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Martine Landry. © AI

Martine Landry o cómo mantener la humanidad, pase lo que pase

Por Amnistía Internacional, 

Camina despacio, mirando los balcones, los portales. “Me encantan las calles del centro de Madrid”. Sonríe a menudo y explica que es una gran aficionada a la pintura al óleo. Nadie podría imaginar que esta mujer francesa de 75 años podría pasar 5 años en la cárcel. ¿Su delito? Ayudar a dos menores guineanos en la frontera entre Italia y Francia. Es el injusto “delito de solidaridad”. “Pero no van a conseguir que pare de ayudar, porque es lo correcto”, afirma, sonriendo, otra vez.

En el 2002 se acercaba mi jubilación y mis dos hijos se habían ido de casa. Soy viuda. Empecé a preguntarme qué podía hacer, dónde podría ayudar. Entonces descubrí a Amnistía Internacional. Su trabajo me pareció extraordinario. Vi que las personas migrantes y refugiadas necesitaban ayuda, me hice activista y esa se convirtió en mi gran pasión”, explica.

La mujer que obligó a la policía a proteger a dos niños

Martine fue observadora voluntaria de la frontera franco-italiana de Menton. En 2017, vio cómo la policía francesa iba a devolver a dos menores a Italia. “Sabía que los iban a meter en un tren que los lleva a Italia, donde les esperan traficantes y proxenetas. Tenía que hacer algo”. Investigó quiénes eran los dos chicos. Tenían 15 años y eran guineanos. Comprobó que Francia tenía la obligación de protegerlos. Es la ley. Con la ayuda de abogados, preparó la documentación, esperó a los dos chicos en la frontera francesa y los acompañó a la policía para que pidieran protección.

Yo solo quería que los servicios de asistencia de menores encontraran un centro de acogida a los dos chicos. Y lo conseguí: obligué a la policía a cumplir la ley. ¡Estaba tan contenta!”, afirma. Pero tres días más tarde, le llegó una notificación: se le acusaba de ayudar a entrar a Francia a personas en situación irregular. Se enfrentaba a una pena de 5 años de cárcel o a una multa de hasta 30.000 euros. Solo por hacer lo correcto. Lo que tenía que hacer: ayudar.  

La acusación es falsa: Martine no cruzó la frontera con los menores. Les acompañó a la policía una vez ya estaban en Francia.

Martine Landry

Martine Landry. © AI

“Tenía que seguir ayudando”

Su empatía le viene de lejos. “Mi padre murió cuando yo tenía 2 años. Crecí junto a mi madre y me marcó mucho su implicación con el Consejo Nacional de la Resistencia, una organización que en Francia alcanzó grandes avances sociales y logros en los derechos de las mujeres. Consiguieron derechos que pensábamos que eran intocables. Pero ahora han vuelto a cuestionarlos”.

Como voluntaria en la frontera, ha visto muchas historias humanas de desesperación, valentía y resistencia. En 2015, en su voluntariado, vio cómo llegaron a las costas de Menton numerosos migrantes procedentes de Libia. “Al Qaeda nos está asesinando por ser ortodoxos, ayudadnos, por favor”, nos decían. "Pero Francia no les abrió las puertas. Eso me marcó para siempre: ahora más que nunca, tenía que seguir ayudando”.

“No he hecho nada heroico, solo voluntariado”

Nunca pensé que me llevarían a los tribunales, yo no he hecho nada heroico. Soy solo una voluntaria que ha intentado ayudar”, afirma. Martine sabe que no es la única. De hecho, cientos de activistas u organizaciones de ayuda a personas migrantes y refugiadas son víctimas de una campaña de criminalización. Ocurre en Francia y en toda Europa: la gente que ayuda es perseguida y procesada. “Nadie podía imaginar que estábamos haciendo algo malo. Solo estábamos respondiendo a un grito de socorro: de gente que necesita agua, comida, techo, atención médica. ¿Cómo va a ser eso incorrecto?”.

Martine lo tiene claro: “la policía francesa ha intentado frenarme, pero no va a conseguirlo. Estoy muy orgullosa de lo que hice. Obligué a la policía a cumplir con los derechos humanos. ¡Es la ley!". Cuando le preguntamos: ¿volverías a hacerlo? Lo tiene claro: “si fuera necesario, sí”.

Pronto se conocerá la resolución de su caso. Desde Amnistía Internacional creemos que llevar a una jubilada compasiva ante un tribunal solo por ayudar es una burla a la justicia. Debe ser absuelta cuanto antes.

Porque Martine ha logrado mantener la humanidad siempre, pase lo que pase. Y la humanidad, al final, siempre gana.

Defiende el derecho de las personas a ayudar a otras

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