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Turquía: tortura en plena calle



¡Gracias!

Esta acción ha finalizado. Hemos sido 6.131 firmantes

Petición antes del cierre

El uso excesivo de la fuerza por parte de la policía turca durante las manifestaciones no debe quedar impune. ¡Actua!

Esta acción ha finalizado (26 de noviembre 2013)

Tras las protestas que tuvieron lugar en Turquía durante los meses de junio y julio, las autoridades turcas deben garantizar que las personas responsables de los abusos cometidos por las fuerzas de seguridad son enjuiciadas. Lamentablemente, los indicios iniciales no son prometedores, mostrando demoras, pérdida de pruebas y obstrucciones de la policía que obstaculizan las investigaciones. Esto subraya la necesidad de que las autoridades turcas establezcan un mecanismo de presentación de denuncias realmente efectivo e independiente.

Las firmas han sido enviadas al Primer Ministro turco, Recep Tayyip Erdogan. Amnistía Internacional seguirá solicitando a las autoridades turcas que garanticen el derecho de todas las personas a la libertad de expresión y reunión en Turquía. Gracias a las más de 6.000 personas que han tomado parte en esta acción.

Petición antes del cierre:

Cinco agentes de policía y uno vestido de paisano empezaron a pegarme. Luego me arrojaron al fuego. Mientras me arrastraban uno de ellos me sacó el ojo. Quiero que se detenga a quienes me hicieron esto y que reciban el castigo más duro posible. Es lo que más quiero.”
Hakan Yaman, golpeado por policías cerca de su casa en Estambul. Sufrió fractura de nariz, de pómulo y de los huesos de la frente y la barbilla. También sufrió quemaduras de segundo grado en la espalda. Perdió un ojo por completo y el 80 por ciento de la visión en el otro.

La brutal represión de las protestas en Turquía este verano significó la violación de los derechos humanos a gran escala. El uso excesivo de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad dejó a más de 8.000 personas heridas y causó la muerte de al menos tres manifestantes.

Las fuerzas de seguridad dispararon munición real, así como balas de plástico dirigidas directamente contra la cabeza y el torso de los manifestantes. Hicieron un uso desproporcionado de gas lacrimógeno y de los cañones de agua. Los botes de gas se emplearon como armas arrojadizas y se dispararon en espacios cerrados, incluidos centros médicos. Según informes, al agua utilizada para dispersar a los participantes en las protestas se añadieron sustancias químicas irritantes. Como castigo, la policía roció con pulverizadores de pimienta los ojos de las personas detenidas. A esto se añaden las brutales palizas propinadas por parte de las fuerzas de policía a numerosos manifestantes, las detenciones arbitrarias y las agresiones sexuales que sufrieron varias mujeres durante su detención.

Cientos de personas se enfrentan ahora a los tribunales exclusivamente por participar en la protestas, sin que haya pruebas de su participación en actos violentos. Muchos de los acusados de organizar las manifestaciones están siendo investigados bajo la legislación antiterrorista. Por su parte, quienes ayudaron a los manifestantes o informaron sobre las protestas, como médicos, abogados, periodistas e incluso comerciantes, han sufrido amenazas y acoso. Frente a esto, la mayoría de los abusos policiales quedarán probablemente impunes ya que apenas ha habido actuaciones judiciales al respecto.

El gobierno turco debe garantizar que nadie será procesado por ejercer su derecho a la libertad de expresión y de reunión pacífica, y ordenar sin demora una investigación independiente e imparcial de las denuncias de uso abusivo y arbitrario de la fuerza, llevando a sus responsables ante la justicia.