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Marea verde, Argentina. © Reuters

Marchando hacia el aborto legal en Argentina

El año pasado, cientos de miles de mujeres y niñas sumaron fuerzas para instar a los legisladores y las legisladoras de Argentina a despenalizar el aborto y garantizar el acceso seguro a servicios médicos de interrupción del embarazo. Estas mujeres formaron parte de una gran campaña. Procedían de distintos movimientos y organizaciones, como Amnistía Internacional Argentina, unidas en su lucha por el cambio.

Ahora, siete mujeres que participaron en el inspirador movimiento conocido como “la marea verde” —un color que es sinónimo de la campaña en favor del aborto legal y seguro en Argentina— explican por qué no van a dejar de alzar su voz.

“Somos una marea hermosa, verde, que va a seguir para delante”, Noelia Garone, 31 años, abogada y defensora de los derechos humanos

En la histórica marcha del 8 de agosto de 2018 al Senado se palpaba la emoción. Por más que el resultado no haya sido el que esas miles de mujeres esperábamos, la verdad es que fue una jornada hermosa, de mucha conexión. Hasta el llanto final fue menos triste por sentir esa sensación de que somos una marea hermosa, verde, que va a seguir para delante y que va a lograr la legalización del aborto. Lo vamos a lograr, sólo necesitás una marea verde que te acompañe”.

“Nunca te olvides de cuestionar a la sociedad,o de intentar que algo cambie”, Justina De Pierris, 15 años, estudiante

En el debate sobre la legalización del aborto aprendí que las luchas no solamente se ganan marchando en la calle sino también hablando con familia, amigos, compañeros del colegio. No siempre te vas a encontrar con gente que coincide con vos.

El 8 de agosto de 2018, día en que se celebró el debate en el Senado argentino, fui a las manifestaciones en la plaza del Congreso. Fue increíble estar rodeada de tantas personas luchando por lo mismo.

Nunca te olvides de cuestionar a la sociedad, de intentar que algo cambie, para mejorar tu calidad de vida y la de todas las mujeres.

“Hay un antes y un después”, Mariana Romero, 54 años, médica, defensora de los derechos de las mujeres e investigadora del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES)

Llevo a mi hijo a las protestas, en parte para que empiece a ver por qué hago lo que hago. También van otras mujeres con sus hijos. Aun cuando la marcha es por una situación tremenda, hay un espacio de encuentro y de alegría por vernos otra vez y por vernos en esa situación.

Hay un antes y un después del debate sobre la legalización del aborto en Argentina. No nos sacamos el pañuelo verde ni de la mochila ni de la cartera porque creemos que esta lucha no es efímera.

“El pañuelo verde es un bastión”. Paula Maffía, 35 años, cantante

“No es una derrota. La ley no se aprobó, pero fue un intento y habrá más oportunidades. Mientras tanto, el pañuelo verde se expandió y se convirtió en un bastión, en una nueva escarapela disidente. El pedido por la legalización del aborto es ineludible; no hay vuelta atrás. No hay vuelta atrás.

Quiero aprender de las nuevas generaciones porque me parece que es fundamental que empecemos a escuchar finalmente a las voces más jóvenes.

“Todos, todas, todes son bienvenidos a esta lucha feminista.” Sofía Novillo Funes, 32 años, responsable del Área de Jóvenes de Amnistía Internacional Argentina

Lo que nos salva es estar organizadas. El feminismo es lo mejor que me pasó en la vida. Me permitió ver que la democracia en la que vivimos no es tal si no estamos representadas, si en los lugares de poder no estamos para que nuestra voz se escuche.

El debate sobre la legalización del aborto permitió que los temas del feminismo sean algo común que una encuentra, por ejemplo, a hombres charlando en un café, que eso para mí era algo que nunca había sucedido. Todos, todas, todes son bienvenidos a esta lucha feminista”.

“Los avances que estamos logrando ya no van a volver atrás”, Florencia Marolakis, 20 años, estudiante y miembro de un grupo de jóvenes de Amnistía Internacional Argentina

Tengo un hermano más chico. En mi casa siempre lo dejaron hacer cosas antes que a mí a pesar de que yo era más grande.

Cuando tenía nueve años me regalaron una bicicleta nueva, yo quería salir a andar sola y mis papás me dijeron: “No, porque vos sos mujer, te puede pasar algo”, y yo no podía entender la respuesta. Me enojé, pero con los años entendí que la culpa no era de ellos, porque realmente tenían miedo.

Sin dudas soy feminista. Tener conciencia de qué es el feminismo y por qué es importante es algo que empecé a identificar en estas pequeñas cosas de la vida cotidiana, y llegó más en los últimos años gracias al movimiento de mujeres. Los avances que estamos logrando ya no van a volver atrás.

“Nunca había vivido algo parecido”, Yaridbell Licón Rodríguez, 26 años, licenciada en Comunicación Social. Nacida en Venezuela, ahora vive en Argentina.

Soy de Venezuela y allí es un tema del que no se habla, no es un tema para sentarse a conversar.

Y de repente llego a un país donde está lleno de mujeres increíbles, en la calle todo el tiempo apoyándose, luchando, tan unidas que me erizo toda porque me parece superemocionante que exista este tipo de movimientos acá y que lo anhelo para mi país también, por eso que te comento. Ese día para mí fue... nunca me imaginé sentir lo que sentí en ese momento.