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Udi Nir, 20 años, Israel

A Udi lo encarcelaron por negarse a cumplir el servicio militar y ahora trabaja activamente para conseguir la participación de jóvenes en campañas de derechos humanos. © Active Stills.org

Del activismo he aprendido que los derechos humanos tratan de la solidaridad. El apoyo que recibí de los activistas de Amnistía Internacional mientras estuve en prisión me ha enseñado lo importante que es apoyar la lucha en favor de los derechos humanos y a los activistas de todo el mundo, y lo mucho que eso influye, por muy lejos que estén.

 

Me hice activista a los 13 años, cuando entré a formar parte del movimiento juvenil del partido político israelí Meretz. Más tarde, fui elegido presidente de Our Colours (Nuestros Colores), movimiento israelí de jóvenes que aboga por la igualdad de derechos y por los derechos de las minorías y se centra en oponerse a la ocupación israelí y defender los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero (LGBT).


Cuando tenía 17 años me uní a la Red de Jóvenes de Amnistía Internacional Israel y participé en el campamento de verano de 2007 “Our Rights Our Future” (Nuestros derechos, nuestro futuro) en Irlanda, que reunió a jóvenes activistas de Israel y Palestina, Bélgica e Irlanda.

 

Preso de conciencia

El año siguiente me uní al grupo Shministim, formado por graduados de enseñanza secundaria israelíes que se niegan a servir en el ejército israelí. Me enfrenté a muchas críticas y perdí muchos amigos, pero mi familia me apoyó. Debido a mi objeción de conciencia, me enviaron a la prisión militar durante 21 días y luego estuve cuatro meses más bajo la custodia del ejército, luchando por mi liberación. Me convertí en objeto de una de las acciones “Life Line” de AI Dinamarca.

 

Apoyo mundial

El tiempo que pasé en prisión fue la etapa más dura de mi vida. Nos daban nuestro correo semanalmente. Todo el mundo recibía una o dos cartas de amigos y familiares, pero yo tenía un paquete enorme de cartas de apoyo desde todo el mundo y solía quedarme despierto toda la noche leyéndolas. Lo que más me ayudó a aguantar durante todo ese tiempo era saber que había gente en todo el mundo que compartía mis valores y apoyaba mis acciones.


Después de que me liberaran del ejército (y de la cárcel) entré a formar parte del personal de Amnistía Internacional Israel como coordinador nacional del trabajo con jóvenes, y ahora pertenezco al Órgano Consultivo y de Acción Internacional sobre Jóvenes. También participo en la lucha pro derechos de lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero y en New Profile (Nueva Perspectiva), organización feminista de mujeres y hombres que abogan por la desmilitarización de la sociedad israelí.

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