

A pesar de que en los dos últimos años la Asamblea General de la ONU ha aprobado por amplia mayoría dos Resoluciones en las que se pide la moratoria mundial del uso de la pena de muerte y que cada vez mas países la han abolido, Estados Unidos sigue siendo uno de los cinco primeros verdugos del mundo, con 37 ejecuciones en 2008.
Algunas cifras son escalofriantes: Terry Lee Hankins se convirtió el 2 de junio de 2009 en el preso número 200 en ser ejecutado en Texas en los ocho años y medio que llevaba de mandato en esa fecha el gobernador Rick Perry. En 2008, Texas llevó a cabo la mitad de todas las ejecuciones efectuadas en Estados Unidos.
Durante los casi seis años en que George W. Bush fue gobernador de Texas, se llevaron a cabo 152 ejecuciones. Las 352 ejecuciones aplicadas en Texas durante esos dos mandatos equivalen al 30 por ciento del total de las ejecuciones en Estados Unidos desde la reinstauración de la pena de muerte en 1977.
Por otra parte, continúan las ejecuciones de personas con enfermedades mentales, a las cuales Amnistía Internacional se ha opuesto especialmente, y que engrosan un triste currículo de desprecio a la vida humana.
Desde 1973 más de 130 personas han sido liberadas de los corredores de la muerte tras haberse demostrado su inocencia.
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