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© CHARLES LOMODONG/AFP/Getty Images

Las investigaciones de Amnistía Internacional destapan las atrocidades en Sudán del Sur

Por Amnistía Internacional,

Sudán del Sur, el país más joven del mundo, logró la independencia el 9 de julio de 2011 tras varios decenios de guerra, largas negociaciones y un referéndum sobre la secesión respecto a Sudán. Sin embargo, la alegría por la recién adquirida libertad resultó efímera y las disensiones internas han enturbiado gran parte de su corta vida como Estado independiente. El conflicto armado que estalló en diciembre de 2013 persiste en la actualidad y tiene un efecto devastador para millones de civiles.

El conflicto enfrenta al presidente Salva Kiir y sus aliados contra su ex vicepresidente Riek Machar y las fuerzas leales a éste, acusadas de planear un golpe de Estado en Juba, la capital, a finales de 2013. Diversas milicias y grupos armados de oposición también se unieron a la contienda en varias zonas del país. El cese del fuego y los intentos de conseguir un acuerdo de paz han fracasado, dando siempre lugar a la reanudación de los enfrentamientos.

Los combates han tenido efectos devastadores en la población civil, incluida la amenaza de hambruna, violencia sexual y alertas de posible genocidio. También ha dado lugar a la mayor crisis de refugiados de África, la que más rápidamente crece y la tercera mayor del mundo tras las de Siria y Afganistán.

Amnistía Internacional ha visitado Sudán del Sur en varias ocasiones durante el conflicto y, a mediados de 2017, sus investigadores regresaron a dos de las regiones actualmente más afectadas por los nuevos enfrentamientos: el Alto Nilo, en el norte y Ecuatoria, en el sur. Estas personas también visitaron asentamientos de refugiados al otro lado de la frontera, en Uganda.


© Natalia Jidovanu

La organización, además, acaba de lanzar su informe “Do not remain silent”: Survivors of Sexual violence in South Sudan call for justice and reparations", en el que revela actos de violencia sexual con agravantes cometidos contra miles de personas en todo el país. El informe es el resultado de un proyecto conjunto de investigación de Amnistía Internacional y 10 defensores y defensoras de los derechos humanos de Sudán del Sur que no pueden ser nombrados por miedo a que su gobierno tome represalias contra ellos.

Una de las mujeres con las que habló Amnistía Internacional ahora es seropositiva. Otras sufren fístulas e incontinencia intestinal. Varios hombres han quedado impotentes.

Muchas víctimas afirmaron que sufrían pesadillas, pérdida de memoria y falta de concentración, y que habían pensado en vengarse o suicidarse.

A Jokudu, de 19 años, la violaron salvajemente cinco soldados gubernamentales cerca de la localidad de Yei en diciembre de 2016. Ahora padece incontinencia urinaria y hemorragias frecuentes.

A Nyabake, de 24, la violaron en grupo unos soldados del gobierno en un puesto de control en Yuba en julio de 2016. Según afirmaba, no consigue dormir más de tres horas seguidas por la noche debido a las pesadillas y tiene la sensación permanente de que los soldados van a volver.

© Natalia Jidovanu

Nyagai, a la que unos soldados del gobierno violaron en grupo en Yuba en julio de 2016, perdió la fe en su religión tras la agresión. Contó que había dejado de ir a la iglesia después de ser violada y que no había vuelto a rezar más. “El demonio me atravesó el día en que me violaron”, dijo.

Jacob, esposo de Aluel, violada delante de él por combatientes del Movimiento de Liberación Popular de Sudán en la Oposición en julio de 2016 en Yuba, dice que ha pensado en suicidarse.

Crímenes de guerra

Todas las partes en el conflicto han cometido atrocidades, incluidos crímenes de guerra. Han torturado y matado a civiles, secuestrado y violado a mujeres, destruido y saqueado bienes civiles y atacado deliberadamente a cooperantes. Decenas de miles de personas han sido asesinadas o resultado gravemente heridas, millones de personas han sido desplazadas, y la violencia ha provocado inseguridad alimentaria y la masiva pérdida de sustentos.

La población civil se lleva la peor parte en el brutal conflicto de Sudán del Sur, con más de dos millones de personas arrancadas de sus hogares y sus medios de vida.


© CHARLES ATIKI LOMODONG/AFP/Getty Images

A junio de 2017, más de 1,9 millones de personas habían huido para buscar refugio en todos los países vecinos de Sudán del Sur —Sudán, Etiopía, Kenia, Uganda, República Democrática del Congo y República Centroafricana—, muchos de los cuales también están en situaciones de conflicto armado interno. Uganda, en el sur, ha recibido la mayor afluencia: unas 950.000 personas refugiadas sursudanesas, aproximadamente la mitad del total, han acabado allí.

A principios de 2017, cada día cruzaban la frontera más de 2.000 refugiados para entrar en Uganda, y en febrero se registraron hasta 6.000 en un solo día. Al menos el 86% de estos nuevos refugiados son mujeres y niños y niñas, pero la falta de financiación hace que muchos de ellos no reciban ayuda humanitaria básica como alimentos, agua y cobijo.

En todo el país, más de 5,5 millones de personas dependen de la ayuda humanitaria simplemente para sobrevivir, la malnutrición es cada vez más generalizada y amplios sectores del país afectados por el conflicto siguen siendo expuestos a sufrir hambrunas.

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