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La represión y la violencia a manos del Estado continuarán azotando, con toda probabilidad, a Oriente Medio y el Norte de África en 2012 a menos que los gobiernos de la región y las potencias internacionales abran los ojos a la magnitud de los cambios que se les demandan.

Esta es una de las conclusiones que recoge Amnistía Internacional en un informe sobre los dramáticos sucesos del año pasado. En el informe, titulado Año de rebelión: El estado de los derechos humanos en Oriente Medio y el Norte de África, la organización describe la manera en que, en 2011, los gobiernos de la región se mostraron dispuestos a desplegar una violencia extrema en su intento de resistirse al clamor sin precedentes por una reforma fundamental.
Sin embargo, según manifiesta Amnistía Internacional, los movimientos de protesta apenas daban señal de tener intención de renunciar a sus ambiciosos objetivos o aceptar unas reformas esporádicas. Salvo escasas excepciones, los gobiernos se han negado a reconocer que todo ha cambiado. Los movimientos de protesta de toda la región, encabezados en muchos casos por jóvenes y en los que las mujeres ocuparon un lugar central, han demostrado una asombrosa resistencia ante una represión en ocasiones alarmante.
Han demostrado que no se dejarán engañar por reformas que apenas suponen diferencia respecto al trato que reciben de la policía y las fuerzas de seguridad. Quieren cambios concretos en la manera en que son gobernados, y quieren que los responsables de los delitos cometidos en el pasado rindan cuentas de sus actos. Sin embargo, los persistentes intentos de los Estados de ofrecer cambios superficiales, de dar marcha atrás a los logros alcanzados por los manifestantes o, simplemente, de someter a su población mediante la brutalidad revela que, para muchos gobiernos, el objetivo sigue siendo la supervivencia del régimen.
Pese al enorme optimismo que se vivió en el Norte de África con el derrocamiento de los gobernantes que, durante tanto tiempo, habían ocupado el poder en Túnez, Egipto y Libia, Amnistía Internacional afirma que estos avances aún no se han afianzado mediante reformas institucionales clave que garanticen que ese tipo de abusos no se repite.
Sin embargo, lo más sorprendente del pasado año ha sido que (salvo excepciones) el cambio se ha logrado en gran medida por los esfuerzos de la gente corriente que se ha echado a las calles, no por la influencia y la implicación de potencias extranjeras. La determinación de la gente corriente de toda la región de no dejarse disuadir en su lucha por la dignidad y la justicia es lo que nos da esperanzas para 2012.
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