
Jesús Emilio Tuberquia y Noelia Tuberquia han pasado por Europa de la mano de Amnistía Internacional representando a la Comunidad de Paz San José Apartadó de Colombia, finalista del premio Sajarov de Derechos Humanos que concede el Parlamento Europeo. Sus vidas son el reflejo de los enormes sacrificios que enfrenta una Comunidad empeñada en reivindicar la vida en medio de tanta muerte.

¿Cómo y cuándo nació la Comunidad de Paz de San José Apartadó?
Jesús E. Tuberquia.- Fue voluntad de varios campesinos ya cansados de vivir en medio de la guerra. Amparándonos en los tratados internacionales y en el derecho internacional humanitario firmamos en 1997 una Declaratoria de Comunidad de Paz. Nuestra propuesta era no colaborar con ninguno de los actores armados.
Algo que no gustó al poder
JET.- Cuando la estábamos presentando sabíamos que tendríamos que colocar muchos muertos. Hasta ahora más de doscientos. En 2005 se produjo una masacre coordinada por el Comandante General de las Fuerzas Militares de Colombia, Mario Montoya que hoy es embajador en la República Dominicana. Mataron a siete miembros de la Comunidad de Paz y un campesino de la zona. Entre las víctimas hubo cuatro menores de edad. Les abrieron el estómago, los despedazaron y después los tiraron a una fosa. Los tratados internacionales de respeto a la población civil en medio de la guerra no se cumplen. La Comunidad de Paz hemos trabajado en ese sentido, en defender la vida, en exigir los derechos de la población civil, en visibilizar toda esta grave violación a los derechos humanos.
¿Que buscan con esta gira?
JET.- En Colombia es muy difícil hallar espacios en los medios de comunicación. Aquí, que tenemos esa oportunidad, queremos denunciar que es el mismo Gobierno colombiano el que ha legitimado el paramilitarismo. Juan Manuel Santos, el actual presidente, siendo ministro fue el mayor responsable de los “falsos positivos”1. El Estado colombiano está buscando todos los mecanismos para exterminar las Comunidades que estén denunciando la verdad. Por ejemplo, muchas ONG que están acompañando las Comunidades también están siendo amenazadas.
Noelia Tuberquia.- Con esta gira por Europa, además de mostrar las violaciones a los derechos humanos de las que somos víctimas, tratamos también de ver si es posible establecer un comercio estable de los productos que nuestra Comunidad produce para poder viabilizar su desarrollo.
¿Cuáles son las razones de fondo para que sufran tantos ataques?
JET.- Están detrás de nuestras tierras. Ahí hay petróleo, oro, carbón, agua. El desplazamiento, las masacres que hacen, las amenazas diarias son porque están detrás de los recursos naturales que hay en nuestra zona. Además, para el Estado colombiano es bastante grave el trabajo de difusión sobre las violaciones a los derechos humanos que llevamos a cabo. Por último, ver más de mil campesinos como una sola familia, que trabajamos unidos y que seguimos ahí juntos se ve como un foco social que hay que exterminar.
¿Hay multinacionales implicadas?
NT.- Hay multinacionales de petróleo, como Repsol, o de carbón, de oro, de babano o la misma Coca Cola. Por ejemplo, está Chiquita Brands a quien demandamos porque tenemos documentos de pagos de más de 700 millones de dólares, la introducción de miles de armas, millones de munición para los paramilitares que asesinan a nuestros hermanos. Hacemos una denuncia con documentos en la mano, presentamos pruebas claras y contundentes. En Colombia, donde hay multinacionales, hay historial de masacres.
¿Cómo es la vida en su Comunidad de Paz?
NT.- Nuestra Comunidad sobrevive del cultivo y la exportación del cacao que trabajamos en grupos de cinco a ocho familias. Y cada ocho días se saca uno para trabajar para la Comunidad. También tenemos un sistema de educación propio impartido por algunos jóvenes que ya han terminado la secundaria y enseñan la primaria a los niños y niñas. Trabajamos un proyecto de alfabetización. Hay un restaurante escolar. Tenemos guarderías. La idea es seguir construyendo todo esto que antes teníamos y que la Fuerza Pública destruyó. Nos quemaron los cultivos y las viviendas. No aceptamos ninguna ayuda del Estado. Para poder llevar adelante nuestro proyecto necesitamos el acompañamiento internacional porque hay muchas personas amenazadas.
¿Como conviven con el dolor y con esa necesidad de seguir luchando?
NT.- Uno tiene claro que se va a morir. Nosotros hemos vivido, sobre todo en las zonas rurales, esa zozobra desde niños. Nos acostumbramos, pero es algo muy duro. La Comunidad ha servido mucho para la denuncia, para dejar constancia de que no nos vamos a quedar callados. Antes vivíamos individualmente, cada cual en su finca. Hubo muchas masacres. La Comunidad ha servido para unirnos, hacer grupos de trabajo grandes. Pero uno tiene claro que por lo que está haciendo, cualquier día puede morir, porque muchos ya han muerto por decir la verdad. Y sabemos que también a nosotros nos van a matar, pero estamos haciendo un trabajo bueno defendiendo la vida y luchando por el territorio. Mientras uno esté vivo tiene que seguir luchando por la Comunidad. Somos la voz de los que no pueden hablar, porque muchas matanzas son silenciadas por miedo.
1 Revelaciones que involucran a miembros del Ejército de Colombia con el asesinato de civiles inocentes para hacerlos pasar como guerrilleros muertos en combate.