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Los Cascos Blancos son personas voluntarias que forman las brigadas de protección civil siria. Son las primeras en acudir a rescatar a las personas heridas tras un bombardeo. © White Helmets/Syrian Civil Defense

“Nos jugamos la vida a diario luchando contra la muerte. Si la guerra no descansa, nosotros tampoco”

El grupo de voluntarios de las brigadas de protección civil siria –conocidos como Cascos Blancos– son héroes anónimos en un país devastado por la guerra. Son los primeros en acudir al rescate cuando las bombas asolan a la población civil. Su trabajo es considerado el más peligroso del mundo, pero eso no los detiene. Ponen en riesgo sus vidas para salvar las de otros y no reparan en bandos o partidos. Quienes conocen su labor les describen como auténticos superhéroes y los niños les admiran hasta el punto de jugar a ser ellos. Después de cuatro años de absoluta destrucción, permanecen en su país a pesar del miedo, salvando vidas e infundiendo esperanza.

¿Quiénes sois los Cascos Blancos?

Los Cascos Blancos (Defensa Civil Siria) surgimos en marzo de 2013 como respuesta de la población civil  al fuego de artillería y bombardeos. Somos los primeros en acudir a rescatar a las personas heridas tras un ataque. Las sacamos la mayoría de las veces de entre los escombros y las llevamos a los hospitales más cercanos. Pero no sólo realizamos operaciones de rescate. También ayudamos en conexiones de agua y electricidad, evacuación de civiles de las zonas de combate y provisiones de alojamiento y entierros. Somos 105 equipos formados por más de 2.600 personas voluntarias. Desde entonces hemos salvado 18.000 vidas.

¿Qué desafíos afrontáis?

Trabajamos en zonas de guerra de máximo riesgo y sabemos que nos jugamos la vida a diario luchando contra la muerte. Nuestro trabajo es el más peligroso del mundo, pero si no acudimos al rescate de quienes están atrapados bajo los escombros, sus posibilidades de sobrevivir serían escasas. Nos jugamos la vida en cada operación, pero nuestras vidas no valen más que las de ellos.

Los Cascos Blancos trabajan en zonas de máximo riesgo desempeñando el trabajo más peligroso del mundo. © White Helmets/Syrian Civil Defense

¿Disponéis de suficiente maquinaria y equipos avanzados?

No, nunca tenemos suficiente. Normalmente andamos escasos de ambulancias porque el régimen las bombardea deliberadamente.

Estáis de servicio 24 horas al día porque los bombardeos no cesan y la gente necesita ayuda.  ¿Cómo os organizáis?

En cada centro hay 25 miembros, divididos en 3 equipos que trabajan en turnos de 24 horas. Siempre hay un equipo de servicio, un equipo de guardia y otro descansando.

¿Cuántas personas voluntarias forman los Cascos Blancos y cuántas son mujeres?

Somos algo más de 2.600 personas actualmente, 78 de las cuales son mujeres. El primer equipo que se formó en Idlib contaba con 20 hombres y 5 mujeres y, aunque al principio fue difícil para la comunidad aceptar su presencia, lo acabó haciendo gracias a la increíble labor que desempeñan.

¿Por qué es tan importante lo que hacéis?

Porque además de salvar vidas, llevamos esperanza a la gente. Nos ven como sus protectores y, en un momento en que se sienten tan abandonados, nuestra presencia les ayuda a seguir en pie.

¿Cómo es la vida en Siria para la población civil?

Apenas puede llamarse vida. El régimen les bombardea indiscriminadamente y sin previo aviso todos los días. La población siria –y aquí nos incluimos nosotros– sentimos que la comunidad internacional está animando a Bashar al-Assad a que nos mate. Aunque se marquen líneas rojas, él las traspasa y no sucede nada. ¿Qué ocurrió tras la resolución 2118 que prohibía el uso de armas químicas y ordenaba su destrucción? ¡No ocurrió nada! ¿Dónde están las Naciones Unidas? ¿El Consejo de Seguridad? Dijeron que habría consecuencias si el régimen seguía utilizando bombas de barril... La comunidad internacional nos ha dado la espalda y el mensaje que llega es que se puede seguir matando a civiles sin miedo a rendir cuentas. La gente está decepcionada hasta el punto de que no quiere hablar de su sufrimiento. Necesitamos ayuda, pero el mundo hace oídos sordos.

Los Cascos Blancos trabajan en Siria en zonas de guerra de máximo riesgo. Piden que la comunidad internacional deje de darle la espalda al pueblo sirio. © White Helmets/Syrian Civil Defense

Cuando vemos que los niños y niñas nos toman como ejemplo, vemos con emoción el alcance de nuestro trabajo. Esos gestos nos inspiran y nos ayudan a seguir adelante.

Vuestro lema es: “salvar una vida es salvar a toda la humanidad” y lo aplicáis con cada operación de rescate. La gente habla de vosotros como si fuerais auténticos superhéroes. ¿Lo sois?

Cuando comenzamos éramos personas corrientes que, sin una formación específica en este tipo de trabajos, respondimos de manera espontánea a los bombardeos. Queríamos paliar el dolor y la impotencia de la población civil tras un ataque. Hacerles saber que no estaban solos y que les rescataríamos si estaban heridos. Para nosotros, los auténticos superhéroes son los hombres y mujeres que se han quedado en Siria a pesar de la guerra. Nosotros sólo somos parte de ellos.

En algunas zonas donde los niños y niñas solían jugar “a la guerra” en la calle ahora juegan “a la defensa civil “. ¡Os están imitando! ¿Os sentís orgullosos del trabajo que hacéis y del papel que desempeñáis?

Sí, estamos muy orgullosos de la labor que desempeñamos. Cada víctima que rescatamos con vida nos da energía para seguir. Los comienzos no fueron fáciles porque la gente no nos conocía. Pero tras rescatar y salvar a la primera persona todo cambió. Ahora cuando vemos que los niños y niñas nos toman como ejemplo, vemos con emoción el alcance de nuestro trabajo. Esos gestos nos inspiran y nos ayudan a seguir adelante. Lo que vivimos cada día son situaciones muy dolorosas que nos crean profundas heridas y, si no fuera por las personas que todavía resisten, nos resultaría muy difícil superar tanta desgarro. Es por ellos por quienes merece la pena seguir arriesgando la vida. Si la guerra no descansa, nosotros tampoco.

Más de la mitad de las víctimas y heridos son niños y niñas. ¿Está Siria perdiendo su futuro?

Siria no sólo está perdiendo su futuro, sino también los medios para reconstruirlo. El bombardeo indiscriminado de civiles, la destrucción de las infraestructuras, los refugiados, el odio y el rencor que crecen día a día... Lo que estamos viviendo es una guerra contra la población civil y sobre eso es difícil sentar las bases de un futuro.

Amnistía Internacional hace campaña para que se ponga fin al conflicto en Siria. ¿Consideráis que el papel de las ONG como Amnistía Internacional es importante? ¿Qué más podemos hacer para ayudar?

Vuestro papel es muy importante. Cuando trabajamos horas y horas para sacar a alguien de entre los escombros, vosotros también estáis trabajando para hacer oír la voz de esa persona en todo el mundo. ¡Trabajamos por la misma causa! Desde aquí sólo os pedimos que sigáis llevando la verdad de lo que está ocurriendo en Siria. Necesitamos que el mundo reaccione y deje de mirar hacia otro lado.