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Manifestante ciego por disparos de francotiradores, Calle Mohamed Mahmoud, por Ammar Abo Bakr

Derribad los muros que piden libertad

Rocío Lardinois, estructura de trabajo sobre Norte de África de AI España, 

Han pintado de blanco el centro de El Cairo. Los muros ya no gritan: “libertad para los valientes”, “la desesperación es traición”, “sal a la calle el 25 de enero”, “libertad, pan y justicia”.

No quedan huellas de las manifestaciones de hace cinco años en la plaza Tahrir. Han borrado los eslóganes que exigían libertad y los murales que denunciaban los abusos de las fuerzas de seguridad. Es como si en El Cairo nunca hubiese sido primavera. “Dudamos hasta de nuestros propios recuerdos”, comentan amistades que participaron en las manifestaciones. A principio de marzo, en la calle Mohamed Mahmoud, a un paso de la plaza Tahrir, las excavadoras derribaron el “mural de los mártires”.

A ambos lados de la calle Mohamed Mahmoud, jóvenes artistas, hombres y mujeres, pintaron murales en homenaje a los manifestantes que, allí mismo, murieron o quedaron ciegos por disparos de la policía. Tras la caída de Hosni Mubarak, continuaron las manifestaciones contra una transición política adulterada que dejaba el poder en manos del ejército. De un gobierno a otro, de la junta militar a los Hermanos Musulmanes, el grito de libertad no cejaba. Con el gobierno actual de Abdel Fattah al-Sisi, casi nadie se atreve ya a manifestarse y los muros de El Cairo se han quedado mudos.

Hermano de un manifestante fallecido, Calle Mohamed Mahmoud, por Ammar Abo Bakr

Sarpullido de rebeldía

Al tiempo que la plaza Tahrir se levantaba el 25 de enero de 2011 contra el gobierno de Mubarak, le salía a la ciudad un sarpullido de rebeldía. Durante tres años, los murales documentaron el ansia de libertad de la ciudad y la represión brutal de las manifestaciones. Mientras jóvenes manifestantes morían, El Cairo se llenaba de ángeles tristes por haberse marchado tan pronto.

Los murales eran un noticiero sin censura; contaban lo que los medios de comunicación ocultaban. Daban testimonio de terribles violaciones de derechos humanos. Se burlaban de la televisión, exponiendo sus mentiras. Expresaban lo que muchos no se atrevían a decir en voz alta. Traducían en imágenes lo que sucedía para que todos entendieran. “La gente tiene derecho a saber”, decía Ammar Abo Bakr, el autor de los murales más conmovedores de El Cairo. Tal y como se renuevan en un periódico los titulares y las noticias, borraban y repintaban los muros. Para saber qué pasaba en Egipto, bastaba un paseo por el centro de El Cairo.

Los murales recordaban a las mujeres violadas en la plaza Tahrir y a los círculos del infierno que las engullían. “No temas, les gritaban los hombres, estamos aquí para defenderos”. “¿Es que no ves cómo va vestida?”, escribía en una tapia la pintora Mira Shihadeh. Morían jóvenes manifestándose y escolares en accidentes de trenes, pero sus sonrisas seguían con nosotros. La policía militar pateaba a una manifestante, y allí, quedaba, medio desnuda, la mujer del sujetador azul. Los murales tenían buena memoria.

Los círculos del infierno, Calle Mohamed Mahmoud, por El-Zeft y Mira Shihadeh

Cuando tapiaban calles para detener a los manifestantes, ganaban nuevos espacios para disentir. “No al gobierno militar”. “Ni violencia ni intimidación”. Las grafiteras denunciaban la violencia sexual, institucional y encubierta, contra las mujeres que salían a manifestarse. “No al acoso sexual”, “no a los tests de virginidad contra las manifestantes”, “no desnudéis a las mujeres”, escribía Bahia Shehab.

 

La muerte hace malabares con los ojos de los manifestantes, calle Mohamed Mahmoud, por Salma Sami

Periodo de desmemoria

La subida al poder del general Abdel Fattah al-Sisi en el verano de 2013 abre un periodo de desmemoria y reescritura del pasado más reciente. “Quieren que olvidemos que hace cinco años, los egipcios se levantaron contra una dictadura. Y hace cuatro, los jóvenes gritaban contra una junta militar. Y hace tres protestaban contra la intolerancia de los Hermanos Musulmanes”, me dicen. El olvido engendra impunidad; parece que fue hace tanto tiempo y nadie ha rendido cuentas por la muerte de manifestantes. Los murales desentonan con los planes del gobierno para embellecer El Cairo. Traen malos recuerdos, ¡que los pinten de blanco o los tiren abajo!   

Cansada de tanta inestabilidad, la gente quiere dejar atrás el tiempo de la rebeldía y las manifestaciones. La propaganda desprestigia a los hombres y a las mujeres que lideraron las movilizaciones por un Egipto democrático. El fervor nacionalista tacha de traidores a quienes se desmarcan del gobierno. Es peligroso crear murales que hablen de libertad.

En Egipto, se paga un alto precio por la libertad de expresión. Así como el novelista Ahmed Nagi ha sido condenado a dos años de cárcel por un capítulo tildado de “ofensivo”, también peligran los artistas de murales urbanos. Algunos se han exiliado a países donde los murales no son delito y sus obras se cotizan en galerías de arte. Nadie puede reprochárselo. Tanto se han reducido las libertades que El Cairo lleva tiempo sin parir ningún mural.

El ángel, lateral de la catedral armenia, por Ammar Abo Bakr

Deja que te cuente. A la derecha, a lo largo de la universidad americana, estaba el mural por los hombres y las mujeres que murieron bajo Hosni Mubarak, Mohamed Morsi, y, te lo digo bajito, no vayan a oírnos, el presidente de ahora. Destruyeron el muro de los mártires y si pudieran tirarían abajo la calle entera, para que nadie recuerde que en Egipto la gente gritó: “libertad”.

 

Una mujer, Calle Qasr el-Nil, Ammar Abo Bakr y Ganzeer