las halladas en el lugar del triple crimen. Es otra decepción, pero solo a medias: el mismo argumento debería valer para exculpar a Pablo Ibar. El peor mazazo llega en febrero de 2012, cuando el juez Levenson deniega una moción de revisión postcondenatoria. La decisión es apelada de inmediato ante el Tribunal Supremo de Florida, y a partir de entonces se suceden las buenas noticias. En junio se repite el juicio a Peñalver, que en diciembre es declarado inocente y puesto en libertad. Una buena base para la apelación ante el alto tribunal, cuya vista comienza en abril de 2014 y concluye el pasado 4 de febrero con la orden de celebrar un nuevo juicio.

Otra gran esperanza para Pablo Ibar, para su esposa Tanya Quiñones –se conocieron cuando eran adolescentes y se casaron en 1999, un año antes de la condena a muerte-, y para toda la familia, personas y colectivos como Amnistía Internacional que han apoyado su causa. Y un balón de exígeno personal para mantener la ilusión en esa "jaula" de la que apenas puede salir dos veces por semana durante dos horas, en ese "sitio horrible y oscuro" que solo se puede soportar a base de ejercicio, de música –"no podría imaginar la vida, aquí o fuera, sin ella"- y de visitas familiares que le sirven de vacuna para no perder la salud mental.