
Elyes Baccar, director de cine tunecino, estuvo recientemente en Barcelona para presentar en el Festival DOCS su película "Rouge Parole", un documental sobre la revolución y la caída del régimen de Ben Alí. Durante dos meses, Elyes se echó a las calles de Túnez para rodar, a veces hasta con su móvil, las manifestaciones populares, las discusiones, la alegría, las dudas de una población que dijo basta para reclamar libertad y derechos humanos y que veía a su alrededor como las protestas se extendían a países de la región como Libia o Egipto. Eran los primeros pasos de la "Primavera árabe".
Nacido en Túnez en 1971, Elyes Baccar es licenciado en dirección de cine por el CLCF de París y ha desarrollado su carrera profesional en países como Francia, Pakistán, Palestina y Qatar, entre otros, trabajando en cine, televisión y producción de musicales. Rouge Parole es el primer largometraje que rueda en su país.
Ha pasado más de un año desde el comienzo de las protestas en Túnez y a fecha de hoy, a pesar de haberse tomado algunas medidas positivas, aún quedan muchas cosas por hacer. ¿Cuál cree que son los principales retos a los que se enfrenta la sociedad tunecina?
El primer reto es económico. Hay que reiniciar la economía y desarrollar sectores que no funcionaban, y que fueron desencadenantes de las protestas populares. Hay que enfocar la economía de un modo distinto porque lo que se venía haciendo no funcionaba. En segundo lugar, debemos profundizar en la libertad de expresión, en la independencia de los medios de comunicación del poder, algo que con Ben Alí era inexistente. El Gobierno estaba acostumbrado a tener a los medios a su lado, en bloque. Hay que perder ese miedo a criticar y fiscalizar el poder por parte de los medios, aunque por ahora no lo vemos demasiado. El episodio de la multa que una cadena de televisión debe pagar por emitir la película “Persépolis”, por ejemplo, nos demuestra que aún queda mucho por recorrer.
El expresidente Ben Alí está en libertad en Arabia Saudí, familiares de fallecidos a manos de las fuerzas de seguridad afirman que los responsables de estas muertes siguen libres... ¿Teme que los abusos cometidos puedan quedar impunes como denuncia en su película?
Sí, existe el temor. Ningún francotirador ha sido detenido ni juzgado. Si no se lleva a los tribunales a los culpables de esas muertes de manifestantes mucha gente se preguntará para qué se hizo la revolución si no vemos la justicia por ninguna parte. No confiaremos en la independencia del sistema, de la justicia y precisamente lo que necesitamos es reforzarla. El caso de Ben Alí es triste, porque incluso en su juicio in absentia ha sido condenado por cargos poco importantes y no por los graves: es un caso clarísimo de triunfo de la impunidad.
¿Cómo ve actualmente la situación de la libertad de expresión en Túnez? ¿Ha experimentado mejoras? ¿Se puede hablar de un Túnez libre?
En Rouge Parole se ve a un montón de gente hablando y discutiendo en las calles, en el aeropuerto, participando en asambleas, comentando los libros prohibidos que empiezan a llegar de nuevo a las librerías… Eso ya es un triunfo de la libertad de expresión. El pueblo de Túnez estaba herido, frustrado y asustado porque no podía expresarse en libertad y ahora vive lo contrario, una explosión de libertad. Es un proceso de recuperación: los tunecinos se expresan en cualquier sitio y en todo momento para sentirse vivos. Pensad que una generación entera estaba amordazada, la herida era muy grande y ahora se expresan y discuten abiertamente porque llevaban muchos años esperando para ello.
Tras años de ostracismo, las mujeres parecen seguir teniendo un papel secundario en el espectro político de Túnez. En las elecciones del pasado mes de octubre su presencia fue mínima. ¿cuándo y de qué manera van a lograr las mujeres el peso y respeto que merecen?
Esa es una cuestión decisiva para el futuro de Túnez. Seguramente las mujeres tunecinas son de las más emancipadas, preparadas y presentes en la sociedad civil del mundo árabe y sin ellas la revolución no hubiera tenido lugar. Las mujeres son fuertes en Túnez, pero existe un peligro real de involución, grupos que intentan dar un paso atrás en los derechos de las mujeres, en cuestiones como, por ejemplo, la extensión de la poligamia o el derecho a la educación. Algunos intentan ahora sacudir todo esto, pero las mujeres plantan cara. Será una dura batalla porque no es un asunto que afecte únicamente a las mujeres: es de todos, de todo el país, y no vamos a permitir un paso atrás.
Las protestas en Túnez se dispararon a raíz de un hecho: la inmolación de Mohammed Bouazizi. Este acto recuerda a otros similares como el de Ryszard Siwiec en Polonia o el estudiante checo Jan Palach en contra de la invasión soviética de Checoslovaquia. ¿Se necesitan actos de este calibre para despertar conciencias? Si Mohammed Bouazizi no se hubiera inmolado, ¿habría prendido la mecha de las protestas en Túnez?
Hubo catorce Bouazizis. Catorce jóvenes como él que se inmolaron y nadie habló de ellos. La acción de Bouazizi provocó ese efecto por varios factores: por el hartazgo de la sociedad tunecina, que ya estaba al límite, porque su familia y entorno contactó con los medios de comunicación, porque el enfado empezó a canalizarse en las redes, bloggers, Facebook. Muchas piezas completaron el puzzle, y no solo Bouazizi, pero está claro que su caso se convirtió en un símbolo y fue la chispa que encendió el fuego.
Uno de los factores que contribuyeron a la extensión y posterior triunfo de las protestas en Túnez fue Internet y el uso de las redes sociales, hasta el punto de que el Gobierno decretó un “apagón informativo”, bloqueando el acceso a sitios web y cerrando cuentas de correo electrónico de ciberactivistas. ¿Cómo valora este uso que la sociedad tunecina dio a las nuevas tecnologías?
Hay que dejar claro que la revolución no se realiza con un blog, un artículo en un periódico, un video en Youtube o en Facebook, o una película. Es el hambre, la frustración, la indignación lo que acaba dando energía a la revolución. La fuerza de una persona que sufre los efectos del hambre, de la pobreza, de la muerte de un hijo a manos de la policía, no tiene comparación con lo que alguien escriba en un blog. Dicho esto, es evidente que el uso de las nuevas tecnologías ha multiplicado el efecto de las protestas y, sobre todo, ha servido para superar las fronteras y que el mundo conociera lo que estaba pasando en Túnez. Lo vemos cada día lamentablemente en Siria y esos videos horribles de matanzas en Youtube. Podemos considerar las nuevas teconologías como el medio que lleva a buen puerto la revolución, pero no es el motor. Para Rouge Parole, yo mismo utilicé Facebook para saber donde ocurrían cosas esos días, donde se organizaban manifestaciones o actos. Incluso grabé algunas escenas con mi smartphone…
¿Qué opinión le merece el “contagio” de la primavera tunecina a otros países de la región como Egipto, Siria...?
Es complicado porque yo creo, de verdad, que la única revolución en la región que realmente ha triunfado es la tunecina, aunque nos queda mucho por hacer. En Libia se produjo una guerra y no está nada claro qué intenciones tienen los que ostentan el poder ni el juego de intereses extranjeros por el control del petróleo. En Egipto mandan los militares, no la sociedad civil. En Siria la situación es dramática. Creo sinceramente que en Túnez somos afortunados por estar realizando una transición democrática y eso no lo veo en los otros países. En Túnez tenemos la suerte de que nuestra población está altamente alfabetizada y, al final, la educación se convierte en una cuestión clave.
¿Piensa que, tras este año de protestas, la percepción de Túnez en el exterior ha cambiado?
Seguramente sí. En Francia, por ejemplo, te escuchan más que antes cuando denunciabas los excesos de Ben Alí. No te juzgan, quieren ayudarte. Creo que hemos ganado respeto en el ámbito internacional como ejemplo de proceso democrático, en contraste con la guerra de Libia o la tutela militar de Egipto. Estamos demostrando al mundo cómo se puede construir un nuevo país con más participación de la sociedad civil.
¿Qué percepción tienen los tunecinos y tunecinas acerca de la solidaridad de activistas y la sociedad internacional?
Es importante porque tenemos que construir un país nuevo, democrático, y el acompañamiento internacional contribuye a ello. Desde fuera nos llegan conceptos sobre los que hacía muchos años que no se hablaba en Túnez, como derechos humanos, democracia, elecciones libres, sociedad civil organizada… Son herramientas que ahora debemos abordar con apoyo internacional, pero con nuestra propia visión de las cosas. Yo creo que la clave es empoderar a la potente sociedad civil tunecina para cerrar la puerta a cualquier deriva autoritaria, y contar para ello con la solidaridad de activistas internacionales nos fortalece.