
Transcurrido más de cinco años de la invasión de Irak por parte de Estados Unidos y las fuerzas aliadas, el país sigue sumido en la desesperación, inmerso en la barbarie y continuas matanzas.
Los resultados de la maniobra militar pasan por haber situado a Irak entre los países más peligrosos del mundo, donde la población malvive en un ambiente insostenible de violencia. Violencia que queda impune y que no hace distingos con mujeres y niños.
La situación económica sigue siendo crítica para la mayoría de los iraquíes, que sufren a consecuencia de la falta de alimentos, alojamiento, agua y servicios sanitarios, educación, servicios de salud y puestos de trabajo. Se estima que la tasa de desempleo se situaba en torno al 50 por ciento a finales de 2007, que el 70% de los iraquíes no tienen acceso a agua potable y que el 43% vive con menos de un dólar al día. Ocho millones de iraquíes, casi un tercio de la población, necesitan ayuda de emergencia.
Debido a la invasión, la población desplazada es de más de cuatro millones de personas, cifra que representa el 15% del total de la población iraquí, estimada en 27 millones de personas, mientras la Fuerza Multinacional y las fuerzas de seguridad iraquíes mantienen recluidas a unas 60.000 personas, sin cargos, que no ven respetados sus derechos fundamentales, víctimas de torturas, tratos vejatorios y temerosas de ser condenadas a la reinstaurada pena de muerte.
Para perseguir la violación sistemática de los Derechos Humanos en Irak, Amnistía Internacional considera fundamental la creación de un comité que proteja y promueva los derechos humanos de los iraquíes, labor que han de llevar a cabo tanto el gobierno de Irak como la comunidad internacional.
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