Aunque nació en la República Democrática del Congo (RDC), Camille Mwana Busi se considera un ciudadano del mundo. De su país tuvo que huir porque el Gobierno le perseguía debido a sus actividades de denuncia de las violaciones y abusos de los derechos humanos que se estaban cometiendo. Se refugió en Uganda en el año 2000, pero también aquí se ha convertido en un elemento “molesto” para el Gobierno y ha sido detenido en varias ocasiones, aunque siempre ha habido alguna organización internacional que ha intercedido por él.
“Cuando llegué a Uganda enseguida me di cuenta de que los derechos humanos eran igualmente ignorados, en particular los de los refugiados. Por eso comencé a organizar a otros activistas de la RDC para actuar en un doble sentido, frente a nuestro país de origen y frente a nuestro país de acogida”. Con este objetivo fundó la asociación Intervention Humanitaire pour l’Homme en Danger dans les Grands Lacs, cuyo ámbito de actuación es, como su propio nombre indica, los Grandes Lagos africanos (Ruanda, Burundi, Uganda y zonas de RDC, Tanzania y Kenia). “En esta región la gente ha sido víctima de guerras totalmente injustificadas y de políticas de explotación. Por eso queremos aportar algo al futuro”.
Y pensando en el futuro han diseñado un ambicioso proyecto educativo dirigido a los menores más vulnerables en estos países, como son los menores soldados y los menores refugiados. Quieren crear una red de escuelas para prepararles intelectual y moralmente. Pero antes de nada tienen que empezar por darles alojamiento, comida, vestido y servicios médicos. “Nuestro principal problema es de orden financiero. Dependemos todo el tiempo de la buena voluntad de las personas”.
Además, Camille presta ayuda a quienes investigan las violaciones y abusos a los derechos humanos en la región de los Grandes Lagos. Viaja a los lugares, busca testigos, habla con las víctimas, recopila fotografías. Son imágenes inquietantes de personas torturadas, de enfrentamientos por motivos tribales, de cuerpos mutilados, de mujeres y niñas violadas que han perdido la razón o que llevan grabado el sufrimiento en el rostro...
“Es necesario que cada vez haya más activistas que enseñen a la sociedad civil y a los Gobiernos el significado de los derechos humanos. Estoy seguro de que si hubiese más información, la violencia dejaría de reinar en el mundo”, asegura convencido Camille. Optimista a pesar de todo.