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© Amnistía Internacional

Jóvenes estudiantes se unen por un mundo sin pena de muerte

Shujja Graham, exonerado del corredor de la muerte y uno de los protagonistas del cortometraje The Resurrection Club, visitó varios institutos de Madrid para compartir su experiencia con jóvenes.

Eran las 19'00 h cuando la preparación cobraba su máximo sentido: folletos sobre la pena de muerte, plantillas para recoger firmas… Pero antes, algo mucho menos ensayado y quizá provocador de emociones más fuertes: los protagonistas de esta historia.

Cuando aparecieron por la puerta Shujaa Graham y su mujer Phyllis, el grupo escolar de Amnistía Internacional del instituto Juan de Herrera (San Lorenzo de El Escorial) enmudeció. “Nos hemos quedado todos en silencio, mirándole, sin saber qué hacer o decir; ha sido increíble”, musitó Carmen Cuesta, profesora del grupo escolar.

Fue él, Shujaa, quien decidió romper el hielo entregándose a una multitud de chavales que tuvieron que enfrentarse a las emociones y al entendimiento de lo que es el corredor de la muerte. Shujaa, emisor en este caso de las primeras palabras en este encuentro previo al acto con público, fue también receptor de decenas de miradas en las que se reflejaba inquietud y preguntas existenciales: “¿por qué tú has sobrevivido?”; o peor: “¿por qué hay gente que tiene que sobrevivir a esto?”.

 

Organizadores e intérpretes por un día

El acto fue organizado y protagonizado por los propios jóvenes, que se encargaron de recibir a Shujaa y Phyllis, de prepararlo todo para su visita y de hacer hasta de intérpretes.

Nervios en la mesa del salón de actos. Gracias a la colaboración del departamento de inglés del centro, dos alumnos hicieron de intérpretes y traductores. Los encargados de revisar la mesa de ponencias se movían a toda velocidad, rodeaban la mesa como si fuera una bengala que servía de referencia a un auditorio que empezaba a abarrotarse.

Los niños y niñas presentaron y exhibieron un vídeo. Shujaa y su mujer Phyllis dieron las gracias. En palabras de él: “es por personas como vosotras por las que sigo vivo”.


Shujja Graham, exonerado del corredor de la muerte durante el acto organizado por el grupo escolar de Amnistía Internacional del instituto Juan de Herrera. © Amnistía Internacional

Escasas esperanzas

El suicidio nunca llegó a convertirse en un pensamiento firme pero Shujaa reconoció que “algunas noches me acostaba pensando que no levantarse al día siguiente sería mejor”.

“Salir de la celda para acudir a juicios en los que mantenía escasas esperanzas solo representaban la alegría de poder estirar un poco las piernas y ver gente”. En estos contactos con ‘el más allá’ es donde Shujaa conoció a Phyllip Prentice, su enfermera en aquel entonces y ahora su mujer. “Además de para cambiar mi escenario muchas veces fingía estar enfermo para ver a mi enfermera”, explica.

Phyllis, que en otros encuentros suele retomar el relato donde la emoción inunda a Sujaa, explicó cómo es la vida de alguien que ha atravesado esta experiencia, cómo rehacerla tras más de una década aislado. También detalló que, antes de conocer a Shujaa, ella ya era activista.

Una de las partes del relato que más destacó Shujaa fue la labor de dos jóvenes que decidieron ir a su juicio y que, cuando lo visitaban en la cárcel, le aseguraban: “Shujaa, te vamos a sacar de aquí”. Así, animó a los presentes a que, cuando quieran perseguir un objetivo, se unan y luchen juntos: “es lo que hice yo desde la cárcel, intentar unirme con otras personas y luchar por los derechos humanos y la justicia social”.

Reproches, rencores… justicia

Las preguntas no pararon de sonar en el Juan Herrera. Los jóvenes preguntaron a Shujaa por qué EE.UU. mantiene la pena capital. También si demandó al estado de California: “no quiero conseguir dinero porque me han entregado lo más valioso: la fuerza de seguir luchando por la justicia en el mundo hasta el final de mis días”, explica.

Phyllis dijo que le gustaría acabar el encuentro cantando juntos una canción. Enseñó la letra y enseguida el público se puso en pie y entonó este cántico.

A su marcha, Phyllis y Shujaa se despidieron de los asistentes uno por uno y, en muchos casos, surgieron emotivos abrazos. No fue el único intercambio de aprecio espontáneo. Tras la marcha de los invitados sucedió un espacio de tiempo en el que entre los jóvenes también se abrazaron entre sí mientras contenían, o no, las lágrimas que sentían aflorar desde el comienzo del acto.

El mundo puede cambiar, y lo estamos consiguiendo

Todos estos temas fueron fruto de preguntas de los más jóvenes… sobre el valor de la vida en momentos difíciles, sobre el encuentro espontáneo de apoyo, sobre el amor en la cárcel y sobre la justicia que nunca llega en la práctica, aunque el concepto exista en las legislaciones…

Julieta, una joven de 17 años que participó en la organización y presentación de los invitados, nos contó al final del encuentro: “yo ya tenía esa visión [en contra] de la pena de muerte, pero este tipo de charlas y experiencias me ayudan a recuperar la esperanza en que cada vez hay más gente que se libra de estas situaciones y… que es verdad, que este mundo puede cambiar y lo estamos consiguiendo”.