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El legado de los Juegos
Desplazamiento forzoso: Casa semidemolida en el distrito de Qianmen en Beijing. © Dubin
Desplazamiento forzoso: Casa semidemolida en el distrito de Qianmen en Beijing. © Dubin

Activistas de derechos humanos pacíficos y otras personas que han criticado públicamente la política oficial del gobierno han sido víctimas de la “limpieza” oficial antes y durante las Olimpiadas, en un evidente intento de que el país ofreciera una imagen de “estabilidad” o “armonía” ante el mundo durante los Juegos. Este acoso sistemático a los defensores de derechos humanos indica que los Juegos Olímpicos no han actuado como catalizador de reformas, y que más que contribuir a reducir el número de violaciones de derechos humanos han contribuido a aumentarlas.

Tanto en China como en el resto del mundo, muchas personas tenían grandes esperanzas de progreso en la situación de los Derechos Humanos como consecuencia de los Juegos Olímpicos. Lamentablemente, las autoridades no han tomado las suficientes medidas para cumplir con los compromisos adquiridos en 2001 en materia de derechos humanos.  El peligro ahora radica en que tras los Juegos, las violaciones de derechos humanos se intensifiquen una vez que China ha dejado de ser el centro de atención mundial.

Amnistía Internacional no se ha opuesto a la celebración de los Juegos Olímpicos en China y ha planteado en repetidas ocasiones a las autoridades Chinas medidas concretas para fomentar un entorno más favorable a los derechos humanos durante las Olimpiadas de Pekín de agosto de 2008 y después de ellas.

Sin embargo, las autoridades han hecho caso omiso de esas recomendaciones, y ante la falta de compromiso de otros gobiernos y del Comité Olímpico Internacional, han aprovechado las Olimpiadas para tratar de dar al resto del mundo una imagen de paz y armonía intentando ocultar las graves violaciones de derechos humanos que se producen actualmente en el país.