
Yang Chunlin hacía campaña en favor de agricultores chinos cuyas tierras eran confiscadas para proyectos de desarrollo. En 2008 fue declarado culpable de “incitar a la subversión del poder del Estado” y condenado a cinco años de prisión. Ha estado recluido en régimen de incomunicación y ha sido torturado: en varias ocasiones le estiraron y encadenaron las piernas y los brazos a las cuatro esquinas de una cama de hierro, lo que le provocaba un dolor intenso, y lo obligaron a comer, beber y defecar en esa posición. Amnistía Internacional lo considera preso de conciencia.
La Unión Europea debe pedir la liberación inmediata de Yang Chunlin y, conforme a sus Directrices relativas a la Tortura, manifestar preocupación por la tortura que se le ha infligido.
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