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Policía militar en la favela de Caju, Río de Janeiro, Brasil. © Luiz Baltar/AI

Brasil: "Gatillo fácil" e impunidad policial

"Los habitantes de las favelas tienen ahora más miedo de la policía que de los delincuentes. Mi hijo fue una víctima más. Estos policías no están capacitados para salvar o ayudar a la gente, sino para matar".

Las palabras de Maria de Fátima, madre de un conocido bailarín brasileño de 26 años muerto por un disparo policial en la espalda, resume a la perfección el recién publicado informe de Amnistía Internacional (AI) “Mataste a mi hijo”: Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro. A doce meses de que se abra el escaparate olímpico de Río 2016, preocupa esa 'otra imagen' de una policía represiva responsable de 1.519 homicidios en los últimos cinco años, casi el 16% de todos los registrados en la ciudad. Y con la impunidad como agravante: sus agentes casi nunca son investigados ni rinden cuentas ante la justicia.

Aunque es uno de los pocos sucesos con policías procesados, el caso del bailarín Douglas Rafael Pereira da Silva guarda inquietantes similitudes con otros. Fue hallado muerto en una guardería de la favela de Pavão-Pavãozinho, en el barrio de Copacabana, después de visitar a su hija de cuatro años. La Policía Militar manipuló pruebas en el lugar. Conocido como DG y un modelo para los jóvenes por su trabajo en un programa televisivo, su muerte provocó protestas en la favela y demandas de justicia por parte de AI y otras organizaciones. Esa lucha por la justicia le ha costado amenazas a su madre.

Protesta el 4 de abril de 2015 por la muerte de Eduardo de Jesús en la favela de Alemão, Río de Janeiro, Brasil. © Luiz Baltar/AI

A doce meses de que se abra el escaparate olímpico de Río 2016, preocupa esa 'otra imagen' de una policía represiva responsable de 1.519 homicidios en los últimos cinco años, casi el 16% de todos los registrados en la ciudad. Y con la impunidad como agravante: sus agentes casi nunca son investigados ni rinden cuentas ante la justicia.

También la familia del niño de 10 años Eduardo de Jesus, muerto a la puerta de su casa por la Policía Militar en las favelas de Alemão, fue amenazada y tuvo que cambiar de residencia. A la madre, Terezinha Maria de Jesus, un agente le puso su rifle en la cabeza cuando se enfrentó a la patrulla que había matado a su hijo y le dijo: “Así como maté a tu hijo, también puedo matarte a ti, porque maté al hijo de un delincuente”.

Terezinha dijo que la policía desmontó casi de inmediato la escena del crimen. Los agentes intentaron llevarse el cadáver de Eduardo, pero los miembros de la comunidad se lo impidieron. Uno de los policías trató de colocar una pistola junto al cadáver para incriminar al niño. Oficialmente, el caso está bajo investigación policial.

Ana Paula,
madre de otro joven de 19 años muerto por un disparo policial en la espalda, protestó porque "se hace aparecer a la víctima como delincuente. Siempre es así en la favela. Tienes que demostrar continuamente que no eres un ladrón". Johnatha de Oliveira Lima iba a llevar a su abuela unos dulces hechos por su madre cuando se produjeron incidentes entre adolescentes y policías en la favela de Manguinhos, en la Zona Norte de Río. Hubo tiros al aire para dispersar a los muchachos, pero un agente disparó hacia las viviendas y una bala alcanzó al joven cuando se alejaba corriendo. Para Ana Paula, la Policía Militar registró falsamente el caso como "resistencia seguida de muerte" porque "están seguros de que quedarán impunes". Y redobló su queja: "Es muy injusto. Muy triste. ¿Cuánto tiempo va a continuar esto? He perdido ese pequeño pedazo de mí, pero mi marido y mi hija también me han perdido, porque nunca seré la misma persona que era". Un policía está acusado de asesinato, pero el juicio está pendiente.


No es fácil procesar a policías en Río de Janeiro por homicidios cometidos cuando estaban de servicio. De hecho, AI ha comprobado que de 220 investigaciones abiertas en 2011 en la ciudad, 183 siguen abiertas y solo se han presentado cargos contra un agente. Y en el informe se acumulan las evidencias de malas prácticas policiales, como la frecuente alteración del escenario de los hechos, la retirada de cadáveres sin la diligencia debida o la colocación de armas u otras “pruebas” junto al cuerpo de las víctimas. Además, los testigos rara vez acuden a declarar por temor a represalias policiales, máxime cuando fallan los programas de protección de testigos y la protección a defensores de derechos humanos. La suma de todo ello es un alto grado de impunidad y un bajo nivel de las investigaciones.

Imagen del padre de Alan de Souza Lima, muerto por la Policía Militar en la favela de Palmeirinha. © AF Rodrigues/AI

El caso del muchacho de 16 años Alan de Souza Lima, muerto por la Policía Militar en la favela de Palmeirinha, puso en evidencia esa fabricación de pruebas y la falsedad de los informes sobre víctimas abatidas en respuesta a supuestos ataques armados a los agentes. Alan recibió cuatro balazos mortales desde un vehículo policial cuando se entretenía con dos amigos grabando un vídeo con un móvil mientras esperaban que llegara una pizza que habían encargado. Su amigo Chauan, de 19 años, cayó herido. No recibieron aviso alguno. En el vídeo se escucha toda la escena, incluida la pregunta de un agente de por qué corrían y la respuesta de un chico: "Estábamos jugando, señor".

El mismo vídeo, divulgado días después, serviría para desmentir el montaje policial de una agresión que no existió, de dos armas en el suelo que los muchachos no portaban, de una resistencia a la autoridad que era puro invento. Solo entonces quedó en libertad Chauan, fueron cesados varios agentes y se abrió una investigación que ha llevado a procesar a un policía por homicidio y a otro por manipulación de pruebas. El caso está pendiente de juicio. "Solo quiero que lo pague quien lo hizo", dice el hermano del fallecido, "porque Alan era una persona buena y trabajadora que estaba estudiando y estaba feliz. Ese hombre acabó con la vida de mi hermano y también con la de mi familia, porque ya no es la misma desde lo que sucedió".

Además del falseamiento de informes para incriminar a las víctimas y exculpar a los agentes causantes de muertes, el documento de Amnistía Internacional recoge una auténtica galería de malas prácticas policiales en Río que en algunos casos encubren ejecuciones extrajudiciales. Hay casos de personas con los brazos en alto tiroteadas, de heridos rematados, de víctimas con sus pertenencias robadas, de impedimentos para atender o evacuar a heridos, de innecesaria tardanza en los traslados al hospital, de amenazas –"no viste nada"– a testigos. Un pésimo escaparate de seguridad para una ciudad que quiere impresionar 'olímpicamente' al mundo.