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Qi Jianxiang, hijo de la activista Wang Lihong © AP Photo Andy Wong

Los periodistas conservan su idealismo en China pese a las dificultades que afrontan

El Día del Periodista en China se estableció hace 16 años para reconocer las contribuciones a la sociedad de las personas que trabajan en los medios de comunicación. En los últimos años, sin embargo, estos profesionales, junto con activistas y abogados y abogadas que defienden los derechos humanos, sufren cada vez más el hostigamiento, la intimidación e incluso las amenazas de detención de las autoridades del país.

Pese a estas difíciles condiciones, los periodistas de China conservan el idealismo sobre su profesión, según la ex periodista audiovisual china Su Yutong. Su decidió salir de China tras el hostigamiento a que fue sometida tras hacer público el diario personal del ex primer ministro chino Li Peng. Hablamos con ella desde Alemania, donde vive ahora y donde sigue manteniendo estrechas relaciones con periodistas chinos que continúan en el país.

Los periodistas chinos ya no pueden bailar encadenados

Desde que el presidente Xi Jinping llegó al poder, hay un claro esfuerzo para controlar los medios de comunicación. Hace varios años, cuando trabajaba aún como periodista en China, este control era más disimulado. Los funcionarios del departamento de propaganda telefoneaban con instrucciones sobre lo que podíamos y no podíamos publicar. Los temas delicados, como la gente con reivindicaciones, las políticas del gobierno sobre las minorías étnicas o los incidentes públicos polémicos, estaban vetados. Pero no había una represión en gran escala contra quienes ejercíamos el periodismo.

A partir de 2013 y 2014, se produjo un cambio significativo en la forma de controlar los medios de comunicación y las autoridades usan métodos cada vez más manifiestos para reprimir a los periodistas. Muchos, como Liu Yongzhou y Liu Hu, del diario de Guangdong Nuevo Exprés (New Express), han acabado en prisión por acusaciones falsas de delitos económicos o “provocar peleas y crear problemas”. Los periodistas corren riesgos como estos cuando, en el curso de su trabajo, en entrevistas o investigaciones, descubren la verdad sobre algún asunto importante.

Una mujer sostiene una pancarta que pide justicia para su hijo muerto. Se encuentra cerca del juzgado donde la activista Wang Lihong está siendo juzgada por liderar una protesta en favor de tres blogueros acusados de difamación. © AP Photo Andy Wong

Los periodistas ya no tienen espacio para decir la verdad

También se está reduciendo con rapidez el espacio para estos profesionales. Bajo la presión, diarios chinos antes prestigiosos como el Diario Metropolitano del Sur (Southern Metropolis Daily), Noticias de Pekín (Beijing News) o Jīnghuá Shíbào (Beijing Times) han tenido que cambiar de orientación y el énfasis de sus informaciones. Muchos periódicos han perdido su visión y orientación iniciales y se ven obligados a convertirse en portavoces del partido. Como consecuencia, los periodistas han perdido muchas plataformas para decir la verdad. Personalmente conozco a muchos periodistas muy buenos que se han retirado del sector. Si no das un paso atrás, corres el riesgo de terminar en prisión.

Los periodistas con los que hablo se sienten increíblemente ahogados en las actuales circunstancias, pero no ven el modo de cambiar la situación. Ven el caso del Nuevo Expreso, que pasó de pedir públicamente la libertad de sus periodistas a admitir mala conducta, o las protestas del Diario Metropolitano del Sur, efímeras y aisladas, e incapaces de cambiar el entorno general. La actual campaña represiva del gobierno central es, en mi opinión, muy eficaz. Ante una represión tan fuerte, la ausencia relativa de poder de los periodistas es bastante evidente.

 

Controlar los medios de comunicación es controlar el pensamiento

Alguien dijo una vez que Internet es un regalo de Dios para el pueblo chino, y es precisamente gracias a Internet como gran parte de la ciudadanía china normal sabe ahora muchas más cosas que antes. En la era de Internet, hay cientos de miles de “incidentes masivos” (expresión oficial para las protestas en gran escala en China) cada año, un aumento significativo en relación con el pasado. El pueblo chino ya no es tan dócil.

Si un periodista averiguase ahora la verdad e informara de ella como hacía el Diario Metropolitano del Sur, los lectores verían poco a poco el verdadero rostro de sus gobernantes. Quienes están en el poder consideran que los medios de comunicación son una amenaza en potencia para su autoridad, y ésta es, creo yo, la razón fundamental por la que el Partido Comunista está reprimiendo los medios y restringiendo la libertad de expresión: para controlar el pensamiento de las personas. 

El periodista Liu Hu posa tras salir del centro de detención donde había estado recluido. © AP Photo Mark Schiefelbein

La represión de los periodistas es sólo parte de una represión más amplia

En mi opinión, fue en 2008 cuando el entorno de los medios de comunicación empezó a experimentar un cambio significativo. Durante los preparativos de los Juegos Olímpicos de Pekín, las autoridades practicaron detenciones masivas de disidentes e impusieron controles a la información sobre el terremoto de Sichuan de 2008. Ese mismo año, cientos (de intelectuales y activistas por los derechos humanos) firmaron la Carta 08, una propuesta de reforma política y legal en China. Fue entonces cuando el gobierno chino se dio cuenta de que los incidentes masivos le perjudicaban. Sus métodos de represión, antes encubiertos, fueron cada vez más evidentes.

Entre 2008 y 2010, el caso de los tres “ciberciudadanos” de la provincia de Fujian se convirtió en un símbolo del movimiento ciudadano en China. Cuando los activistas Wang Lihong, Zhu Chengzhi y Wu Gan lideraron a los “ciberciudadanos” para salir a la calle, el foco de atención se extendió más allá de este caso a otros “incidentes masivos”. La ciudadanía no sólo salió a la calle en Fuzhou, Fujian, sino también en Pekín y otras ciudades chinas.

Como respuesta, las autoridades lanzaron una campaña de represión inmediata. En 2011, esto se amplió a otras partes de China y fueron detenidas cientos de personas, entre ellas el conocido artista Ai Weiwei y el abogado defensor de los derechos humanos Teng Biao. La represión de las autoridades se intensificó y se hizo más descarada desde ese momento.

 

Los periodistas conservan su idealismo en medio de la represión

Algunos profesionales chinos del periodismo, como el conocido periodista y columnista Jia Jia, conservan su idealismo. Son muy resilientes y aprovechan el pequeño espacio que queda para hacer un poco de ruido. Jia Jia fue detenido en marzo en relación con una carta abierta publicada en un sitio web, en la que se pedía la dimisión del presidente Xi Jinping. Los periodistas como él conservan su fuego interno a pesar de la represión. Sólo les faltan las plataformas y el espacio necesarios para hacerse oír. Algunos se ven forzados a autopublicarse, como Song Zhibiao, ex columnista del Diario Metropolitano del Sur, que ahora difunde sus artículos a través de la aplicación de mensajería WeChat. A pesar de la actual tendencia negativa, es probable que las personalidades conocidas de los medios estén a la expectativa, aguardando el próximo campo de batalla.