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Adel Onodi, actriz, cantante y activista trans, Hungría © AI

Lo que nos une es mayor que lo que nos separa

Todas las personas somos diferentes, todas únicas, y todas iguales. Nadie debería quedarse atrás o verse dejado de lado en la sociedad por ser quien es o por venir de donde viene.

Nuestros círculos sociales son cada vez más diversos, y cada vez hay más apoyo para promover la diversidad; además, en Europa la gente muestra actitudes cada vez más tolerantes. Sin embargo, hay gente que sigue recibiendo un trato diferente e injusto simplemente por ser quien es.

Una encuesta de 2015 mostró unas actitudes cada vez más tolerantes hacia las personas en peligro de ser discriminadas por ser quienes son o venir de donde vienen, pero estas actitudes varían mucho de unos países de la UE a otros, y no se hacen extensivas a algunas personas, como las musulmanas, las romaníes o las transgénero.

En 2015, en toda la UE, el 21% de la gente declaró que se había sentido discriminada en el último año, frente al 16% de la encuesta realizada tres años antes, en 2012.

Las personas transgénero en Europa se enfrentan a niveles desproporcionados de acoso, violencia y discriminación, y aún luchan por el reconocimiento legal de la identidad de género: el derecho a decir en la ley con qué género quieren identificarse.

"Defiendo los derechos de las mujeres, de las personas transgénero y de la población romaní, tanto en mis representaciones teatrales como en mi activismo.

En 2017 recibí varias amenazas de muerte y decidí no guardar silencio. Si fuéramos más quienes saliéramos a la luz pública y contáramos nuestra historia, incluso nuestra historia colectiva, tendríamos la esperanza de construir un mundo mejor y una Europa mejor.

Conseguir cambios es muy difícil y lento, pero es algo que flota en el ambiente. Lo puedes sentir, ya ha empezado. Si la gente conociera nuestras historias, nos convertiríamos de verdad en parte de la sociedad, y creo que ese es un cambio positivo.

Está muy bien que el mundo avance en una dirección mejor. Se está volviendo más abierto y, si podemos, tenemos que alzarnos y ser responsables de estas cuestiones, porque es la única manera de conseguir cambios durante nuestra vida".


La población romaní de toda Europa sigue enfrentándose a discriminación en la vivienda, la educación, el acceso a empleos y otros aspectos de la vida.

Marius Pruteanu es un joven activista que trabaja para cambiar esta situación:

“Intento influir en la manera en que la gente ve las cosas, en los prejuicios contra los romaníes: mi pueblo.

Soy activista romaní desde hace cinco años. Intento contar a la gente cómo llegué a Suecia, cómo ha sido mi vida aquí, para poder cambiar sus percepciones y juicios sobre las cosas que generan racismo y discriminación. También intento influir en los políticos.

He trabajado mucho en la cuestión de la mendicidad, y digo, no, no deberíamos dejar de mendigar, no es bueno. La gente romaní de Rumania sufre una discriminación extrema cuando llega a otro país. Incluso cuando vives aquí, sufres discriminación. Podrían ser muchos de esos pequeños detalles que se ven constantemente, incluso en las calles, o cuando una persona no consigue encontrar un empleo porque es romaní. Nuestros derechos no se han realizado. Una vez que obtengamos nuestros derechos, queremos también asegurarnos de que otras personas tienen los suyos. Eso me da energía".