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El presidente ruso, Vladimir Putin, durante una conferencia en Moscú. © AP Photo/RIA-Novosti, Alexei Druzhinin, Servicio de Prensa Presidencial

Elecciones en Rusia: ¿varapalo para Putin?

Por Josep Robert Mallafré, coordinador del trabajo sobre Rusia en Amnistía Internacional España, 

Nadie duda de que Vladimir Putin volverá a ser presidente de la Federación Rusa. No tiene oposición. Las elecciones que se celebran este domingo 18 de marzo le conducirán por cuarta vez a la presidencia.

Putin dirige el país desde el año 2000: ocho años como presidente, ocho como primer ministro y, desde el año 2012, como presidente nuevamente. La Constitución rusa no permite más de dos mandatos consecutivos como presidente. Tras las elecciones de 2012, Putin la modificó para alargar de 4 a 6 años la duración de los mandatos y ahora se especula con una nueva modificación de la Constitución para eliminar la limitación en el número de mandatos.

Las elecciones de 2012 estuvieron protagonizadas por grandes protestas de la sociedad civil, que solicitaba un mayor respeto a los derechos civiles y políticos y acusaba al gobierno de fraude electoral. Esas manifestaciones, en su mayoría pacíficas, fueron respondidas de forma violenta y decenas de personas fueron detenidas y encarceladas, muchas de forma injusta. Nada ha mejorado para los derechos de las ciudadanas y ciudadanos rusos desde entonces. El regreso a la presidencia de Putin en el 2012, ha conllevado una involución de los derechos humanos en la Federación.

Es fácil ir recuperando de la memoria noticias que nos recuerdan la delicada situación de los derechos humanos en Rusia. A principios del año pasado, saltaban en la prensa las noticias de la detención, tortura y asesinato de hombres “sospechosos” de ser homosexuales en Chechenia. Los periodistas de Novaya Gazeta, el periódico que dio a conocer la noticia han sido víctimas de amenazas y ataques. Y en Chechenia las amenazas deben tomarse en serio: la periodista Anna Politkóvskaya murió asesinada en 2006; la defensora Natalia Estemírova, en julio de 2009. Y, desgraciadamente, la lista de periodistas y defensoras y defensores de derechos humanos asesinados ha seguido ampliándose desde entonces. Sin que a los perpetradores les pase nada.

También en febrero del pasado año, saltaba en los medios la noticia de la aprobación en la Duma de una reforma que despenalizaba algunas formas de violencia en el ámbito familiar para “proteger los valores familiares”. Una marcha atrás en una legislación que no protege adecuadamente a mujeres y niñas. Recientemente, varias periodistas han acusado al presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Duma de acoso sexual por manosearlas durante unas entrevistas. En la legislación rusa actual, tal conducta no es delito. La respuesta del presidente de la Duma fue que “se buscaran otro trabajo”.


Agentes de la policía rusa detienen a una activista de los derechos de la comunidad LGBTI durante una manifestación contra la política de internet del gobierno ruso. © AP Photo/Pavel Golovkin

Durante los Juegos Olímpicos de Sochi de 2014, la noticia fue la situación de los homosexuales en el país. En 2013 se había aprobado una ley que prohibía “la propaganda a menores de relaciones sexuales no tradicionales”.

Quizás el caso más mediático fuera el de las componentes del grupo Pussy Riot, condenadas a dos años de cárcel por interpretar en la catedral Cristo Salvador de Moscú una canción contra la connivencia de la iglesia ortodoxa y Putin.

Pero tras los casos más conocidos, se esconde un retroceso constante respecto a los derechos humanos que sufren las y los rusos. Cada año se aprueban nuevas leyes que dificultan el trabajo de las ONG (¿recuerdan la acusación de piratería contra componentes de Greenpeace?) y quieren desprestigiarlas obligándolas a llamarse “agentes extranjeros”, limitan el trabajo de los periodistas, posibilitan cerrar páginas web sin autorización judicial, permiten encarcelar a personas por manifestarse pacíficamente o a quienes en las redes sociales critiquen a las autoridades (¡imposible posicionarse contra la guerra en Crimea!). Hoy, personas de carne y hueso son multadas, encarceladas, torturadas e incluso asesinadas por ejercer y defender sus derechos o los de sus compatriotas, a menudo en un ambiente de total impunidad.

Putin volverá a ser elegido. Pero su legislatura seguirá teniendo una larga agenda pendiente de derechos humanos.