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Las prisioneras se sientan en la ventana de su celda en la prisión de Yei River en el sur de Sudán en esta foto de archivo del 15 de abril de 2006. © Stringer/Reuters

Mujeres en el corredor de la muerte

Por Sabrina Mahtani (@Sabrina_Mahtani),

No se presta demasiada atención a las mujeres condenadas a muerte en África, principalmente porque representan un porcentaje minúsculo de la población reclusa general. Se calcula que hay 500 mujeres condenadas a muerte en todo el mundo. De toda la población reclusa en espera de ejecución, las mujeres representan aproximadamente el 15% en Malawi (4 mujeres), el 5,1% en Sierra Leona (2 mujeres), el 4% en Uganda (11 mujeres), el 2,2% en Nigeria (32 mujeres), el 3,1% en Ghana (5 mujeres), el 1,8% en Mauritania (una mujer) y el 1% en Zambia (2 mujeres). A causa de su reducido número, es una población ignorada y abandonada, y las experiencias que llevaron a su encarcelación, o los obstáculos que se encuentran en prisión, apenas suscitan interés.

La mayoría de las mujeres han sido condenadas a muerte por asesinato, a menudo en relación con el homicidio de un familiar en un contexto de violencia de género. Cuando Noura Hussein, sudanesa de 19 años, fue condenada a muerte en mayo de 2018 por matar al hombre con quien se había casado a la fuerza cuando éste intentaba violarla por segunda vez, hubo un inusitado estallido de indignación internacional y el tribunal de apelación revocó su condena a muerte. Algunas organizaciones de derechos humanos siguen considerando desproporcionada la pena de cinco años de prisión por la que fue sustituida. En todo el continente, sin embargo, se ha ignorado a otras mujeres. Los medios de comunicación prestan escasa atención a los casos de mujeres condenadas a muerte por matar a sus maltratadores en Uganda, Malawi, Nigeria, Ghana y Sierra Leona.

En muchas jurisdicciones donde se aplica la pena de muerte, la violencia de género no se tiene en cuenta a la hora de dictar sentencia. Muy pocos abogados presentan pruebas de ella y, cuando lo hacen, los tribunales suelen desestimarlas, como en un caso en el que trabajé en Sierra Leona, el de Aminata*, condenada a muerte en 2010 por haber matado a su novio maltratador.

En países donde la pena de muerte es preceptiva para el delito de asesinato, como Sierra Leona o Ghana, el historial previo de la mujer como sobreviviente de agresiones o abusos sexuales es simplemente irrelevante, ya que la pena capital se impone automáticamente por delitos punibles con la muerte sin tener en cuenta la extracción social de la mujer ni las circunstancias del crimen.

La mayoría de las mujeres encarceladas tienen un historial de abusos o problemas de salud mental, o sufren privación socioeconómica. Casi todas las que han sido condenadas a muerte provienen de comunidades pobres o marginadas y son analfabetas, lo que significa que tienen conocimientos muy limitados de sus derechos legales, no pueden leer documentos jurídicos y no participan plenamente en su propia defensa. Además, tienen escasos recursos para conseguir una representación letrada adecuada. Todas las mujeres condenadas a muerte en Ghana a las que entrevisté en 2016 y 2017 (cinco en total) dijeron que no tenían recursos suficientes para contratar abogados que presentaran los recursos.

Hace varios años trabajé con AdvocAid y Death Penalty Project en una apelación en favor de la mujer que más tiempo llevaba en espera de ejecución en Sierra Leona. MK* fue detenida por el homicidio de su hijastra en 2003 y condenada a muerte en 2005. Desde el momento de su detención hasta justo antes de su juicio en 2005, no recibió asistencia ni asesoramiento jurídico. MK es analfabeta y firmó una confesión con la huella del pulgar que luego se utilizó en el juicio. En 2011, el Tribunal de Apelación sostuvo que el juicio de MK había sido invalidado por diversas irregularidades procesales; se anuló su fallo condenatorio y MK quedó en libertad tras haber permanecido seis años en espera de ejecución.

En un caso parecido, MSK*, condenada a muerte en 2007, vio anulada su sentencia condenatoria dos años después de un recurso presentado por AdvocAid. No había podido contar con representación letrada hasta unos días antes del juicio. Aunque estos casos ponen de manifiesto la importancia del derecho de apelación, las organizaciones que prestan asistencia letrada gratuita carecen de fondos para asumir todos los casos del continente.


Meriam Ibrahim es una cristiana sudanesa que fue condenada a recibir latigazos por “adulterio” y morir en la horca por “apostasía”. Fue caso de Amnistía Internacional y finalmente liberada. © Charles Krupa

En todo África, las condiciones de reclusión son un verdadero reto para la mayoría de las mujeres; apenas se presta atención a las necesidades específicas de su género mientras se encuentran bajo custodia en un sistema penitenciario creado por y para hombres. Las mujeres condenadas a muerte afrontan dificultades adicionales: muchas padecen traumas mentales, exacerbados por su situación en espera de ejecución; algunas son estigmatizadas por otras presas. En una serie de países, las mujeres condenadas a muerte deben ir encadenadas. Meriam Ibrahim, condenada a muerte por apostasía en Sudán en 2014, tenía que llevar pesadas cadenas en prisión a pesar de que estaba embarazada de ocho meses y cuidaba de un bebé.

En algunos países, las condenadas a muerte tienen prohibido participar en las actividades educativas o profesionales que se ofrecen a otras presas. Una mujer de avanzada edad que llevaba nueve años condenada a muerte en Ghana me dijo: “No hago nada. Barrer y esperar”. El estigma social, la lejanía del centro penitenciario y los restrictivos reglamentos sobre las visitas pueden tener como consecuencia que las presas sólo reciban visitas excepcionalmente y, por tanto, que su aislamiento sea mayor.

Pasos progresivos

El África subsahariana representa un faro de esperanza en el camino hacia la abolición de la pena de muerte, donde Guinea se ha convertido recientemente en el vigésimo país de la región que ha abolido la pena de muerte para todos los delitos. Kenia, por su parte, ha abolido la pena de muerte preceptiva por asesinato y, en junio, el Parlamento de Burkina Faso aprobó un nuevo Código Penal que, en la práctica, supone la abolición de la pena capital. Aunque hay progresos, debe hacerse más para poner el foco en esta población abandonada, las mujeres condenadas a muerte, y en los efectos de las formas interrelacionadas de discriminación, que a menudo no se tienen en cuenta en la sala del tribunal.

Un paso fundamental es garantizar la provisión de representación letrada, para que las mujeres condenadas a muerte puedan apelar, de conformidad con las obligaciones internacionales sobre juicios justos. Asimismo, se requieren formación y reformas adicionales para apoyar una aplicación de los procedimientos, políticas y leyes penales que incorpore una perspectiva de género.

Malawi es un ejemplo del papel imprescindible que pueden desempeñar los abogados al poner el foco en la discriminación de género que experimentan las mujeres condenadas a muerte. En mayo de 2007, el Tribunal Supremo de Malawi declaró inconstitucional la pena de muerte preceptiva, y otorgó a los jueces la discreción de aplicar la pena capital en casos de asesinato sólo tras considerar “la manera en que se cometió el asesinato, los medios empleados para cometer el delito, las circunstancias personales de la persona acusada y la posible motivación del crimen”. Se celebraron vistas separadas de determinación de la pena para las cuatro mujeres condenadas a muerte en las que, por primera vez, sus abogados pudieron presentar pruebas de su indigencia, historial de abusos, enfermedad mental, rehabilitación y otras circunstancias atenuantes. Ninguna de las mujeres fue condenada a muerte de nuevo, ni a cadena perpetua.

*Nombres ficticios para proteger la identidad de las mujeres.

En el revelador informe Judged for More than Her Crime: A Global Overview of Women Facing the Death Penalty, del Centro Cornell sobre la Pena de Muerte en el Mundo, fundamental para la redacción de este artículo, encontrarán más información sobre mujeres condenadas a muerte.

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