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La vida en la cárcel por defender la libertad

Peter Steudtner, 

Peter Steudtner fue detenido en julio junto a otras nueve personas durante un taller en Estambul en el que Ali Gharavi y él impartían formación sobre bienestar y seguridad digital a defensores y defensoras de los derechos humanos. Entre las personas asistentes se encontraba la directora de Amnistía Internacional Turquía, İdil Eser. Actualmente, ocho de ellas permanecen en prisión y dos están en libertad bajo fianza, todas están siendo investigadas en virtud de la legislación antiterrorista. No han hecho nada malo.

Peter ha escrito un mensaje desde su celda sobre la vida en la cárcel:

“¡A todas la personas que me acompañan con sus pensamientos y sus acciones!

¡Mi sincero agradecimiento a quienes nos apoyáis, especialmente a mi familia y amistades (y a quienes les brindan apoyo a ellos), al gobierno, ministerios, embajada y consulado de Alemania; a mi equipo jurídico, a mi equipo de seguridad integral, HIVOS + KURVE Wustrow, y a todas las campañas políticas que piden nuestra liberación!

Como ya no tengo ningún contacto con Ali y los demás defensores y defensoras de los derechos humanos, escribo esta carta sólo en mi nombre.

Fui arrestado [en julio] y desde el 1 de agosto estoy en la prisión de Silivri, en Turquía. Ahora comparto una celda para tres personas con un joven turco que está detenido. Tenemos un dormitorio, una sala común y nuestro propio patio de 28 m2. Por lo general, los guardias penitenciarios nos tratan de modo respetuoso y amigable. La comida es buena y suficiente. ¡Conseguimos libros a través de nuestros abogados y de la embajada o consulado!

Por tanto, puedo decir que exteriormente, y en buena parte también interiormente, me encuentro bien. No obstante, esto también es duro. Nuestra detención constituye una clara violación del derecho internacional de los derechos humanos y la extrema limitación de la comunicación se hace difícil: una hora con nuestros estupendos abogados una vez por semana y sólo 10 minutos de teléfono con nuestros familiares una vez cada dos semanas.

Exige la liberación de los miembros de AI en Turquía y de los demás defensores de derechos humanos.

¡FIRMA!

En esta situación, ayuda saber que muchas personas piensan en mí y en nosotros. ¡Todas las tardes a las 6, hora de Berlín, en paralelo con nuestros amigos de la Iglesia de Getsemaní, me siento en el patio y canto a viva voz! ¡Me relaja tanto! ¡Hasta mis compañeros de celda se saben ya las canciones!

La vida diaria en prisión se desarrolla desde que se abre el patio a las 8 de la mañana, hasta que se cierran las celdas a las 8 de la tarde: recuento de reclusos, registro de celdas, colada, limpiar las celdas, jugar al ajedrez y al backgammon (con tableros caseros).

Luego, por las noches, seguimos hablando y jugando a juegos, escribimos diarios y, por supuesto, hacemos relajación muscular progresiva todas las mañanas y al final del día, para no sentir claustrofobia ni el estrés provocado por la incertidumbre. ¡Aparte de eso, lo único que ayuda es intentar matar mosquitos!

Para mí, es importante que la responsabilidad política y legal por nuestra situación no se le achaque a Turquía como país o como pueblo. Sentimos una gran solidaridad a través de nuestro equipo jurídico turco y del diálogo interreligioso con mi compañero de celda musulmán.

Los que me conocen saben que hay un dicho que me guía: si quieres ir deprisa, ve solo. ¡Si quieres llegar lejos, ve acompañado!

Con esa mentalidad, caminemos juntos la senda no violenta de los derechos humanos.

Con profunda gratitud y fortaleza,

atentamente,

Peter