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Hungría ignora la Historia con el mal trato que dispensa actualmente a las personas refugiadas

Por Todor Gados (@TodorGardos), Amnistía Internacional, 

Después de sesenta años, y en el otro lado del mundo, Judy Kepecz-Hays aún recuerda la sensación de miedo. “Caminábamos por el bosque hacia la frontera. Mi madre me dijo que no hiciera el menor ruido”, recuerda. “Hubo casos de bebés que murieron asfixiados accidentalmente mientras sus padres intentaban sofocar sus llantos para que no alertaran a los soldados”.

A principios de noviembre de 1956, poco después de la brutal represión de la breve revolución húngara, Judy Kepecz-Hays tenía seis años y huía de Hungría con sus padres, su hermano de tres años y su hermana de 18 meses. “Recuerdo que un día le pregunté a mi madre qué era ese líquido rojo que se veía en las cunetas”.

La obstinada renuencia de los gobiernos europeos a reconocer su responsabilidad política, cuando no histórica, de proporcionar protección a los actuales refugiados es una vergüenza. No se puede permitir que la crisis política que atraviesa hoy Europa desvíe la atención de las soluciones prácticas que requiere la tarea de abordar las necesidades de las personas refugiadas.

Sesenta años después de huir de Hungría, a Kepecz-Hays, que es agente inmobiliaria en Florida, le conmueven profundamente las imágenes de personas refugiadas que huyen de guerras o conflictos. “Me recuerdan mi experiencia y me parte el corazón verlas. Mis padres no sabían lo que iba a suceder en Hungría. Sólo querían una vida mejor para sus hijos. Eso no ha cambiado. Da igual quién seas o de dónde vengas”.

Este artículo fue publicado por primera vez en la revista Time.