

En el contexto de la llamada “guerra contra el terror” liderada por Estados Unidos tras los atentados del 11-S en Nueva York y Washington, las violaciones de derechos humanos cometidas por agentes estadounidenses en Europa, Irak, Afganistán, Guantánamo y otros lugares del mundo han sido muchas y variadas, y han incluido desapariciones forzadas, tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes; en algunos casos con resultado de muerte bajo custodia.
Estas violaciones también han incluido detención prolongada en régimen de incomunicación, así como otras formas de detención arbitraria e indefinida, traslados internacionales secretos de detenidos sin el proceso debido (las llamadas “entregas extraordinarias”) y juicios en las denominadas “Comisiones Militares”, que se sitúan fuera de la legalidad internacional y adolecen de una flagrante falta de garantías.
Amnistía Internacional acogió con satisfacción las medidas tomadas por el presidente Barack Obama al inicio de su mandato en enero de 2009, encaminadas a cerrar Guantánamo, poner fin a las detenciones secretas de la CIA y acabar con el secretismo de la administración Bush, pero todavía quedan medidas que no se han llevado a término o que quedan aún por tomar, sobre todo en el marco de la rendición de cuentas de las personas responsables de violaciones de derechos humanos y de reparación de las víctimas. Amnistía Internacional lleva pidiendo desde 2004 una investigación independiente y exhaustiva al respecto.
Estados Unidos debe cumplir la promesa realizada por el presidente Obama en su toma de posesión: rechazar como falsa la elección entre seguridad y derechos humanos. La transparencia, la rendición de cuentas y el respeto por los derechos humanos deben ser las características esenciales de su mandato.
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