
Jeffrey Landrigan, indígena estadounidense de 50 años de edad, fue ejecutado en Arizona el 26 de octubre. Había sido condenado a muerte por el asesinato de Chester Dyer en 1989. En su juicio, celebrado en 1990, su abogado no presentó pruebas atenuantes sobre el historial de abusos y privaciones que había sufrido ni sobre las consecuencias sobre el acusado. En 2007, la juez que presidió el juicio, ya retirada, declaró que no habría dictado una condena de muerte si hubiera tenido conocimiento de esas pruebas atenuantes, especialmente el tipo de pruebas periciales de expertos en salud mental presentadas durante el proceso de apelación. La ex juez fue uno de los testigos que comparecieron en una vista de indulto ante la Junta de Indultos Ejecutivos de Arizona el 22 de octubre de 2010. Declaró a la Junta que, en su opinión, Jeffrey Landrigan debería haber sido condenado a cadena perpetua
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