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© ANSA/ CESARE ABBATE (ANSA via AP)

Los cuerpos de las 26 mujeres nigerianas fallecidas en el Mediterráneo recuerdan el horror al que se enfrentan

Por Amnistía Internacional,

El buque español Cantabria desembarcó el domingo pasado en la ciudad italiana de Salerno los cadáveres de 26 mujeres y de varios cientos de personas migrantes y refugiadas rescatadas en el Mediterráneo. Las mujeres fallecidas son de nacionalidad nigeriana y menores de 18 años a tenor de las autoridades italianas. Existen sospechas de que pudieron haber sido abusadas sexualmente. Los cuerpos serán sometidos a exámenes forenses.

Amnistía Internacional lleva mucho tiempo denunciando y documentando como en países como Libia las personas refugiadas y migrantes son víctimas de violaciones sexuales, torturas y secuestros a manos de traficantes y contrabandistas, a la vez que sufren la explotación, persecución religiosa y otros abusos de grupos armados y bandas de delincuentes.

En el documento, titulado ‘Libya is full of cruelty’: Stories of abduction, sexual violence and abuse from migrants and refugees, se describe todo el horror y el padecimiento al que se enfrentan estas personas en Libia, muchas de las cuales se ven impulsadas a embarcarse en una peligrosa travesía marítima, poniendo en riesgo sus vidas, en un intento desesperado por refugiarse en Europa.

Las mujeres, en concreto, corren grave riesgo de ser violadas o sometidas a abusos sexuales por los traficantes y por bandas de delincuentes. Las mujeres que son secuestradas a lo largo de la ruta de los traficantes y no pueden pagar el rescate son a veces forzadas a mantener relaciones sexuales a cambio de su liberación o para poder proseguir su viaje.


Mujer superviviente rescatada en el Mediterráneo. © Michele Amoruso / IPA

Sé que [el traficante] abusó de tres mujeres eritreas. Las violó; ellas lloraban. Ocurrió al menos dos veces”, aseguró un testigo ocular a Amnistía Internacional. Otra mujer de Nigeria describió cómo, en cuanto llegó a Sabha, fue violada por 11 hombres de una banda armada. “Nos llevaron a un lugar fuera de la ciudad, en el desierto, ataron a mi marido de pies y manos a un poste y me violaron en grupo delante de él. Eran 11 hombres en total”, recuerda.

Muchas mujeres han contado a Amnistía Internacional cómo viven con el temor constante a la violencia sexual. Muchas nos dijeron que la violación era tan habitual que se aprovisionaban de píldoras anticonceptivas antes de emprender el viaje para evitar quedarse embarazadas.

Ramya, de 22 años y procedente de Eritrea, nos contó que había sido violada más de una vez por los tratantes que la mantuvieron cautiva en un campamento cerca de Ajdabya, en el noreste de Libia, después de haber entrado en el país en marzo de 2015. “Los guardias bebían y fumaban hachís [cannabis], y luego venían, elegían qué mujeres querían, y se las llevaban fuera. Las mujeres trataban de negarse pero, cuando te están apuntando con un arma a la cabeza, no tienes elección si quieres sobrevivir. A mí me violaron dos veces tres hombres [...] No quería perder la vida”, dijo.

Antoinette, de 28 años y procedente de Camerún, dijo de los tratantes que la mantuvieron cautiva en abril de 2016: “No les importa si eres una mujer o una niña [...] Utilizaban palos [para golpearnos] y disparaban al aire. A mí no me violaron, quizá porque tenía un hijo, pero violaron a mujeres embarazadas y a mujeres solteras. Vi cómo sucedía”.

Durante años, Libia ha sido un país tanto de destino como de tránsito para personas refugiadas y migrantes del África subsahariana y de Oriente Medio que huyen de la pobreza, de los conflictos o de la persecución. Muchas de ellas se dirigen a Libia con la esperanza de llegar a Europa. Sin embargo, el recrudecimiento de la anarquía y de las amenazas de los grupos armados han agravado los riesgos a los que se exponen.

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