
Cuando era joven me uní a un movimiento político de izquierdas, pero después de muchos años pensé que era demasiado limitado. Los derechos humanos son universales, indivisibles y aplicables a toda clase de personas de todo el mundo, así que pasé del activismo político estrecho de miras al activismo por los derechos democráticos y el activismo por los derechos humanos.
Fui un miembro activo de la Asociación para la Protección de los Derechos Democráticos en Bengala Occidental. Hice todo lo que pude para luchar contra la tortura a manos de la policía, los disparos de la policía contra multitudes inocentes y la violencia y las muertes bajo custodia. Dirigí varios equipos de investigación sobre violaciones graves de derechos humanos. En muchos casos, estas investigaciones revelaron actos brutales de la policía y de la administración estatal.
En un incidente ocurrido en 1997, la policía, respaldada por un influyente promotor inmobiliario, saqueó un hospital establecido por unos trabajadores que sufrían un cierre patronal. Inicié actuaciones judiciales contra la policía. El caso fue remitido a la Comisión de Derechos Humanos de Bengala Occidental y los policías fueron declarados culpables.
En 1993, la policía del estado de Bengala Occidental (India) secuestró a un obrero eventual de una fábrica de tejidos de yute, lo torturó bajo custodia y luego lo hizo desaparecer. Hubo protestas y, como resultado de mis averiguaciones, se abrieron actuaciones penales contra la policía.
En 2008, la administración estuvo a punto de ordenar el desalojo forzoso, sin compensación alguna, de más de 6.000 personas que vivían en la pobreza extrema en un vertedero municipal, buscando comida en la basura. Luché contra la administración en la calle y en los tribunales.
En 2004, un hombre acusado de violación y asesinato fue ahorcado en la Prisión Central de Alipur. Me manifesté con velas frente a la prisión, junto con otros miembros de nuestra organización, para protestar contra la pena de muerte.
La tortura es un proceso lento concebido para convertir a la víctima en un ser indefenso, dependiente y privado de toda su humanidad. Las víctimas de los abusos de la policía son tragadas por una cultura de silencio: temen las repercusiones si denuncian, y este temor suele estar fundado. Tenemos que romper el silencio para obtener justicia para las víctimas. Si las víctimas denunciaran, la sociedad se vería obligada a cambiar el sistema.
En 1993, mientras celebraba el Día de los Derechos Humanos en Assam, fui detenido junto con varios destacados defensores y defensoras de derechos humanos. En 1994 la policía colocó una bomba en mi casa y mi esposa y mi hijo recibieron amenazas. En 2005, de nuevo la víspera del Día de los Derechos Humanos, fui detenido y llevado a los calabozos centrales de Lalbazar junto con otros destacados defensores y defensoras de derechos humanos. En 2008, la policía allanó la oficina de Banglar Manabadhikar Suraksha Mancha (MASUM) —nuestra organización de derechos humanos— y en abril de 2010 fui detenido de nuevo por la Unidad Antiterrorista de la Policía de Calcuta por dirigir un “Tribunal Popular sobre la Tortura”. Amnistía Internacional emitió una declaración pública en mi apoyo y me siento realmente agradecido por ello.
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