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Ayuda a Haití a resurgir de los escombros

La familia Laguerre delante de su chabola
Familia Laguerre, residentes en Village Grace de Dieu, una comunidad asentada en la zona de Canaán, en la periferia norte de Puerto Príncipe, tras el terremoto de 2010. © AI
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Gracias por haber firmado esta ciberacción. Todas las firmas serán entregadas en mano por Amnistía Internacional a las autoridades haitianas para pedirles que actúe a favor de los habitantes de Canaán, y de todas las personas desplazadas por el terremoto que asoló el país hace cinco años. Queremos que estas personas sean protegidas de desalojos forzosos y que se les permita el el acceso sostenible a una vivienda adecuada.

Petición antes del cierre

Cinco años después del terremoto que sumió a Haití al borde del colapso, decenas de miles de personas siguen sin hogar.

En los días posteriores a la terrible tarde del 12 de enero de 2010 cuando un terremoto dejó sin hogar a dos millones de personas, la máquina de la solidaridad se puso en marcha y se recaudaron miles de millones en donaciones y los organismos internacionales de todo el mundo enviaron ayuda y personal de apoyo.

Sin embargo, cinco años después la situación está lejos de resolverse. Un ejemplo de ello es el caso de Jacqueline.

El terremoto destruyó la casa en la que vivía de alquiler, de modo que se refugió en uno de los muchos campamentos improvisados que surgieron en Puerto Príncipe. Diez meses después, decidió abandonar el campo de desplazados para huir de la masificación y la inseguridad, que habían alcanzado niveles intolerables. Así pues, recogió las lonas y demás artículos que le habían proporcionado los organismos humanitarios y se trasladó a una zona de las afueras llamada Canaán, al norte de la capital.

Canaán parecía una buena elección: unos meses después del desastre, el entonces presidente había expresado su intención de expropiar este amplio terreno en aras del interés nacional. Al igual que miles de personas, Jacqueline pensó que el Estado invertiría en Canaán y lo convertiría en un lugar seguro donde empezar a reconstruir su vida.

Sin embargo, se equivocó: el Estado no solo no proporcionó ninguna ayuda para edificar viviendas seguras y adecuadas, sino que tampoco llegó a finalizar el proceso de expropiación, por lo que los residentes del campo tuvieron que hacer frente a personas que afirmaban ser dueñas de las tierras y que intentaron desalojar a muchos de ellos por la fuerza.

Jacqueline vive en una casa de cemento a medio construir sin electricidad ni agua potable y con un agujero en el exterior que hace las veces de retrete. A Jacqueline le gustaría quedarse en donde vive, que el estado les llevara agua y electricidad y que transformara el área en una zona habitable con escuelas y un hospital.

Le gustaría tener una vivienda digna y sostenible. Un deseo compartido por miles de personas en Haití. ¡Ayúdala!