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Open Arms en misión de salvamento. © AI

Barcos, seres humanos y decencia

Por Juan Ignacio Cortés (@JuanICortes), colaborador de Amnistía Internacional,

La retención del barco de rescate de la ONG Proactiva Open Arms y la acusación contra su capitán Marc Reig, su jefa de misión, Anabel Montes, y un tercer miembro de la tripulación es el último episodio de una campaña de presión contra quienes intentan contribuir con su labor humanitaria a que no se pierdan más vidas de personas migrantes y refugiadas en el Mediterráneo.

Los miembros de la tripulación del Open Arms, que podrían enfrentarse a penas de entre cuatro y siete años de prisión, están acusados de “conspiración criminal para promover la inmigración irregular” después de que se negaran a interrumpir el rescate de una embarcación cargada con más de doscientos migrantes que se dirigían desde Libia a Europa y se negaran a entregar a las personas rescatadas a una patrullera libia.

Tras varias horas de tira y afloja con los marinos libios, en las que según los periodistas que acompañaban a los socorristas se vivieron momentos de alta tensión debido a la rudeza de la tripulación de la patrullera, el Open Arms consiguió zafarse del acoso y emprender rumbo a Italia.
Poco después de atracar en el puerto de Pozallo, en la isla de Sicilia, el barco fue inmovilizado por orden del fiscal de Trapani y los responsables de la misión interrogados. Según la fiscalía, el barco español tendría “la voluntad de llevar inmigrantes a Italia” y habría “violado la ley y los acuerdos internacionales al no entregarlos a las autoridades libias”.

Acusar al capitán y a la coordinadora de operaciones del barco de rescate Open Arms, de la ONG Proactiva Open Arms de “conspiración criminal para promover la inmigración irregular” y retener el barco en el puerto es para Amnistía Internacional una insensata falta de consideración por la decencia”.

Según Fotis Filippou, director de Campañas para Europa de la organización, los países europeos deberían apoyar y no “criminalizar a aquellos que intentan salvar refugiados y migrantes que huyen de las terroríficas condiciones de detención y los sistemáticos abusos de los derechos humanos en Libia”.

Misión de rescate en el Mediterráneo. © AI

Tristemente, el incidente con el barco de la ONG Proactiva Open Arms no es sino el último de una prolongada serie de maniobras de acoso contra diversos actores humanitarios que intentan paliar las duras circunstancias que arrastran las personas refugiadas y migrantes que luchan por llegar a Europa tras huir de conflictos y contextos sociopolíticos negativos.

Entre ellos se encuentran las terribles situaciones que viven los migrantes en Libia, recluidos indefinidamente en centros de detención que no cumplen las mínimas situaciones de salubridad y en los que a menudo son sometidos a torturas y otros malos tratos. Recientemente, distintas informaciones en los medios indicaron incluso que algunos de ellos podrían estar siendo vendidos como esclavos.

De alguna manera, tanto Amnistía Internacional como la ONG Proactiva Open Arms coinciden en el diagnóstico de la causa por la que la justicia italiana está poniendo trabas a las labores de rescate de la ONG española en el Mediterráneo central. Según Fotis Filippou, de Amnistía: “las autoridades italianas revelan una vez más cuáles son sus prioridades: cerrar la ruta del Mediterráneo central con escasos miramientos al sufrimiento que esto cause. Todo este asunto parece indicar otro paso adelante en el proceso de ceder a la Guardia Costera libia la responsabilidad de patrullar la región”.

Las palabras de Óscar Camps, fundador y presidente de Proactiva Open Arms no son muy diferentes: "Todo el asunto tiene más de político que de penal”, declaraba en rueda de prensa el lunes 19 de marzo en el puerto de Barcelona, para después asegurar que lo que persigue la actuación de la justicia italiana es expulsar a las ONGs que están trabajando en el Mediterráneo Central de la zona.


Rescate in extremis en aguas del Mediterráneo con personas en riesgo de fallecer ahogadas. Fuente: @openarms_fund

De hecho, no es la primera vez que las autoridades italianas confiscan un barco de rescate humanitario. La ONG alemana Jugend Rettet, que hasta agosto también se dedicaba al salvamento de migrantes y refugiados en el Mediterráneo central, fue acusada por el mismo fiscal de Catania, de acoger en su barco a personas "entregadas directamente por los traficantes" y su nave, Iuventa, fue confiscada por las autoridades. Varios meses después, continúa atracada en un puerto siciliano.

Muchos se temen que suceda lo mismo con el barco de Proactiva Open Arms. Lo grave es que si permanece retenido durante los próximos meses, en los que con la llegada de la primavera y el verano el número de migrantes que intenta cruzar el mediterráneo y llegar a Europa se multiplica, no podrá seguir salvando vidas. Y salvar vidas es algo muy necesario en una ruta por la que, según datos de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), 171.635 inmigrantes irregulares cruzaron a Europa en 2017 y otros 3.116 desaparecieron en el mar.

Así pues, retener el barco de Proactiva Open Arms en el puerto de Pozzallo podría ocasionar la muerte de personas. Pero las personas son, al parecer, lo que menos cuenta para las autoridades italianas en esta ecuación de barcos, seres humanos y decencia.

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