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Fuente Facebook @Familialuquedelgado

Aire fresco para bebés robados

Por Carmen López (@lacarmenlolo), responsable de Medios de Comunicación en Amnistía Internacional, 

El día que nací yo no había ninguna familia pendiente de la entrega de un bebé. El día que nació María Diana, sí. La familia Ceballos Franco había llegado de México y esperaban, les dijeron "os tenemos preparado algo especial. Pero aún no ha nacido". En el día que nací yo, quizás la suerte estaba echada, y a mí me tocó vivir mi propia vida. A Diana, en el sorteo le tocó una familia bien recomendada y una vida que no tendría que haber sido la suya.

Los primeros y únicos rastros de María Diana Ortiz Ramirez están en torno a la calle O'Donnel, allí se concentran maternidades y el Instituto Provincial de Puericultura de Madrid, antigua Inclusa, donde ingresaban bebés que supuestamente no tenían a nadie. Una zona hospitalaria sobre la que planean denuncias por casos de bebés robados durante años. Allí la registraron, la bautizaron y la dieron en prohijamiento a Nazario y a Ligia Graciela con la intermediación de la Diputación de Madrid y la asistencia del arzobispado. 

El matrimonio volvió a México con una niña y una recomendación: "Registradla como vuestra hija y luego quemad la documentación española". Así quedó reflejado que era la hija biológica de Nazario y Ligia Graciela. En su partida de nacimiento se la registraría como Ligia Graciela, nacida en Mérida, el 29 de mayo de 1968. La adopción nunca llegó a formalizarse.

Foto de familia de Lily con sus padres © Private

María Diana había nacido el 29 de mayo de 1968. Yo, unos meses después en el mismo sitio. Corrimos distinta suerte. Mi madre como la madre de Diana llegó sola a la sala de partos. En esa época no había espacio en las maternidades para maridos y cuando no había maridos las familias no estaban para acompañar a quienes les traían la vergüenza. Mi madre como la de Diana no tenía recursos. Pero mi madre tuvo suerte, horas después del parto pudo abrazarme. La madre de Diana, no. No se ha encontrado ningún papel que revele su identidad y tampoco ninguno que refleje que renunciara a la pequeña.

Cuando pienso en Lily, en los miles de hijos e hijas separados de sus familias durante estos más de 50 años, no puedo evitar ponerme en su piel. No consigo imaginar como habría sido mi vida sin mi madre, sin mi padre, sin mis tias. Tampoco puedo imaginar la vida de mi abuelo sin las horas de juego, de paseos al sol, de charlas, cuentos y risas que compartió conmigo, su primera nieta.
Ni buena, ni mala. Habría sido otra vida.

Lily contaba a Amnistía Internacional: "Mis padres fueron buenas personas, me criaron, me quisieron y me dieron todo lo que pudieron". Pero con estas desapariciones forzadas de bebés en España no se sumaron afectos, se acumuló dolor.

Manifestación para pedir que se investiguen los casos de bebés robados. Investigaciones que en España no prosperan. Fuente Facebook @Familialuquedelgado

Investigaciones que no prosperan

Un dolor que crece porque las investigaciones en España no prosperan. Por ejemplo, de las 2.083 diligencias abiertas por la Fiscalía española, sólo una ha llegado a juicio. Y su anuncio también llegaba esta semana. Los casos de bebés robados son tratados como delitos comunes que prescriben o que se archivan porque los responsables fallecen.

Son tratados como hechos aislados, haciendo oídos sordos a las recomendaciones de Naciones Unidas, que pide que las investigaciones se contemplen como una trama a nivel nacional. Una trama de desapariciones forzadas con el conocimiento del Estado, en la que participaron médicos, religiosas, funcionarios, abogados, presidentes de diputaciones...

Muchas familias han buscado en Argentina la justicia que aquí no encuentran. Ahora México abre la puerta a una nueva investigación. El pasado 15 de febrero, Amnistia Internacional presentaba ante la justicia mexicana una querella por el caso de Lily Ceballos, y la justicia mexicana ha dicho que la investigará.

El sábado por la noche, mi compañero Ignacio Jovtis me llamaba para decirme: "Se va a admitir la querella. México es el segundo país que investigará crímenes del franquismo". Y ya no hay manera de contener las lágrimas. Son muchos años de trabajo desde Amnistía Internacional para que sigan avanzando las investigaciones. Y aunque sólo sea un paso en un camino difícil, es un paso más, y es aire fresco para los bebés robados.

Lily nos decía que España debía pedir perdón por todo el daño que se ha hecho a las víctimas. Pero en Amnistía Internacional pedimos verdad para que se aclaren los miles de casos de posibles desapariciones forzadas de bebés desde finales de la Guerra Civil hasta las primeros años de la democracia. Pedimos justicia, porque estos crímenes no pueden quedarse como si nada hubiera pasado, porque los autores deben ser llevados ante la justicia y el Estado debe asumir responsabilidades. Y pedimos reparación, porque es necesario que se ayude a Lily y a tantas personas, no se sabe el número exacto, pero demasiados miles, a restablecer su identidad y su vínculo familiar.

Estos días me he acordado de Sol Luque, que no la dejaron comprobar si los hermanos mellizos pueden sentir las mismas cosas, y de Flor Díaz, que la privaron de la posibilidad de cansarse de llevar pegado a su falda a su hermano pequeño. Lily, Sol y Flor llevan años luchando para conseguir justicia. Sé que no se cansarán. En Amnistía Internacional tampoco lo hacemos. Y noticias como las que nos llegan desde México nos permiten coger fuerzas para continuar. SEGUIMOS.