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La población civil huye del lugar donde ha caído una bomba de barril, 11 de abril de 2015. © AI/Mujahid Abu al-Joud

Civiles en Siria: La muerte alrededor

Los testimonios no dejan lugar a dudas sobre la brutal realidad de muerte, devastación y terror en Alepo, auténtico símbolo del grave conflicto armado que desangra a Siria, donde los abusos contra los derechos humanos y los crímenes de guerra están a la orden del día.

Sólo cinco países de la región acogen al 95% de las personas refugiadas de Siria. Y a pesar de que se han ofrecido 80.000 plazas de reasentamiento en todo el mundo, hasta ahora sólo una mínima parte de las personas que reúnen las condiciones para ocuparlas ha podido empezar una nueva vida en el extranjero.

Súmate a nuestra campaña #OpenToSyria y pídele al Gobierno español un programa de reasentamiento digno. El reasentamiento es algo positivo que el mundo puede hacer para ayudar a las personas atrapadas en una de las peores crisis humanitarias de nuestro tiempo.

Un residente en esa ciudad –que era el principal centro económico del país hasta hace cuatro años– la describe ahora como “el círculo del infierno”, con “las calles llenas de sangre". Y un trabajador de una fábrica abunda en ese escenario dantesco al recordar que vio "niños sin cabeza y pedazos de cuerpos por todas partes" tras un ataque con bombas de barril en 2014: “Es como uno se imagina el infierno”.

La galería del horror y la desesperanza para la población civil es amplia: bombas de barril y misiles utilizados por las fuerzas del Gobierno; 'cañones del infierno' y otros artefactos explosivos improvisados empleados por los grupos armados de oposición; detenciones arbitrarias –muchas veces acompañadas detortura y otros malos tratos y desapariciones forzadas;condiciones humanitarias en el límite de la supervivencia –escasez de agua, comida y medicinas, pésimas condiciones higiénicas que favorecen la sarna o los piojos–; corrupción e impunidad... De todo eso habla el informe que hace público hoy Amnistía Internacional bajo el expresivo título de ‘Death everywhere’: War crimes and human rights abuses in Aleppo (“La muerte está por todas partes”: Crímenes de guerra y abusos contra los derechos humanos en Alepo).

Barrio de Bustan al Qaser el 6 de abril de 2015 con autobuses en posición vertical, así colocados para proteger a la población civil de francotiradores. © AI/Mujahid Abu al-Joud


Y todo ello con un trasfondo de muerte (casi 200.000 vidas perdidas en el conflicto armado) y de 'expulsión' de sus hogares: al menos 11,6 millones de personas (más de la mitad de la población) se han visto obligadas a huir,de las que 7,6 millones están desplazadas dentro de Siria y 4 millones se han refugiado en otros países. Otro 'círculo' terrible, lleno de dolorosos testimonios de discriminación y sentimientos de pérdida, con un día a día de enfermedades poco o mal tratadas, de acoso a mujeres, de hostigamiento a homosexuales, de pobreza y mala alimentación.  Y con la esperanza en el futuro a prueba de sueños infantiles, como los de aquellas niñas que en su precaria cotidianeidad libanesa disfrutan del mar y "no quieren volver a Siria", porque allí donde vivía "no lo hay"...

Otro 'círculo' terrible es el de las personas refugiadas. Mientras Turquía (1,6 millones), Líbano (1,2 millones), Jordania (600.000), Irak (230.000) y Egipto (140.000) han acogido al menos al 95% de refugiados sirios, el resto del mundo apenas ha ofrecido cobijo al 1,7%, con casos tan sangrantes como los Estados del Golfo, Rusia o China (ni una persona); la Unión Europea apenas se ha comprometido a reasentar a un 0,17%. En cuanto a España, aparte del apoyo financiero y técnico a los países vecinos de Siria, la respuesta también es mínima: 30 personas en el programa de reasentamiento de 2013, 100 en 2014 y 130 previstas en este 2015. Y agravada, además, por las dificultades y limitaciones a las familias sirias que logran llegar a Ceuta y Melilla. En Amnistía Internacional España tenemos en marcha una ciberacción para que el Gobierno aplique de inmediato un programa de reasentamiento digno. ¡Ayúdanos con tu firma!

Para quienes permanecen en Alepo, la situación es aún más dramática. El principal motivo de sufrimiento de la población civil son las mortíferas y destructivas bombas de barril, lanzadas desde helicópteros gubernamentales y fabricadas con barriles de petróleo, tanques de gasolina o bombonas de gas llenos de explosivos, combustible y metralla. Entre sus objetivos figuran escuelas, hospitales, mezquitas y mercados abarrotados de gente, lo que ha empujado a muchos centros sanitarios y educativos a 'refugiarse' en sótanos o búnkeres subterráneos.

La galería del horror y la desesperanza de la población civil es amplia. Y todo ello con un trasfondo de muerte. © AI/Mujahid Abu al-Joud

 

Las bombas de barril y su 'lluvia' de materiales explosivos deja a su paso una auténtica galería del horror, con cuerpos despedazados –"algunos estaban partidos en dos, ya no eran más personas", relata un activista– y heridas "demasiado horribles" que, como subraya un cirujano: "no se ven ni en los libros de medicina".

El carácter indiscriminado de esos ataques se multiplica muchas veces al repetirse a los pocos minutos, cuando la gente acude al rescate de las víctimas de la primera explosión. Si "las bombas de barril son las armas más miserables" y "sabemos que nuestros cuerpos saltarán en pedazos si estallan", como se queja una mujer de 24 años, ese ataque en dos tiempos resulta especialmente atroz. "Oímos una gran explosión. Fuimos a ver, y cinco minutos después cayó un segundo barril. La gente que estaba allí para ayudar también fue víctima, así que no había nadie para ayudar tras la segunda bomba", nos contó un miembro de una organización humanitaria.

Las bombas de barril y su 'lluvia' de materiales explosivos deja a su paso una auténtica galería del horror, con cuerpos despedazados –"algunos estaban partidos en dos, ya no eran más personas", relata un activista– y heridas "demasiado horribles" que, como subraya un cirujano: "no se ven ni en los libros de medicina".

Aunque el Gobierno sirio no ha reconocido ninguna víctima civil por esos ataques, miembros de la Defensa Civil creen que incluso se quedan cortas las cifras manejadas por organizaciones humanitarias y de derechos humanos: más de 3.000 civiles muertos en 2014 en la gobernación de Alepo y más de 11.000 en toda Siria desde 2012. Amnistía Internacional considera, tras documentar ampliamente su carácter de ataques indiscriminados contra la población civil, que se trata de crímenes de guerra y, en algunos casos, de crímenes contra la humanidad.

Especialmente atroz fue el ataque a una escuela en abril de 2014,  justo cuando estudiantes y docentes llegaban a una exposición de dibujos escolares sobre las propias experiencias infantiles del conflicto.© AI/Mujahid Abu al-Joud


Los testimonios son rotundos. En junio de 2014, el objetivo fue un mercado abarrotado de gente, y la segunda bomba estalló a 50 metros de un punto de ayuda humanitaria donde 150 personas hacían cola para recibir alimentos. "Fue puro horror", coinciden los testigos, con cadáveres despedazados y todas las víctimas (al menos 77) civiles; no había la más mínima presencia de combatientes en los alrededores. Y tampoco se libró un hospital, que acumuló en ese mes siete ataques con bombas de barril y misiles.

El uso de armas de mayor precisión como los misiles abona también la idea de una elección deliberada de objetivos civiles. En octubre pasado fue atacada incluso una ambulancia perfectamente identificada en sus puertas y capó con el logo de una organización sanitaria local. Y especialmente atroz fue el ataque a una escuela en abril de 2014,  justo cuando estudiantes y docentes llegaban a una exposición de dibujos escolares sobre las propias experiencias infantiles del conflicto. Profesores y alumnos narran un escenario "indescriptible" de "cuerpos a jirones", "sangre por todas partes" y "niños llorando y gritando", que "parecía que habíamos sufrido un terremoto"; una alumna se quedó cinco días sin habla.


El informe de Amnistía Internacional también documenta crímenes de guerra y abusos contra los derechos humanos cometidos por los grupos armados de oposición. Desde 2014 hasta finales de abril, los testimonios y pruebas documentales registran ataques opositores a áreas residenciales, centros médicos y hospitales, escuelas y patrimonio cultural, incluidas mezquitas y lugares históricos en zonas de Alepo bajo control gubernamental. En tales ataques han sido empleadas armas muy dañinas y mortíferas por su escasa  precisión –morteros y 'cañones del infierno', como se llama a los cohetes improvisados rellenos de bombonas de gas– y por su uso "completamente aleatorio", como denuncia un residente de Alepo. "Nunca te sientes seguro. Te puede tocar en cualquier momento". En casi ningún caso había indicios de que pudiera haber algún objetivo militar próximo.