Bellah Nyamoga trabajaba con mujeres y niñas violadas durante las guerras en la República Democrática del Congo (RDC). Como miembro de la organización Action pour l’Education aux Droits (AED), era la responsable de un proyecto que tenía por objetivo “cuidar” –ésa es la palabra que elige, no otra– a los centenares o miles de mujeres que fueron víctimas de violencia sexual en su región en el primer lustro de esta década.
En la RDC las mujeres han sido utilizadas por los distintos grupos militares como descanso del guerrero, trofeos de guerra o esclavas sexuales...Desde 2003, la organización AED ha documentado 1.500 casos de violencia sexual contra mujeres en su zona de actuación, la región oriental de Sud Kivu.
“Es tremendo ver a estas mujeres”, relata Bellah. “Algunas han sido violadas hasta en cinco ocasiones. Llegaba un grupo armado y las violaba, llegaba otro y las violaba, llegaba otro y las violaba... Violaban a mujeres de todas las edades, hay casos desde 10 años hasta 60. Entraban en los pueblos, las cogían y se las llevaban a los bosques cercanos. Teníamos que hacer algo”.
Y lo que hacían era primero escucharlas, después prestarles atención médica y, en caso de que hubiese alguna prueba, llevar el caso a los tribunales. Muchas mujeres no quieren presentar denuncias porque temen que sus agresores vuelvan. Por eso una buena parte del proyecto consistía en ir de pueblo en pueblo explicando a las posibles víctimas que las iban a proteger. Sólo después de ese trabajo de sensibilización las mujeres se iban acercando a su oficina y empezaban a hablar.
Los problemas para AED comenzaron en 2004, cuando Bukavu fue escenario de violentos combates entre los grupos armados y las fuerzas gubernamentales. Uno de estos grupos conocía la organización y a las mujeres que trabajaban en ella. Un día Bellah recibió una carta de amenaza: “Ellos consideraban que las mujeres a las que violaban eran sus ‘esposas’ y en esa carta me decían que si continuaba entrometiéndome también me harían su ‘esposa’. Tuve que dejar mi país”.
Bellah huyó a Uganda en 2005 y allí continúa. Sus dos hijos, de 4 y 6 años, siguen viviendo en la RDC junto a su marido y al resto de familiares. De vez en cuando, si la seguridad lo permite, va a visitarles. Cuando se sienta más segura regresará para seguir ayudando a las mujeres víctimas de violencia sexual a encontrar justicia.