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Kadiatu Massaquoi. © Save the Children

Kadiatu Massaquoi, el 'sí quiero' de las niñas a la educación

Por @ManuMediavilla, colaborador de Amnistía Internacional, 

El "¡No quiero!" de Amnistía Internacional, Entreculturas, Mundo Cooperante y Save the Children en su campaña conjunta "contra el matrimonio infantil, temprano y forzado", se convierte en un atronador "¡sí quiero!" de las niñas a la educación en la voz de Kadiatu Massaquoi. Esta joven sierraleonesa de 17 años sabe por experiencia propia que el embarazo y matrimonio adolescentes suponen una carrera de dificultades y riesgos que ella resume con rotundidad: "Perdí mi educación, perdí mi futuro".

Entre los 14 y 15 años, la vida de Kadiatu dio un vuelco. Falleció su padre, uno de sus más firmes apoyos para que fuera al colegio. Después quedó embarazada de un joven que la llevaba cinco años. Y, en un país donde el embarazo adolescente significa que "por ley tienes que dejar la escuela", no tuvo elección. Ni tampoco cuando, en un ambiente familiar marcado por la pobreza, su madre no tuvo más remedio que asumir las costumbres de su comunidad y la obligó a casarse con el padre de su bebé.

Fue como si se derrumbara el edificio de sus sueños, porque "era feliz en el colegio" y "tenía planes de seguir estudiando, no de casarme". Y se sintió "muy triste, para nada feliz", cuando tuvo que renunciar a su educación, que considera "lo más importante del mundo", imprescindible "para tener un futuro mejor y ser útil a la sociedad". No tuvo otra  opción que cambiar la escuela por las tareas hogareñas y por el cuidado de su hija Hasanatu --tres años ya-- y de su hijo Abdullah --un año ahora-- que vendría después.

Recuperando el futuro perdido

Pero no había perdido del todo su futuro. Empezó a recuperarlo cuando supo del proyecto "Derecho a ser una niña" que desarrolla en Sierra Leona la ONG española Save the Children. Contactó con el proyecto precisamente "porque quería hacer algo con mi vida y tener un futuro". Y no se equivocó. Allí encontró un espacio seguro, compartido con otras niñas casadas y madres infantiles, en donde aprender capacidades para la vida cotidiana; recibir asesoramiento en cuestiones vitales –salud, nutrición, higiene, planificación familiar–; desarrollar habilidades para el empleo, e, incluso, recibir formación para el liderazgo femenino.

En el año que lleva allí, la propia Kadiatu ha pasado de ser una adolescente tímida y reservada a ser una joven segura de sí misma. "Me gusta, me hace sentirme con futuro", dice. Además de destacar en una tienda de confección donde aprende y hace prácticas, también ha progresado como lideresa. "Es muy importante empoderar a las niñas y a las mujeres", recalca, "para que estudien", porque "la educación es la llave del éxito, y no debe ser solo para los chicos, sino también para las chicas".

Su propio empoderamiento para el liderazgo le ha servido para hacer campaña contra el matrimonio infantil y el embarazo precoz a todos los niveles, sea puerta a puerta o en encuentros con dirigentes comunitarios y religiosos. Y ahora con pleno apoyo de su familia, porque su madre y su esposo –que ha acabado Secundaria– se sienten "muy felices" de lo que hace.

Avanzando hacia el cambio

Kadiatu y sus compañeras de proyecto se reúnen con las familias en sus casas para intentar concienciar a madres y padres de que el matrimonio infantil, temprano y forzado no solo "quita a sus hijas la libertad de decidir sobre sus propias vidas”, sino que las deja en una situación vulnerable que suele traducirse en violencia de género. También el impacto biológico puede ser terrible. Sus cuerpos de niña no están preparados para el embarazo y el parto, y ello implica riesgos enormes: "Puedes perder a tu bebé, o incluso tu propia vida", remacha.

A esos encuentros casa por casa se suman otros con las autoridades locales y policiales, jefes de etnias y líderes religiosos, que, como recuerda Kadiatu, “tienen mucha influencia sobre la gente". Ella es optimista y cree que los líderes comunitarios "están entendiendo rápidamente" el problema y "pasando a ser aliados" para solucionarlo. "Estamos logrando el cambio", recalca.

También es importante la actitud del nuevo Gobierno de Sierra Leona, aunque su declarado compromiso contra el matrimonio infantil, temprano y forzado –la propia esposa del presidente se ha declarado activista contra esas tradiciones– todavía deja bastante que desear. Por una parte, las autoridades trabajan en una ley para combatir el matrimonio forzoso y han aprobado otras para promover la educación libre y de calidad y para castigar con dureza la violencia sexual contra las menores de 18 años. Pero, por otra, a mediados de octubre ratificaron su política discriminatoria contra las menores embarazadas, que podrán realizar exámenes pero seguirán sin poder asistir a la escuela antes de dar a luz. El argumento oficial de que "pueden influir negativamente sobre sus compañeras para que sean sexualmente activas" no puede ser más peyorativo y prejuicioso.

Educación, educación y educación

La filosofía de Kariatu bien podría resumirse en un rotundo "educación, educación y educación" para las niñas. Por eso, cuando las madres y padres dejan traslucir sus dudas tras un "es que somos pobres", les insisten en la importancia de que sus hijas completen su educación, porque "os podrán ayudar y podrán contribuir" a la economía familiar.

El mensaje vale para su propia familia, y Kadiatu está convencida de que, gracias a la educación, "la vida de mi hija será muy distinta de la mía y su futuro será mejor que el mío". Aunque lo importante es que la educación permita que "las niñas puedan tomar decisiones informadas" en todos los aspectos de su vida, a ella le "gustaría que Hasanatu sea científica y Abdullah abogado".

Tampoco Kadiatu ha enterrado sus sueños, y sigue empeñada en volver al colegio y continuar sus estudios. Tiene el certificado de Educación Básica, así que podrá cursar Secundaria para ir después a la Universidad. Su gran ilusión es "ser enfermera, cuidar a la gente, curarla". Además, claro, de seguir su actual "lucha contra el matrimonio infantil y el embarazo precoz", para la que, remarca, "necesitamos apoyo (...). Sin educación no puedes ser útil a la sociedad".