

En 1989 fui detenido, torturado y encarcelado por escribir y repartir folletos que criticaban la discriminación del Gobierno butanés contra los habitantes del sur del país, de habla nepalí. Al año siguiente, Amnistía Internacional me adoptó como preso de conciencia, y luego fui elegido preso del mes. Tras la campaña de preso del mes de septiembre de 1991, aumentó la presión sobre el Gobierno butanés en mi favor, hasta conseguir una mejora en el trato y mi excarcelación temprana.
Tras mi liberación, me marché a los campos de refugiados de Nepal. Trabajé en defensa de las víctimas de violaciones de derechos humanos en Bután, y participé en varios foros internacionales, incluida la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra.
En 1996 y 1997 coordiné una marcha por la paz desde los campos de refugiados hasta Bután, que puso a los refugiados butaneses en el radar internacional. Organicé actividades de rehabilitación para ex presos políticos, trabajé con otras organizaciones para que intervinieran en favor de las víctimas de tortura, e hice campaña por el derecho de los refugiados a regresar a sus casas.
En febrero de 2009 me trasladé con mi esposa y nuestro hijo al sur de Australia, donde continúo con mi trabajo de defensa de los derechos humanos. Mi activismo me ha enseñado a no rendirme. Es una larga lucha en este mundo; la justicia no siempre se alcanza fácilmente pero, suceda lo que suceda, nunca debes perder la esperanza.
Uno de los desafíos principales fue convencer al mundo de lo que estaba sucediendo en Bután, cuando el Gobierno creaba la impresión de que este era uno de los países más felices del mundo. Me motiva la creencia de que, algún día, la verdad prevalecerá. Sé que, finalmente, la verdad saldrá a la luz.
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