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© Yelena Afonina/TASS via Getty Images

Oyub Titiev, director de la oficina del Centro de Derechos Humanos "Memorial" en Grozni, Chechenia

Por Aleksandr Cherkasov, compañero de Oyub Titiev,

La historia de Oyub Titiev la cuenta su compañero Aleksandr Cherkasov.

Conozco a Oyub desde hace mucho tiempo. Desde hace años trabajamos juntos en el Centro de Derechos Humanos "Memorial", una red de organizaciones y asociaciones que trabajan para hacer frente a las violaciones de derechos humanos en el pasado y en el presente en Rusia. Yo trabajo en Moscú, mientras que Oyub lleva trabajando en Grozni, Chechenia, casi 10 años. Nació en Asia Central, la región donde el pueblo checheno fue exiliado en 1944. Le recuerdo contándome que sus antepasados fueron de los primeros en asentarse en un pueblo a los pies de las montañas del Cáucaso y que su casa estaba justo en el centro del pueblo. El pasado de Oyub es bastante común para una persona chechena en la URSS: después de la muerte de Stalin, su familia regresó a casa desde Asia Central, después sirvió en el ejército soviético y obtuvo un título de educación superior.

A Oyub siempre le han gustado los deportes y tenía talento como profesor. Enseñó educación física en un colegio y abrió un club deportivo donde los chicos aprendían a boxear. Estaba muy orgulloso de su club y seguía los progresos de sus antiguos alumnos. Trágicamente, una generación de sus estudiantes se unieron a las fuerzas armadas separatistas y murieron durante las guerras chechenas. Puede haber sido su sentido de la responsabilidad hacia ellos lo que le llevó a convertirse en un defensor de derechos humanos.

Oyub Titiev. © Private

En los años 1990, Oyub se trasladó a Grozni donde seguía la guerra. Tenía que identificar y sacar los cuerpos de quienes morían en combate. Estos tremendos acontecimientos seguían a las llamadas operaciones de "limpieza", una campaña de detenciones en masa y de desapariciones forzadas llevadas a cabo por las fuerzas federales. En ese momento, cuando parecía que no se podía hacer nada para proteger a estas personas, alguien tenía que entrar y reunir la poca información existente para encontrar y liberar a los desaparecidos. Para este trabajo se necesitaba a alguien que se responsabilizara de sí mismo, de sus estudiantes y de todo el mundo. Fue Oyub quien asumió esta valiente tarea.

En el año 2000, Natalia Estemirova, que trabajaba para la oficina de Memorial en Grozni, vino a Kurchaloi, donde Oyub vivía con su familia. Había reunido pruebas de secuestros y asesinatos, de pillajes cometidos por los militares durante la operación “limpieza” en el pueblo. Oyub se prestó voluntario para ayudarla. Después amplió su trabajo a todo el distrito de Kurchaloi y más tarde también a las áreas vecinas. En 2002, se unió a Memorial como miembro del personal trabajando en una de las oficinas en la ciudad de Gudermes. Debido a su trabajo en favor de los derechos humanos, Oyub recibió bastantes amenazas, también del presidente de Chechenia, Ramzan Kadyrov.

En julio de 2009, Natalia Estemirova fue secuestrada y asesinada en Grozni. El trabajo de Memorial en Chechenia quedó suspendido. El director de la oficina de Memorial en Grozni tuvo que abandonar la república debido a las amenazas contra él y su familia. Pero Oyub Titiev y otros miembros del personal instaron a la dirección de Memorial en Moscú a continuar con el trabajo de la organización en Chechenia, y en diciembre de 2009 el trabajo se retomó. Mientras, las amenazas continuaron. En 2010, Ramzan Kadyrov dijo en un canal de televisión checheno que "un hombre y una mujer de Memorial en Gudermes", en clara referencia a Oyub y su compañera, eran "enemigos del pueblo, de la ley y del Estado". Quienes están familiarizados con las realidades del día a día en Chechenia entienden que una declaración de este tipo procedente de Kadyrov equivale a una seria amenaza. En respuesta, Oyub asumió una responsabilidad adicional: se convirtió en el director de Memorial en Grozni, Chechenia.

Cuatro años más tarde, durante una reunión con miembros de las fuerzas de seguridad, Ramzan Kadyrov lanzó un "último aviso" y añadió que "no habrá más". En ese momento, Oyub no sólo dirigía el trabajo de la organización sino que también ofrecía asesoramiento a personas que acudían a Memorial con denuncias. Proporcionaba asistencia legal y preparaba informes sobre abusos de derechos humanos. Constantemente viajaba por toda la república chechena adonde se producían incidentes, entrevistaba a víctimas de tortura y violencia y a los familiares de personas que se habían llevado hombres armados y que habían desaparecido. Oyub buscaba testigos directos, siempre teniendo la precaución de ofrecer seguridad a quienes entrevistaba.

Fotos de la audiencia de Oyub Titiev. © AI

Quienes visitan Grozni hoy en día lo que ven son relucientes bloques de viviendas de 40 pisos y hoteles caros de cinco estrellas. Pero Oyub había conocido una Chechenia completamente diferente. En la primera guerra chechena (1994-1996), los enfrentamientos se produjeron sobre todo en las llanuras, pero la segunda guerra chechena (1999-2000) afectó a la población en las tierras altas. La gente perdió sus casas y sus ganados, no tenían comida. Muchas veces, Oyub contaba una historia que sucedió hace unos 10 años cuando visitó un pueblo en las montañas donde había huido gente desplazada de los pueblos cercanos que sufrieron terribles bombardeos. Como voluntario, Oyub y sus compañeros de la organización humanitaria Comité de Salvación Civil llevaban comida empaquetada, agua y medicinas a la gente del pueblo. La escuela había sido destruida.

"Me di cuenta inmediatamente de que debíamos ayudar, así que compramos nuevos libros escolares, máquinas de coser y ordenadores. Como antiguo profesor de educación física y entrenador de niños, estaba convencido de que los deportes son muy importantes para la gente joven. Compré equipamientos deportivos. Reconstruimos los edificios destruidos y construimos nuevas casas para los profesores. Sabía que era importante no sólo para este pueblo sino para Chechenia en su conjunto", recordaba Oyub.

La última vez que Oyub recibió una amenaza fue en diciembre de 2017 cuando el portavoz del parlamento checheno acusó a los "pseudodefensores que trabajan en varios comités y centros, y periodistas de los medios de comunicación más engañosos" de fomentar sanciones internacionales contra las autoridades de alto rango, incluido el presidente de Chechenia. Las cuentas de Kadyrov en redes sociales fueron bloqueadas como parte de las sanciones. A principios de 2018, dos semanas después de esa declaración, Oyub Titiev fue detenido arbitrariamente. La policía le ordenó parar su vehículo y le mantuvieron incomunicado durante varias horas. La policía aseguró que habían encontrado drogas en su coche, pero durante el registro se produjeron tales irregularidades que la policía tuvo que volver a realizarlo horas después y en presencia de "testigos". Si es declarado culpable, Oyub se enfrenta a un máximo de 10 años de prisión, pero está claro que esto es un nuevo ataque dirigido a silenciarlo y a obstruir su trabajo de derechos humanos.

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