“Sí, somos homosexuales pero también seres humanos y tenemos derechos”
SAMUEL KIZZA GANAFA
UGANDA

Su lucha comenzó al reclamar asistencia para las personas gays y lesbianas afectadas por el VIH/sida en Uganda. Samuel Kizza Ganafa se topó entonces con una doble barrera de leyes y discriminación que aún sigue en pie.

La homosexualidad en Uganda es un delito castigado con penas de cárcel. Por ello el Plan nacional de Acción contra el VIH/sida no incluye a la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales). Cuando fundó la asociación Spectrum Uganda Iniciative en 2003, el objetivo de Samuel era simplemente aunar esfuerzos en la batalla contra la enfermedad: “Hay personas enfermas de sida que tienen miedo de ir al médico porque podría quedar al descubierto su homosexualidad”.

Enseguida se dio cuenta de que la batalla era otra. Todas las organizaciones a las que acudió en busca de ayuda le dijeron que no podían colaborar con Spectrum porque iba contra las leyes vigentes. Fue entonces cuando decidió lanzar una campaña para reformar las leyes. Hasta ahora no han tenido mucho éxito pero al menos han conseguido que cambie la posición oficial del Gobierno. Ha pasado de negar la existencia de homosexuales en Uganda a decir que es un vicio importado que hay que erradicar.

El Gobierno ha emprendido una dura campaña homófoba en los medios de comunicación que ha puesto en peligro a muchas personas. En mayo de 2005 el periódico sensacionalista The Mirro r publicó el nombre de Samuel debajo del titular “Identificado el líder de los gays”, e instaba a actuar contra ese “comportamiento abominable”. Poco después el periódico oficial New Vision pedía a las autoridades que detuviesen a todos los sospechosos de homosexualidad. En agosto de 2006, el periódico Red Pepper publicó una lista de 45 nombres, incluido el de Samuel, junto a sus direcciones personales y lugares de trabajo.

“Desde ese día tengo miedo de hacer algo ofensivo que me pueda costar mi empleo. Es evidente que algunos compañeros del trabajo se han distanciado por miedo a que se les relacione con lo que está pasando”, relata. Algunos miembros de la comunidad LGBT se han ido del país, otros han sido extorsionados por la policía o han sido detenidos.

“El mundo debe saber que el Gobierno no nos trata como a iguales. Por eso vamos a los congresos internacionales y decimos, sí, somos homosexuales pero también seres humanos y tenemos derechos”. Aunque de una forma más discreta, Samuel continúa en la lucha, reconfortado por el apoyo que está recibiendo sobre todo desde el exterior, pero también de algunas personas valientes en el interior.