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© Francisco Ruano

Ni pasotas, ni vagos: desmontamos 5 mitos sobre los y las jóvenes con 5 historias de activistas

“Es verdad: nos gusta dormir, salir de fiesta, Instagram y el postureo, ¡pero no es cierto que los y las jóvenes seamos vagos! Mira a Amnistía Internacional, mira a todas las asociaciones juveniles, el 8M, Fridays for Future… ¡Tanta gente joven está despertando! Y le estamos dando un nuevo impulso e inspiración a los movimientos sociales”.

Liberia tiene 20 años, estudia en Granada y le apasionan tanto los temas sociales que, hace años, se hizo activista de Amnistía Internacional. Con su historia y la de otros 4 jóvenes activistas, celebramos el Día Internacional de la Juventud y desmontamos cinco prejuicios sobre la gente joven.

No importa si eres más o menos joven: si tú tampoco crees en los prejuicios y te indignan las injusticias, haz algo grande hoy: ¡hazte activista! Porque, como dice Liberia, “cuando empiezas a actuar, ¡ya no puedes parar!”

Prejuicio 1: “Los jóvenes se mueven por modas, no se comprometen a largo plazo, todo es postureo e Instagram. No puedes fiarte de ellos/as”

Marta, estudiante y activista de Amnistía Internacional. © AI

Marta, estudiante y activista de Amnistía Internacional. © AI

Marta tiene 19 años y lleva seis como activista en Amnistía Internacional. “Empecé a colaborar con la organización en mi instituto, que forma parte de la Red de Escuelas por los Derechos Humanos. Allí aprendí un montón sobre derechos humanos”, explica. “Al llegar a bachillerato, hubo gente que se fue, pero yo me quedé porque me di cuenta de que formaba parte de algo que trascendía de nuestra sala de reuniones. Vi que había miles de jóvenes como yo, en muchas ciudades del mundo, con las mismas inquietudes y las mismas ganas de cambiar el mundo. Y quería seguir formando parte de ello”, afirma.

¿Y qué lleva a una estudiante de 19 años a seguir colaborando con Amnistía en la universidad, cuando todo el mundo dice que las jóvenes pasan de comprometerse con nada? “¡Muchísimas cosas! Las amistades que he hecho; los defensores y defensoras de derechos humanos de todo el mundo que he conocido; y la sensación de que estoy contribuyendo a cambiar las cosas”, afirma. “A veces nos quejamos mucho de que todo va mal, ¡y no hacemos nada! Pero cuando haces activismo, sientes que has despertado, que no estás parada, que estás aportando. ¡Y a la vez, recibes un montón de cosas!”.

Prejuicio 2: “Los y las jóvenes son unos vagos. Hacen el mínimo esfuerzo y no sacan tiempo para nada, están muy ocupados en el sofá, con las redes sociales o de fiesta”

Liberia, estudiante y activista de Amnistía Internacional. © AILiberia, estudiante y activista de Amnistía Internacional. © AI

Liberia, estudiante y activista de Amnistía Internacional. © AI

Liberia. 20 años. Le encantan las redes sociales. Llegó a Amnistía Internacional a través de un comunicado sobre las devoluciones “en caliente” en Ceuta y Melilla. “Estábamos debatiendo en clase sobre ello y vi que Amnistía se preocupaba por el tema. Me puse a buscar información sobre la organización y… ¡fue una flipada! Trabaja muchísimos temas que me apasionan. Enseguida me hice activista”, explica.

Cuando le hablamos del prejuicio de que los y las jóvenes son unos vagos, Liberia se echa a reír. “Aparte de en Amnistía Internacional, yo colaboro con otras organizaciones, y también me interesa la cuestión del Sáhara Occidental. Es cierto que a veces es difícil compaginar todo, pero como me encantan estos temas, al final siempre encuentro un hueco. Con cada informe, cada campaña, cada acción, ¡vas aprendiendo tanto! Al final, todo vale la pena”.

Entonces, ¿qué dificultad tienen las personas jóvenes para involucrarse? “Lo importante es encontrar un tema que te inquiete, que te deje pensando: buah, ¿qué puedo hacer para cambiar esto? Y cuando te haces activista y empiezas a movilizarte, ¡ya no puedes parar!”.

Prejuicio 3: “Los y las jóvenes no tienen iniciativa. Son pasotas por naturaleza, se lo tienes que dar todo hecho”

Esperanza, estudiante y activista de Amnistía Internacional. © AI

Esperanza conoce a Amnistía Internacional desde pequeña. Su padre es socio desde “hace un montón”, pero nunca se había planteado hacerse activista. Hasta que un día, de casualidad, vio un stand, se apuntó “y desde entonces no he vuelto a parar”, dice riéndose.

El empeño de Esperanza es involucrar a jóvenes en el trabajo por los derechos humanos. Así que puso en marcha una iniciativa para que un grupo de adolescentes de su pueblo se movilizaran con las campañas de la organización. No fue fácil. “Yo tenía 16 años y estábamos aburridos en la Línea de la Concepción. No había ocio sano. No había bibliotecas, ni cines, ni parques. Un día me planté. Creé un espacio para que los y las jóvenes pudiéramos hablar de derechos humanos, aprender y movilizarnos. Con la ayuda de otras personas, ¡claro!”.

Pero, ¿en qué quedamos? ¿A los jóvenes no había que dárselo todo hecho? “No, cuando ves que tus acciones sirven. Cuando te das cuenta de que esta lucha es muy dura y muy larga, pero que al final las cosas se consiguen. Y que si no fuera por esta lucha, no vería el futuro”.

Prejuicio 4: “Los jóvenes no saben de casi nada, no leen, no estudian, solo piensan en el botellón”

Antoni, estudiante y activista de Amnistía Internacional. © AI

Antoni, estudiante y activista de Amnistía Internacional. © AI

Hola, soy Antoni y vivo en Mallorca. Me hice activista de Amnistía Internacional a los 16 años. Ahora tengo 24. Llevo 8 años en la organización, pero me siento igual de ilusionado que el primer día. Es verdad que ha habido momentos de desmotivación, pero no me he ido porque me apasiona el trabajo por los derechos humanos”.

Antoni estudia derecho y sueña con ser abogado de derechos humanos en un futuro. Ha leído mucho sobre libertad de expresión y le interesan las campañas sobre colectivos como personas refugiadas o mujeres, “con dificultades para hacer oír su voz”.

Sé que para una persona joven puede ser un tostón ir a reuniones o preparar una acción”, afirma. “Pero esas acciones que creamos pueden cambiar las opiniones de una sociedad. Y cuando una sociedad cambia de opinión, puede hacer que los gobiernos cambien leyes”. Y si cambian leyes, cambian vidas.

Prejuicio 5: “Los jóvenes solo miran el presente. Vivir el momento. Pasan del futuro”.

Lucía, estudiante y activista de Amnistía Internacional.

Lucía, estudiante y activista de Amnistía Internacional. © AI

Se llama Lucía. Vive en Burgos. Solo tiene 16 años, pero es activista de Amnistía Internacional desde los 14. “Me preocupa muchísimo la opresión contra las mujeres. Sueño con un futuro sin discriminación de ningún tipo: ni por clase económica ni por género, etnia, ideología... Por eso soy activista y colaboro con otros/as jóvenes de la Red de Escuelas”, explica.

“El grupo de la Red de Escuelas funciona genial. Las y los chavales se comprometen y tienen iniciativa. Si las nuevas generaciones fueran como ellos y ellas, tendría confianza total y plena de que crearán un mundo mucho más justo en el futuro”, nos dice.

Y, para terminar, un mensaje para todas las personas que estén pensando en hacerse activistas: “solo os pido una cosa: id a Instagram, buscad un grupo de activistas de Amnistía, no importa la ciudad, ¡cualquiera!, y mirad una foto. Somos tan felices movilizándonos juntas, que de un vistazo os daréis cuenta y os animaréis a uniros”.