
VALENTINA ROSENDO CANTÚ es un ejemplo de lucha y superación. Mujer, indígena y pobre. En 2002 fue violada por dos militares mexicanos mientras otros seis contemplaban la agresión. No dudó en denunciar, pero a pesar de reconocer a los militares que la violaron, se puso en duda su relato y los tribunales militares archivaron su demanda. Desde entonces no ha parado de pedir justicia para ella y para otras mujeres que han pasado por lo mismo.
En agosto de 2010, la Corte Interamericana de Derechos Humanos resolvió a favor de tu caso exigiendo al gobierno mexicano que haga justicia, ¿qué avances ha habido desde entonces?
Ninguno. He tocado en todas las puertas de México para que se haga justicia, pero todavía no se ha conseguido. El gobierno no quiere investigar y el caso sigue en la justicia militar. Lo que pedimos es que pase a la justicia civil porque no confiamos en los militares pues ya llevamos nueve años de lucha sin resultados. El problema es que nunca se investigan entre ellos y los tribunales militares no son eficaces.
¿Por qué no se investiga a los militares? ¿Cómo se van a investigar ellos mismos cuando son militares los que han cometido un delito?
El gobierno da más la razón a los culpables que a las víctimas. Protege a los militares porque no quiere que se sepa todo lo que está pasando. Yo los veo como “los hijos del Gobierno”.
¿Crees que algún día tu caso llegará a ser juzgado ante un tribunal civil?
Sí, queremos que los militares paguen por el daño causado. Confiamos en que llegue el día en que sean juzgados. Mientras tenga vida, voy a seguir luchando. Siempre he dicho que la esperanza es lo último que muere. Voy a alzar la voz no sólo por mi caso sino por el resto de mujeres que están en mi misma situación.
La sentencia de la Corte obligaba al gobierno a reparar el daño causado. ¿Ha hecho algo al respecto?
Hemos tenido algún encuentro para exigir que se cumpla toda la sentencia pero aún no hemos tenido respuesta. Además de justicia, queremos que se reconozca públicamente que siempre he dicho la verdad. Se llegó a poner en duda tu testimonio Sí. Fue muy difícil poner una denuncia. Primero, porque no me creyeron y segundo porque soy mujer indígena y por aquel entonces entendía el español pero no lo hablaba.
Sabiendo que es muy difícil que un militar sea juzgado, ¿cómo dio el paso para denunciar?
Lo que me hizo decidirme fue mi hija, mis hermanas y todas las mujeres que están en mi situación. Sé que mi caso está ahora en todos los países y eso me ayuda a seguir y ayuda también a que casos como el mío no vuelvan a repetirse.
¿Qué cambios propondrías en la justicia mexicana?
Primero, es necesario tener seguridad a la hora de poner una denuncia y que esta sea con todas las garantías. En segundo lugar, no tener que esperar tanto tiempo para obtener justicia y por último, poder acceder a un juicio justo ante un tribunal civil.
¿Son frecuentes en México las violaciones a mujeres por parte de militares?
Sí, hay muchos casos. Algunas mujeres logran denunciar y otras no. En caso de denunciar, tu denuncia queda archivada y no se investiga. En mi comunidad, en la región de Mepha - estado de Guerrero-, muchas mujeres son violadas. También en otros lugares y países, y la mayoría son mujeres sin recursos y con miedo a denunciar. Te has convertido en un ejemplo para muchas mujeres Otras mujeres no alzan la voz por miedo, por vergüenza, por el posible rechazo de la familia y la comunidad. Además, cuando estás casada, tu marido y tu familia te pueden abandonar. Alzar la voz es muy difícil porque estás luchando contra los gobiernos para obtener justicia. Las amenazas también son un freno. En mi caso, quisieron raptar a mi hija de la escuela.
¿Las amenazas han sido lo más duro?
Sí, tuve que abandonar mi comunidad y no puedo vivir con mis padres por las amenazas de los militares. Mi hija está viviendo en un sitio distinto al de su origen. Abandoné mi hogar. Me fui a la ciudad donde conseguí un trabajo estable pero seguí recibiendo amenazas y me tuve que ir también de allí. Ahora estoy en otro lugar pero no quiero decir dónde. En su día los militares me ofrecieron dinero para callarme, pero no acepté. Yo siempre he dicho que no estoy haciendo esto por dinero sino para obtener justicia.
¿No has pensado nunca en abandonar tu lucha?
Sí, alguna vez lo piensas. Es una desesperación muy grande saber que sales a la calle y puedes ser reconocida. Eso me da miedo. Son muchos los problemas a los que te has tenido que enfrentar, ¿por qué continúas? Es algo que mucha gente me pregunta. A veces hasta yo misma no me entiendo y no sé de dónde saco las fuerzas. Creo que sigo luchando porque veo la esperanza de muchas mujeres. Sé que esto cuesta y no es fácil pero es necesario para mí y para otras mujeres.
¿Qué dirías a las mujeres que no se atreven a denunciar?
Entiendo que es muy difícil dar ese paso pero deben alzar la voz y luchar, porque es más doloroso quedarse callada que seguir luchando. Encontrar a alguien que te dice que tú puedes, que eres una mujer fuerte te anima a continuar. Siempre hay personas que te apoyan, que te escuchan y que te comprenden.
¿Quién te ha respaldado?
Al principió me sentí muy sola porque no encontraba una palabra de aliento, pero a lo largo del camino he conocido a varias personas y organizaciones que me han apoyado. He recibido muchas cartas de Amnistía Internacional de distintos países y eso te da ánimos, es una esperanza. En la organización que lleva mi caso he encontrado a una familia y a unos amigos. Ya no me siento sola.
Estos días has estado recorriendo Europa.
Sí, he pasado por Alemania, Francia, España y posteriormente Reino Unido. En todos los países a los que he llevado mi testimonio sé que la gente me ha escuchado y me ha tenido en cuenta. Se han quedado sorprendidos porque no conocían lo que se está viviendo en México y para mí es muy importante contar con ellos. Los altos cargos con los que me he reunido me han dicho que van a hacer todo lo posible para que la sentencia de la Corte se cumpla y yo he visto muy buenas intenciones.