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Amnistía Internacional (Foto: Ina Tin)

8 soluciones a la crisis mundial de las personas refugiadas

Un sistema inservible

El sistema mundial de protección de las personas refugiadas está inservible. Es evidente en todas partes, desde Australia hasta los enormes campos de acogida de Sudán del Sur, pasando por las frías calles de Estambul o los muros fuertemente fortificados de la Unión Europea.

Según ACNUR, a junio de 2016, hay más de 21,3 millones de personas refugiadas en todo el mundo, y casi el 50% son mujeres y niñas. Mujeres y niñas que se ven obligadas a huir por motivos similares a los de los hombres, pero que se ven afectadas además por las desigualdades de género, por la discriminación y la violencia que sufren por el mero hecho de ser mujeres y niñas. 

Los gobiernos tienen el deber de ayudarlas. Pero los países más ricos siguen tratando a las personas refugiadas como si fueran un problema de otros.

Escondidos tras sus fronteras cerradas y temerosos de verse "inundados", permiten por conveniencia que otros países más pobres, principalmente de Oriente Medio, África y el sur de Asia, acojan a un increíble 86% de todas las personas refugiadas.

Además, haciendo caso omiso de la mayoría de las peticiones de ayuda humanitaria, dejan a los organismos de la ONU tan en bancarrota que ni siquiera pueden ya proporcionar alimentación suficiente a muchas personas refugiadas.

La desigualdad de género se expresa a lo largo de todo el ciclo de desplazamiento: en los países de origen, durante el tránsito y en el destino.

Esta situación tiene que cambiar ya. Amnistía presenta ocho soluciones para que los líderes mundiales, en particular los países más ricos, puedan comenzar a atajar juntos esta ingente crisis humanitaria.

8 soluciones a la crisis

1. Rutas seguras

Una solución importante es abrir rutas sin riesgos a un lugar seguro a las personas refugiadas. Este medida supone permitir que las personas se reúnan con sus familiares y proporcionarles visados para que no tengan que gastar los ahorros de toda su vida ni que arriesgarse a morir ahogadas para llegar a un lugar seguro.

 2. Reasentamiento

También supone reasentar a todas las personas refugiadas que lo necesiten, especialmente mujeres, niñas y personas en situación de especial vulnerabilidad. El reasentamiento es una solución esencial para la mayoría de las personas refugiadas más vulnerables, como las supervivientes de tortura y las que sufren problemas médicos graves.

Ahora mismo necesitan con urgencia esta ayuda vitalen-que-estamos/blog/historia/articulo/refugiados-sirios-comienzan-una-nueva-vida-en-noruega-gracias-al-reasentamiento/ 1,15 millones de personas. Pero de momento, las naciones más ricas del mundo se ofrecen a reasentar a menos del 10% al año. Amnistía Internacional calcula que al final de 2017 necesitarán reasentamiento 1,45 millones de personas refugiadas.

3. Salvar vidas

Los líderes mundiales deben también dar prioridad a salvar vidas. Nadie debería haber muerto cruzando una frontera; sin embargo, casi 7.000 personas se ahogaron en el Mediterráneo sólo en los años transcurridos desde que se produjo el primer gran naufragio en octubre de 2013.

En mayo de 2015, miles de personas que huían de la persecución en Myanmar estuvieron sufriendo durante semanas a bordo de barcos, mientras Tailandia, Malasia e Indonesia discutían sobre quién debía ayudarlas.

Los Estados deben poner fin a estas situaciones invirtiendo en operaciones de búsqueda y salvamento y prestando de inmediato ayuda a las personas en dificultades.

©AFP/Getty Images

4. No forzar más rutas peligrosas

Además, viajen por tierra o por mar, a las personas que huyen de situaciones de persecución o de guerras se les debe permitir cruzar las fronteras tengan o no documentos de viaje. Obligarlas a retroceder y levantar vallas colosales no hace más que forzar a las personas a tomar rutas más peligrosos en busca de seguridad.

5. Poner fin al tráfico y al racismo

Todos los países deben investigar y enjuiciar a las bandas de traficantes que explotan a las personas refugiadas y migrantes, y poner la seguridad de las personas por encima de todo lo demás. Amnistía estuvo recientemente con supervivientes en el Sudeste Asiático que contaron que los traficantes mataban a las personas en los barcos cuando sus familias no podían pagar el rescate. A otras las arrojaban al mar y dejaban que se ahogaran, y otras morían por falta de comida y agua.

En Libia, por ejemplo, muchas personas eran capturadas por traficantes o vendidas a bandas delictivas. Varias describieron cómo las habían golpeado, violado, torturado o explotado quienes las mantenían cautivas. Especialmente preocupante era la situación de mujeres que eran agredidas sexualmente por los propios traficantes, por tratantes o por miembros de grupos armados. Las agresiones tenían lugar a lo largo de la ruta de tráfico de personas, y mientras las mujeres permanecían retenidas en casas particulares o en almacenes abandonados cerca de la costa esperando embarcar rumbo a Europa.

©REUTERS

6. No culpabilizar a las personas migrantes

Los gobiernos deben también dejar de culpar a las personas refugiadas y migrantes de sus problemas económicos y sociales y, en lugar de ello, combatir todas las clases de xenofobia y discriminación racial. No hacerlo es totalmente injusto, fomenta las tensiones y el miedo a los extranjeros y, a veces, da lugar a violencia, e incluso a muertes.

En Durban, Sudáfrica, al menos cuatro personas murieron, muchas más resultaron heridas de gravedad y más de un millar, en su mayoría refugiados burundeses y congoleses, se vieron obligas a huir tras la violencia y los saqueos que estallaron en abril y mayo de 2015.

7. Fondos suficientes para una ONU "en bancarrota"

“En bancarrota”, así es cómo Antonio Guterres, alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, dijo que estaban los organismos de la ONU en septiembre de 2015. Sencillamente, los países ricos no cumplen sus elevadas promesas de proporcionar fondos para la ayuda a las personas refugiadas allende sus fronteras.

Por ejemplo, la ONU ha recibido menos de la mitad de los fondos que necesita para ayudar a los cuatro millones de personas refugiadas de Siria. Debido a ello, el 80% de las personas refugiadas que viven fuera de los campos en Jordania se están viendo obligadas ahora a aceptar trabajos peligrosos y degradantes o a poner a sus hijos a mendigar.

A la crisis olvidada de personas refugiadas de Sudán del Sur se ha destinado sólo un miserable 18% de los fondos precisos para necesidades absolutamente básicas como los alimentos y las medicinas.

La gente muere mientras los gobiernos gastan miles de millones en controlar las fronteras. Deben garantizar urgentemente todos los fondos necesarios para mitigar las crisis de personas refugiadas del mundo.

© Amnistía Internacional

 
8. El asilo es un derecho humano

El mundo tiene muy poca memoria. Tras la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los países acordaron proteger a las personas refugiadas por medio de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y de organismos de la ONU como ACNUR.

Las vallas de alambre de espino y la falta crónica de fondos han hecho añicos esa visión de un mundo mejor. Al hacer caso omiso de las señales de aviso, los líderes mundiales han permitido que se produzca una inmensa crisis humanitaria global. A la larga, se resolverá poniendo fin a los conflictos y la persecución que obligan a las personas a huir.

Pero nadie sabe cuándo ocurrirá esto. Mientras tanto, necesitamos soluciones radicales, un liderazgo visionario y una cooperación global a una escala no vista en 70 años, y ello pasa por establecer sistemas sólidos de atención a las personas refugiadas: permitirles solicitar asilo, tratar sus solicitudes con justicia, reasentar a las más vulnerables como por ejemplo, mujeres solas, menores de edad o personas con discapacidades, y atender necesidades básicas como la educación y la atención de la salud.

© Amnistía Internacional

No son imposibles

Ninguna de estas ocho soluciones son imposibles de lograr si los políticos escuchan a los millones de ciudadanos y ciudadanas que están dando la bienvenida a las personas refugiadas y ponen la solidaridad y la compasión por encima de la mezquina discusión sobre quién debe acoger a unos cuantos miles de estas personas.

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