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Motivos de preocupación

Crisis en el norte de África y Oriente Medio

Migrantes, la mayoría procedentes de Marruecos y el Sáhara Occidental, interceptados por la guardia costera española
Ola de protestas en Túnez. © REUTERS/Zohra Bensemra

A finales de 2010, la combinación de la constante brutalidad estatal y la crisis económica mundial hizo perder la paciencia a las poblaciones del norte de África y se enfrentaron a la represión gubernamental ejercida durante decenios. Torpemente, los gobiernos de la región habían optado por sofocar la disidencia, y las fuerzas de seguridad habían recurrido a la represión y la tortura, abusando ampliamente de su poder. Ninguno de ellos quiso abordar a tiempo los motivos políticos, económicos y sociales que provocaron las quejas. 

El punto álgido fue diciembre de 2010, cuando en un acto desesperado un joven tunecino, Mohamed Bouazizi, se prendió fuego en público haciendo estallar las protestas en su país y en toda la región .

Las causas de las protestas llevaban años larvándose, como ya había documentado Amnistía Internacional en sucesivos informes anuales, en los que poníamos de relieve la violencia estatal, las desigualdades sociales y la falta de libertades en la región, y calificábamos la situación de “bomba de relojería”. 

Las terribles condiciones de las personas que viven en la pobreza en la región, como en los asentamientos informales de El Cairo, o en situación de paro, como muchos jóvenes en Yemen, se agravaron aún más con la crisis económica mundial, poniendo al límite la paciencia de la gente corriente.

Miles, millones de personas han salido a la calle durante meses en toda la región para reclamar dignidad y justicia. Los manifestantes han demostrado que las ganancias obtenidas en materia de derechos humanos no las “conceden” los gobiernos, sino que las hacen y las consiguen los pueblos. Con su poder transformador, la “primavera árabe” que ha vivido la región tiene importantes enseñanzas para el mundo desde el punto de vista de los derechos humanos.

Hoy es evidente que las cosas han cambiado radicalmente en la región. Los gobiernos saben ahora que tienen que esforzarse más aún por satisfacer las aspiraciones de sus pueblos,  ofrecer rendición de cuentas y transparencia y respetar los derechos humanos. 

Se han alcanzado importantes logros en materia de derechos humanos en Túnez y Egipto, donde el poder del pueblo ha derrocado a gobiernos represores anclados en el poder, conocidos por sus abusos permanentes.

En Argelia se ha levantado el estado de excepción, que llevaba 19 años vigente, si bien tienen todavía que verse las consecuencias plenas de esta medida.

En Libia, las protestas degeneraron en conflicto armado, y han muerto miles de personas.

En Siria, el gobierno se ha enfrentado a los manifestantes con represión, matanzas, desapariciones forzadas y tortura.

La oleada de protestas ha animado también a los activistas de los derechos políticos de países como Irán, Bahrein, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Omán y Kuwait a expresarse abiertamente, aunque por lo general se les ha respondido con represión. 

En una situación tan inestable como la actual, nadie sabe a ciencia cierta cual va a ser la situación de los derechos humanos en la región a corto y medio plazo. Pero Amnistía Internacional trabajará para que los derechos humanos sean la “hoja de ruta” de los cambios que están por llegar y para que las violaciones a los derechos humanos -tanto pasadas como presentes-salgan a la luz, sean investigadas y juzgadas.

 

Impunidad

La impunidad sigue siendo piedra angular de la política aplicada en los países del Norte de África.

En Argelia, por ejemplo, las autoridades bloquean las investigaciones sobre los graves abusos perpetrados durante el conflicto interno de la década de 1990.

En Marruecos y el Sáhara Occidental, el proceso de determinación de la verdad sobre las desapariciones forzadas cometidas durante el gobierno del rey Hasán II, instaurado en 2004, parece estancarse.

 

Pena de muerte

En algunos Estados de la región se siguen condenando a personas a la pena de muerte, y en países como Egipto, algunas son ejecutadas.

Sin embargo, varios países de la región son abolicionistas en la práctica, como Marruecos y Sáhara Occidental, Argelia y Túnez, y en 2009 el Gobierno argelino se mostró firme partidario de un llamamiento al establecimiento de una moratoria mundial.

 

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