

Actualización a 27 de marzo de 2012
Tras cuatro décadas en espera de ejecución, una reciente decisión judicial brinda la esperanza de un nuevo juicio a Masaru Okunishi.
Un atardecer de marzo de 1961, en el pueblo de Kuzuo, en el centro de Japón, Masaru Okunishi, granjero de unos 35 años, asistía a una reunión en un centro comunitario local.
Entre los congregados aquella noche en el centro comunitario se encontraban la esposa de Okunishi… y también su amante.
Se sirvió a las mujeres vino, que Masaru Okunishi había llevado a la reunión. Los hombres bebieron sake, y todo el mundo brindó por el éxito de la red que estaban creando.
Sin embargo, de repente las cosas se torcieron. Después de beber un vaso o dos, la esposa de Okunishi, su amante y otras tres mujeres empezaron a encontrarse mal. Se llamó urgentemente a un médico, pero las cinco mujeres murieron poco después. Otras doce mujeres enfermaron de gravedad.
A la mañana siguiente, el granjero fue conducido a la comisaría local. Durante cinco días fue sometido a intensos interrogatorios, sin la presencia de un abogado, hasta que, para primeras horas de la mañana del 3 de abril, la policía le extrajo por la fuerza una confesión. Okunishi fue acusado formalmente del asesinato de las cinco mujeres.
Los análisis mostraron que el vino contenía productos químicos agrícolas, pero no se hallaron pruebas que demostraran que Okunishi lo había envenenado. Masaru Okunishi se retractó más tarde de su confesión, diciendo que la había realizado bajo coacción.
En 1964, el Tribunal de Distrito de Tsu absolvió a Okunishi por falta de pruebas. La fiscalía, no obstante, apeló contra la sentencia. El Tribunal Superior de Nagoya revocó la decisión del tribunal inferior y, en 1969, condenó a Okunishi a muerte, decisión confirmada por el Tribunal Supremo en 1972.
Hoy día, Okunishi permanece recluido en régimen de aislamiento en un centro de detención de la ciudad de Nagoya, en el centro de Japón. Ya tiene más de ochenta años, y ha pasado más de 45 bajo custodia, 40 de ellos condenado a muerte. Los tribunales han rechazado seis peticiones de un nuevo juicio.
En abril de 2005, el Tribunal Superior de Nagoya decidió reabrir el juicio, citando para ello nuevas pruebas que podrían demostrar su inocencia.
Sin embargo, tras el recurso presentado por la fiscalía, el Tribunal, en diciembre de 2006, anuló su decisión. Posteriormente, el Tribunal Supremo devolvió el caso al Tribunal Superior de Nagoya, que en octubre de 2011 ordenó que se analizaran las pruebas químicas, y que debe emitir una resolución sobre la petición de un nuevo juicio.
Si el Tribunal opta por un nuevo juicio, Okunishi tiene bastantes probabilidades de ser absuelto, según dijo Kazuko Ito –su abogada desde hace 17 años– a Amnistía Internacional desde Tokio.
Ito, que también es secretaria general de la ONG japonesa Derechos Humanos Ya, considera que el caso de Okunishi es el típico de una persona inocente atrapada en el defectuoso sistema de justicia japonés.
“Lo tuvieron bajo custodia durante 49 horas sin permitirle dormir o descansar lo suficiente. Son condiciones duras. Lo obligaron a confesar, y esa confesión es la única prueba en su contra”, ha manifestado.
Varios condenados a muerte de Japón fueron, al parecer, obligados a “confesar” un crimen durante los interrogatorios policiales. Pese a ello, sólo cuatro condenados a muerte han sido sometidos a un nuevo juicio y liberados en el país.
El sistema de justicia penal de Japón es notoriamente lento, y la mayoría de los sentenciados a muerte se ven condenados a pasar el tiempo que les queda en condiciones inhumanas. A 5 de marzo había 132 personas condenadas a muerte en el país; todas ellas permanecían recluidas en régimen de aislamiento.
Según los informes, algunos presos han sobrevivido al aislamiento a base de somníferos, y muchos sufren trastornos mentales a causa de sus condiciones de reclusión.
¿Y cómo ha conseguido Okunishi mantenerse cuerdo?
“Es un hombre muy fuerte”, ha dicho Ito.
“Lleva muchos años luchando, y su razón de ser es vindicarse. Su determinación le da un motivo para vivir”.
Recibe visitas frecuentes de su hermana menor, pero sus hijos apenas han tenido oportunidad de visitarlo en prisión.
No obstante, Ito conserva el optimismo respecto a la posibilidad de que Okunishi sea absuelto en breve.
“La ejecución de un inocente es el crimen más atroz. Hay que impedir esos crímenes de injusticia, por eso decidí hacerme cargo de este caso”, ha manifestado.
“Me llamo Kumamoto Norimichi. Yo era uno de los tres jueces que debía dictar sentencia en la causa instruida en 1968 contra Iwao Hakamada. Objetivamente, las pruebas de que él hubiera cometido el crimen eran prácticamente inexistentes, pero no pude convencer a los otros dos jueces, así que tuve que declararlo culpable. No pude soportar la carga sobre mi conciencia, por lo que a los seis meses renuncié a mi puesto de juez. Todavía hoy me siento culpable. Nunca será suficiente mi arrepentimiento por lo que hice”.
Iwao Hakamada es el preso que más tiempo lleva en el corredor de la muerte en todo el mundo. Fue condenado a muerte en 1968 tras ser declarado culpable en un juicio injusto del asesinato del jefe de la fábrica donde trabajaba, su mujer y sus hijos. Iwao confesó su culpabilidad tras ser interrogado durante 20 días, sin contar con la presencia de un abogado. Más tarde se retractó y declaró que fue golpeado y amenazado por la policía para que firmara la confesión. Al parecer, algunas pruebas presentadas en el juicio adolecían de deficiencias: la ropa manchada de sangre que se encontró en la fábrica era demasiado pequeña para que fuera de Iwao, la puerta por la que se afirmó que había entrado en la casa estaba cerrada con llave y el cuchillo que se utilizó era demasiado pequeño para causar heridas mortales.
Desde entonces, y como consecuencia de los 43 años que lleva recluido, algunos en régimen de aislamiento, Iwao Hakamada padece una enfermedad mental. Le está prohibido hablar con otros presos o ver la televisión, entre otros beneficios personales. El riesgo de ejecución es constante a menos que reciba el indulto del ministro de Justicia o se le conceda la celebración de un nuevo juicio.
En este sentido, y con el fin de evaluar la solicitud de repetir el juicio, el Juzgado de Distrito de Shizuoka encargó el pasado mes de diciembre de 2011, tanto de la Fiscalía como de la defensa para que lleven a cabo nuevas pruebas de forense, comprobaciones de ADN sobre la ropa que, según indicaciones de la Fiscalía, había llevado a la hora de cometerse el crimen Hakamada y los rastros de ADN encontrados en la ropa que habían llevado puesto los víctimas del crimen. Los resultados que se entregaron por ambas partes el 22 de diciembre de 2011, resultaron no concluyentes.
A fin de evaluar esta solicitud de un nuevo juicio, el Tribunal de Distrito de Shizuoka encargó el pasado mes de diciembre de 21011a expertos, tanto de la acusación como de la defensa que se llevaran a cabo nuevas pruebas forenses relacionadas con la comparación de huellas de ADN en la ropa que, según la Fiscalía, Hakamada llevaba en el momento del crimen, así como de los rastros de ADN que se encontraron en la ropa usada por las víctimas del delito. Los resultados de estas pruebas no fueron concluyentes. Mientras que la defensa encontró que las huellas de ADN no eran compatibles, el procesamiento concluyó que los tipos de ADN en la ropa Hakamada y las que se encuentran en la ropa de las víctimas puede venir de la misma persona, lo que lleva a la Corte de Distrito de Shizuoka a solicitar pruebas complementarias cuyos resultados se esperan en el mes de abril de 2012.
Fue condenado a muerte en 1993 por dos asesinatos, un delito de lesiones con resultado de muerte y un robo. Antes de su detención, ya había presentado desórdenes mentales. Ha apelado en varias ocasiones con resultados negativos. Otro hombre también acusado por el mismo caso ha testificado que Matsumoto no estuvo implicado en los asesinatos. Actualmente, Matsumoto expresa en voz alta pensamientos que reflejan su enfermedad mental, como que se está viendo afectado por radiaciones de microondas. Además sufre fuertes dolores de cabeza. Sus abogados han presentado un nuevo recurso en el que piden que se celebre un nuevo juicio. A pesar de ello, Matsumoto Misao podría ser ejecutado en cualquier momento.
Condenado a muerte en 1985, solicitó apoyo a la Federación Japonesa de Colegios de Abogados (JFBA) en 2001 alegando que el Centro de Detención de Tokyo “me ha implantando un artilugio de microcomunicación para ensayar la telepatía artificial y la transmisión remota de dolor”. La JFBA decidió investigar la razón por la que Muramatsu estaba en el corredor de la muerte y consultó con un psiquiatra independiente que les recomendó que el preso fuese entrevistado por un especialista. Frente a la resistencia de la autoridades penitenciarias a permitir tal entrevista, un psiquiatra analizó la información disponible y, a la vista de los resultados, la JFBA escribió al Ministro de Justicia señalando que Muramatsu Si-ichiro muestra “varios síntomas (paranoia, alucinaciones auditivas, megalomanía y pensamiento incoherente) de esquizofrenia o psicosis penitenciaria. Sabiendo que el preso sufre una grave enfermedad mental, la orden de ejecución no debería firmarse”. A pesar de todo, Muramatsu Sei-Ichiro continúa en el corredor de la muerte bajo riesgo de ejecución.
Fue condenado a muerte en 1993 por un doble asesinato y robo. También su hermano fue condenado a muerte pero posteriormente se suicidó. El condenado apeló en dos ocasiones, pero su sentencia fue confirmada el año 2000. Se cree que Matsumoto Kenji sufre discapacidad mental debido a un envenenamiento por mercurio. Sus abogados han argumentado que no es competente desde un punto de vista penal y han presentado un nuevo recurso en el que piden que se celebre un nuevo juicio. Hace un año escribió una carta en la que afirmaba, entre otras cosas, que estaba siendo perseguido por radar y que había recibido un premio en metálico del primer ministro japonés, del presidente de Estados Unidos y de una actriz estadounidense. Los presos vecinos han expresado a los abogados su preocupación por el bienestar de Matsumoto Kenji.
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