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O regresar a un país en guerra o la nada

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¡Buenas noticias! El 9 de febrero el Tribunal Superior paralizó el cierre del campamento de refugiados/as de Dadaab. El fallo reafirma la obligación legal internacional y constitucional de proteger a quienes buscan protección huyendo de la violencia y la persecución. Parar el cierre de Dadaab es un primer paso esencial para respetar los derechos de las y los refugiados en Kenia.

En la sentencia, el juez JM Mativo dice que las órdenes del gobierno eran discriminatorias y constituían castigo colectivo. También las describía como excesivas, arbitrarias y desproporcionadas. La decisión del Tribunal Superior responde a la petición de organizaciones de derechos humanos de Kenia, apoyadas por Amnistía Internacional. El campo iba a ser cerrado el 30 de noviembre de 2016 pero el gobierno anunció un retraso de seis meses por motivos humanitarios. El cierre hubiera dejado más de 260.000 personas refugiadas de Somalia con ningún sitio donde ir.

La mayoría de los testimonios recogidos por Amnistía Internacional en el informe publicado en noviembre de 2016 acusaban al gobierno de Kenia de coaccionarlos para que volvieran a Somalia contra su voluntad. Ahora Kenia y la comunidad internacional deben buscar soluciones alternativas, incluidas opciones para la integración local.

Petición antes del cierre

Incertidumbre total para los cientos de miles de personas refugiadas del campo de Dabaab, en Kenia.

Aisha es una de las 260.000 personas somalíes que vive en el campo de refugiados de Dadaab. Es el campo de refugiados más grande del mundo. Las autoridades de Kenia quieren cerrarlo y que estas personas regresen a sus países de origen, que significa Somalia en la inmensa mayoría de los casos.

Teniendo en cuenta que Somalia es una país en guerra, en el que reina la violencia y la inseguridad, sin acceso a atención sanitaria y de otros servicios, la mayoría de las personas, comprensiblemente, no quieren volver.

El gobierno se escuda en razones de seguridad para justificar el cierre de este campo y a la falta de apoyo internacional a Kenia en la acogida de la población refugiada que ha estado haciendo prácticamente en solitario durante décadas. La ONU tampoco ha conseguido reasentar a un número significativo de personas de este campo y reducir su población.

En este contexto se está sometiendo a las personas refugiadas a una presión creciente para que regresen a Somalia de forma “voluntaria”. Las raciones de comida en el campo se han reducido y   las autoridades han advertido que quien no regrese antes del 30 de noviembre, no recibirá un paquete de ayuda económica. No hay plan alternativo para quien no quiere volver a Somalia.

Pero ¿quién quiere volver a un país en el que el asesinato, secuestro, la violación y el reclutamiento de niños y niñas es generalizado? ¿en el que no hay acceso a educación ni sanidad? Ayúdanos a encontrar alternativas para Aisha y las cientos de miles de personas que están en su situación.