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Documento de identidad de la prisión de Adra. © Particular

"Olvida tu nombre y no hables con nadie"

Shiyar Khalil, periodista sirio, describe a Amnistía Internacional su experiencia bajo custodia del gobierno sirio.

Fui detenido el 23 de abril de 2013 en el barrio de Al Sarouja, en Damasco, por miembros de la Sección Palestina, que es un centro de detención administrado por los Servicios de Inteligencia Militar. Estaba en una cafetería con 17 amigos. Vinieron para detener a otra periodista que también estaba allí, pero luego nos detuvieron a todos. Nos metieron en un furgón a golpes y empujones. Cuando nos íbamos, nos dimos cuenta de que toda la zona estaba rodeada de agentes de seguridad, como si hubieran venido a detener a un grupo de terroristas.

De nuestro grupo, sólo queda una persona en prisión.

Nos llevaron a celdas distintas, todas ellas en condiciones de hacinamiento extremo. Nos dieron un número a cada uno. Era su intento de robarnos la humanidad: ya no éramos personas, éramos sólo números. Yo era el número 101. Me dijeron:  'Éste es tu número. Olvida tu nombre y no hables con nadie'

En un primer momento, sólo querían a dos de mis colegas; empezaron a golpearlos delante de nosotros. Luego nos fueron llevando uno a uno a una sala aparte para interrogarnos. Cuando vieron que tenía una prohibición de viajar (los Servicios de Seguridad Política me la habían impuesto a comienzos de la revolución por mi trabajo como periodista) comenzaron a golpearme.

Uno de mis amigos "confesó" que yo trabajaba con la periodista a la que buscaban, así que siguieron preguntándome si yo también trabajaba en Orient TV (un canal de televisión administrado por la oposición). Siguieron golpeándome hasta que confesé que trabajaba en Sky News, y que era activista y formaba parte de un grupo llamado Siria para todos.

Algunos de mis colegas "confesaron" bajo tortura; sus confesiones fueron lo que me hizo más daño porque se utilizaron en mi contra. Por ejemplo, cuando Lakhdar Brahimi (ex enviado especial a Siria de la ONU y la Liga Árabe) visitaba Siria, yo trabajaba con él. Le daba información sobre los abusos del gobierno contra los derechos humanos. El interrogador dijo: “Lakhdar Brahimi está aquí en la sección con nosotros”. Me quedé un poco sorprendido, y luego me di cuenta de que se refería a un tubo de plástico verde de 2 m (en árabe lakhdar significa literalmente “el verde”), con el que me golpeó durante unas tres horas, en las que perdí el conocimiento. El interrogatorio del primer día comenzó hacia las 4 de la tarde y terminó hacia las 6 de la mañana.

Las celdas olían a sangre; la gente estaba hacinada hasta tal punto que dormían unos sobre otros. Había muchas enfermedades, desde gangrena hasta sarna. El guardia se cubría la nariz con un trapo cada vez que abría la puerta de la celda, porque olía fatal

Hacia las 6 de la mañana dejaron en libertad a algunos y recluyeron a unos ocho, incluido yo. Entonces nos llevaron a celdas distintas, todas ellas en condiciones de hacinamiento extremo. Nos dieron un número a cada uno. Era su intento de robarnos la humanidad: ya no éramos personas, éramos sólo números. Yo era el número 101. Me dijeron: "Éste es tú número. Olvida tu nombre y no hables con nadie".

Las celdas olían a sangre; la gente estaba hacinada hasta tal punto que dormían unos sobre otros. Había muchas enfermedades, desde gangrena hasta sarna. El guardia se cubría la nariz con un trapo cada vez que abría la puerta de la celda, porque olía fatal.

En mi celda, cada día morían alrededor de cinco hombres; los retiraban y traían a otros presos. Las causas de las muertes variaban; muchos por tortura, otros por enfermedad. No teníamos acceso a ninguna atención médica real. Había un médico que sólo venía a la celda en circunstancias extremas, pero era un carnicero, como los guardias. Una vez lo llamaron en relación con un hombre que tenía una infección grave en las piernas, y la infección se estaba propagando. En lugar de ayudarlo, el médico le golpeó las piernas con un palo.

Dos semanas después comenzó la segunda ronda de interrogatorios. El interrogador me mostró vídeos que habían encontrado en mi portátil. Me preguntó: “En Qamishly grabaste al Ejército Sirio Libre (coalición de grupos armados de la oposición), ¿verdad?”

Le dije que cuando yo había estado en Qamishly, allí no había Ejército Sirio Libre, y que sólo había grabado manifestaciones pacíficas. Me llamó mentiroso y me golpeó con el palo “Lakhdar Brahimi”. Aún tengo cicatrices en la cara.

En mi celda, cada día morían alrededor de cinco hombres; los retiraban y traían a otros presos. Las causas de las muertes variaban; muchos por tortura, otros por enfermedad

Durante ese interrogatorio, “confesé” algunas cosas que había hecho pero también otras que no había hecho. No obstante, continuaron el interrogatorio poniéndome en la postura conocida como shabeh (una postura en tensión consistente en colgar a la víctima por las muñecas o los tobillos esposados) tres veces, durante 15 minutos cada una. Querían que confesara que trabajaba en Orient TV, lo cual no hacía. Durante este interrogatorio me torturaron intensamente. En una ocasión me ordenó que me tumbara boca abajo y comenzó a golpearme en las piernas diciendo “eres un kurdo terco, ¿por qué no confiesas de una vez?”. Seguí diciéndole que yo era nacionalista, que me consideraba sirio, no kurdo, a lo que él replicaba: “Eres kurdo y lo único que te importa es crear tu Kurdistán”.

Este tipo de interrogatorio continuó durante los 2 meses y 10 días siguientes.

Después de esto, ese mismo interrogador pronunció mi nombre y dijo: “Lo sentimos, señor Shiyar, estamos intentando proteger el país, como usted puede comprender”. 

En ese punto tuve la sensación de que me estaba muriendo; había adelgazado, mi salud estaba en muy mal estado. Entonces me llevaron de nuevo a la celda del piso de abajo, durante otro mes. Luego nos llevaron a un tribunal militar, que nos transfirió a la Policía Militar, y desde allí nos trasladaron a la prisión de Adra.

Había un médico que sólo venía a la celda en circunstancias extremas, pero era un carnicero, como los guardias. Una vez lo llamaron en relación con un hombre que tenía una infección grave en las piernas y la infección se estaba propagando. En lugar de ayudarlo, el médico le golpeó las piernas con un palo

Tras un mes en la prisión de Adra, dejaron en libertad a la periodista a la que buscaban cuando hicieron la redada. Más tarde hablamos sobre su experiencia bajo custodia. Durante el tiempo que pasé en la Sección Palestina, alcancé a ver a mujeres bailando cuando me llevaban a los interrogatorios sin los ojos vendados. Le pregunté al respecto. Me dijo que en la Sección Palestina había unas 250 mujeres. Por la noche, los guardias de la prisión se emborrachaban y sacaban a dos o tres de la celda y las obligaban a bailar para ellos. También se tuvo noticia de casos de violación.

Tras pasar dos meses en la prisión de Adra, me llevaron ante un juez del Tribunal Antiterrorista. Me preguntó si trabajaba con Lakhdar Brahimi; mentí y dije que no. Me preguntó si trabajaba en Sky News y dije que no. Y así sucesivamente. Lo negué todo. Luego me llevaron de nuevo a Adra, donde me tuvieron durante otros siete meses.

Durante este tiempo, miembros de las fuerzas de seguridad registraron la casa de mi amiga, la otra periodista. Encontraron un disco duro que me pertenecía y que contenía información, incluidas fotos y vídeos sobre mis actividades en las zonas liberadas de Siria. Entonces llegó una declaración del ministro del Interior que decía que un grupo de terroristas habían "confesado" que trabajaba con ellos. Me llevaron a la sección de Seguridad Criminal, donde me recibieron con palizas y poniéndome en la postura shabeh.

Después de dos meses de tortura e interrogatorios, me dijeron que tendría que ir a la televisión estatal siria y “confesar” que era un terrorista y que participaba en actividades terroristas. Seguí negándome a hacerlo. El interrogador me quemó las manos y la espalda con cigarrillos y luego trajo a una chica a la que yo conocía y comenzó a acosarla sexualmente. Me dijo: “Si no accedes, la violaremos y será por tu culpa, por negarte a hacer esto”. Sentí que no me quedaba otra elección más que ceder.

El interrogador me quemó las manos y la espalda con cigarrillos y luego trajo a una chica a la que yo conocía y comenzó a acosarla sexualmente. Me dijo: 'Si no accedes, la violaremos y será por tu culpa, por negarte a hacer esto'

Tres días después me trajeron ropa nueva. Me mantuvieron la barba larga, para que me pareciera "más a un terrorista". Vinieron dos funcionarios del Departamento de Medios de Comunicación del Ministerio del Interior y grabamos un programa de 55 minutos. Pusieron una pizarra delante de mí en la que escribían lo que querían que dijera. Confesé todo lo que quisieron. Les dije que las protestas eran mentira, que grabábamos a extranjeros y los hacíamos pasar por sirios, y que una buena parte del metraje era falso.

Unos dos meses después volvieron diciendo que necesitaban que grabara obra cinta porque varias ONG internacionales de derechos humanos habían firmado una declaración conjunta en la que afirmaban que estaba siendo torturado y que había sido sometido a una confesión forzada. Querían hacer otra grabación para responder a esto. Dos días después, volvieron diciendo que los medios estaban haciendo demasiada presión y que, finalmente, no se volvería a hacer la grabación.

Me devolvieron a la prisión de Adra. Después de dos meses allí, me llevaron de nuevo ante el Tribunal Antiterrorista. Se había nombrado para mi defensa a dos abogados de derechos humanos muy conocidos. Al final se retiraron los cargos; creo que porque Lakhdar Brahimi había estado haciendo campaña en favor de mi liberación.

Quedé en libertad el 28 de mayo de 2015 y fui directamente a Turquía.