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Imagina conmigo vivir en un lugar hacinado en medio de una pandemia

Por el Equipo de Migración y Refugio de Amnistía Internacional, 

Imagínate que te ves obligada a dejar atrás tu tierra, tu familia, tu gente, y atravesar medio continente enfrentándote a tantos peligros que en algunos momentos llegas a temer por tu propia vida. El último obstáculo es cruzar esa frontera famosa por sus kilómetros de vallas y concertinas. Cuando lo consigues, tu alegría es infinita. Lo que no sabes es lo poco que va a durar...

Después de hacerte pasar por comisaría te ingresan en un centro de estancia temporal. Lo llaman CETI. Y se encuentra en la ciudad de Melilla. Aún no has llegado al continente europeo pero, en ese momento, te sientes libre. Piensas que, por fin, podrás iniciar una nueva vida.

Pero lo que te encuentras en el centro no te lo imaginabas: está con el doble de personas del máximo de su capacidad, con pobres condiciones higiénicas y sanitarias, problemas de seguridad, familias separadas, no te dan la menor asignación económica a pesar de que careces de recursos, no te dejan ir a la península... Alli quieres ir porque en el CETI te sientes encerrada, pero nadie sabe decirte cuánto tiempo tendrás que permanecer en él.

Imagínate que llevando meses en ese centro se desata la pandemia de COVID-19, y eso supone que no te permiten salir del centro. Párate un momento e imagina conmigo cómo tiene que ser no poder salir de un lugar hacinado en medio de una pandemia. Estás obligada a mantenerte encerrada en un lugar donde es imposible respetar las medidas de distanciamiento social. No cuentas ni con mascarillas ni guantes. Para entrar al comedor tienes que hacer colas de dos horas... ¿Cómo crees que te sentirías? ¿Y la gente que te rodea?

Imagínate ahora que eres una persona refugiada, que llegaste huyendo de la persecución y tienes derecho a asilo, pero no te dejan solicitarlo. ¿No se trataba de un derecho? Sabes lo importante que es para poder empezar una nueva vida. Te dicen que hasta que no pase el estado de alarma no podrás solicitar asilo. Solo entonces podrán trasladarte a la península.

Imagínate que compartes tus días con mujeres que han huido de sus países porque han sufrido violencia física, sexual y psicológica. A algunas les habían prometido que les esperaba un trabajo en Europa. Temes que hayan caído en redes de trata. A una compañera de habitación la han separado de su marido y de sus hijos, que han sido llevados a otro centro y no sabe cuándo podrá verlos. Está desesperada y caerá en una depresión si sigue así. Otra de tus compañeras dejó su país porque es lesbiana. En el centro es objeto frecuente de burlas y temes por su salud mental. Hay una niña y un niño solos que no sabes por qué aún no han sido identificados como menores. No deberían estar en un sitio como éste.

Imagínate cómo aumenta tu desesperación cada día que pasa. Saliste de tu país porque allí se violaban tus derechos, pero en este lugar tampoco te sientes protegida. Cuando ves que en esa ciudad comienza una nueva normalidad, permaneces hacinada en el mismo sitio. Sientes que te encuentras atrapada en tierra de nadie.

Imagina ahora una luz en la oscuridad. Desde muchos sitios de la península miles de personas empiezan a reclamar el traslado urgente de quienes estáis hacinadas en el CETI de Melilla. También piden una acogida digna en la península. Miles de personas lo reclaman haciéndoselo saber al Ministro de Interior Marlaska, que es el que tiene que autorizar los traslados, y lo hacen desde las redes sociales con el hashtag #TrasladoUrgente o moviendo ilustraciones y viñetas que denuncian lo que estás viviendo.

Entonces sientes esperanza. Porque sabes que las acciones de esas personas pueden lograr que cambie tu vida y te hagan salir de este limbo. Tu vida y la de otras muchas personas más. Vidas a la espera de que la presión haga que prevalezcan los valores de humanidad y dignidad, que ponga en el centro el respeto de eso que llaman "derechos humanos". Que por algo dicen que los derechos humanos son de todas las personas. Tuyos también.