Lourence Z. Misedah ha sido rechazado por su familia, excluido de la universidad y convertido en objeto de amenazas homófobas. Todo por atreverse a dar la cara en televisión para defender los derechos de la comunidad homosexual de su país, Kenia.
Además de estudiar en la universidad, Lourence también era el representante de los jóvenes en las reuniones de GALCK (Coalición de gays y lesbianas en Kenia), una organización creada en el año 2006 para cobijar a diversas organizaciones e individuos pertenecientes a estos colectivos. Su objetivo es promover la defensa, el reconocimiento y la aceptación de los derechos humanos de la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales). Siguiendo el principio de que la unión hace la fuerza, pensaron que juntos harían mejor frente a los abusos verbales, sexuales y físicos que sufren debido a la criminalización de la homosexualidad en Kenia.
En enero de 2007 se celebró en Nairobi el Foro Social Mundial, el mayor encuentro anual de organizaciones e individuos contrarios a la globalización. Parecía una plataforma idónea para impulsar las reivindicaciones de la comunidad LGBT y algunos activistas osaron dar la cara. Entre ellos estaba Lourence, que accedió a realizar algunas entrevistas que se emitieron por las televisiones nacionales. La reacción fue fulminante. Su familia rompió toda relación con él y le echaron de la universidad. “Llevaba el pelo teñido de rubio, me lo tuve que afeitar para evitar ser atacado en la calle”, recuerda.
A pesar de todo, los miembros de GALCK consiguieron agitar conciencias. Fueron muchas las personas que se acerca ron a curiosear o a buscar información en la carpa que montaron durante el Foro. Era la primera vez que pasaba algo así en Kenia, que se hablaba tan abiertamente de los derechos de los homosexuales. Y la Comisión Nacional de Derechos Humanos reconoció que su responsabilidad era proteger los derechos de todos los kenianos, incluidos gays y lesbianas.
Pero para Lourence las amenazas fueron en aumento y tuvo que huir a Uganda en marzo de 2007. Tampoco es un país fácil para los homosexuales pero, al menos, allí nadie le conoce. Colabora con Amnistía Internacional y con otras organizaciones pero lo que espera es poder volver pronto a su país para continuar sus estudios y sobre todo “la lucha por la liberación del colectivo LGBT en mi país”.
“Tenéis que ser fuertes y no permitir que os silencien. Hay que seguir luchando para conseguir igualdad de derechos para todos”, anima Lourence a otros activistas, y concluye con un mensaje: “Creo que otro mundo es posible y que algún día lo llegaremos a ver”.