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Residentes de Irak huyendo de sus casas. © Sabah Arar/AFP/Getty Images

Heridas de una guerra que no es suya

En Irak, los que no huyen del autoproclamado Estado Islámico, se esconden de las milicias y fuerzas de seguridad de sus gobiernos. 

Irak se enfrenta hoy en día a una crisis que, lamentablemente, sí tiene precedentes. Los continuos ataques mortales contra civiles asolan sus calles a diario. Como consecuencia de los combates entre las fuerzas gubernamentales y el Estado Islámico, cerca de 3,2 millones de personas han huido de sus hogares, quedando desplazadas internamente. Otros sin embargo, continúan en sus casas sin olvidar, y desconfiando de un gobierno que comete atrocidades.

Las continuas amenazas a la seguridad que sufren los civiles iraquíes no deben dar carta blanca a más violaciones de derechos humanos. El gobierno iraquí debe responder de los abusos que sus milicias y fuerzas de seguridad, bajo pretexto de combatir el SI, cometen contra su propia población; porque incluso durante los conflictos, hay reglas que deben respetarse.

Ejecuciones extrajudiciales y homicidios ilegítimos son solo algunas de las prácticas que se han ido cometiendo en completa impunidad durante años. A principios de mayo, llegaba a nuestros oídos que miles de personas, incluidos niños, se encuentran retenidos sin cargos en centros de lucha contra el terrorismo de la gobernación de Anbar, al oeste de Bagdad.

Un miembro de las fuerzas de seguridad de Irak de pie entre las municiones del Estado Islámico en al-Alam Salahuddin © REUTERS/Thaier Al-Sudani

Una visión realmente terrible

Según testimonia Salil Shetty, secretario general de Amnistía Internacional, “era una visión realmente terrible: cientos de seres humanos amontonados como sardinas en lata y recluidos en condiciones inhumanas y degradantes durante meses".

Detenidos en almacenes abandonados, viven en terribles escenarios de hacinamiento a la espera de que decidan si son culpables de algo de lo que no tienen recursos para investigar. Se trata de personas recogidas de las calles o arrestadas en sus propias casas por las propias fuerzas iraquíes por no huir a tiempo y permanecer en ciudades y pueblos controlados por este grupo armado.

Hoy son sospechosos de colaborar con ellos. Ninguno ha sido acusado formalmente, sin embargo todos sufren las consecuencias.

Casas y tiendas quemadas, llenas de basura y vandalismo en Jalawla, Irak © Amnistía Internacional

En cuclillas día y noche

“Los detenidos están encajonados en un espacio de menos de un metro cuadrado cada uno, sentados en cuclillas día y noche, sin poder estirarse o tumbarse para dormir, y rara vez se les permite salir al aire libre” afirma Salil Shetty.

Pero fuera de estos centros, el panorama que se presenta en Irak sigue siendo devastador. Muchos han huido en busca de protección. Otros están en campos de personas desplazadas donde no llega la ayuda humanitaria y los bienes de primera necesidad son muy escasos. No es su lucha, sin embargo ellos son los heridos.

No podemos permanecer impasibles ante estas flagrantes violaciones de derechos humanos. Sin justicia y responsabilidades, las atrocidades se legitiman. Digamos algo a los que tienen el deber de protegerles.

También en Irak...

Durante los años 2003 y 2004 soldados españoles participaron en diversas misiones en Irak. Uno de los centros operados por tropas españolas fue “Base España”, en Diwaniya, entre Bagdad y Basora. Entre finales de enero y principios de febrero de 2004, dos personas que se encontraban retenidas en este centro fueron objeto de tortura y otros malos tratos cometidos por soldados españoles.

Estas agresiones fueron grabadas y se publicaron en el diario El País, el 17 de marzo de 2013. Amnistía Internacional tuvo acceso a parte del expediente y ha concluido que la investigación tuvo muchas irregularidades. 12 años después, nadie ha rendido cuentas por los abusos cometidos y las irregularidades cometidas durante la investigación han llevado a la impunidad.

UNA DÉCADA DESPUÉS, LAS IRREGULARIDADES Y LA FALTA DE VOLUNTAD HAN LLEVADO A LA IMPUNIDAD.

 

Es necesario que las autoridades españolas remitan este caso a la jurisdicción ordinaria.

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